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LO QUE MATA A LA MÚSICA
por Conrado Xalabarder

No. No es Hans Zimmer quien está matando a la música de cine. No es el uso de música industrial, sin alma, artificial, o incluso mala, si tiene una razón de ser que la justifique y la explique. Ninguna banda sonora que pueda responder a las tres preguntas fundamentales (el qué, el cómo y el por qué) mata la música de cine. Lo que la mata es que esté vacía de contenido, que solo pueda afrontar con solvencia el qué pero sonrojarse ante el cómo y generar vergüenza frente al por qué. Escribí sobre ello hace ya casi dos años, en uno de los primeros artículos publicados en el Ágora, La música, en el cine:

La música en el cine debe responder a tres preguntas: el qué, el cómo y el por qué. La primera (el qué) habla de la música en sí (¿qué música ponemos?) en tanto la segunda de estructura (¿cómo la organizamos?) y la tercera de razones (¿para qué la ponemos?). Cuando respondemos a la primera hablamos de música, pero en las dos siguientes de cine y de narrativa. Y es más importante entender el por qué y el cómo pues nos dan las claves de la aportación del compositor en la película, y de lo que la película gana con esa aportación.

Nada hay peor que todo lo que se pueda llegar a decir o escribir sobre una banda sonora es que es bonita o fea, y que por más que se rebusque y se exprima no se alcance a ir más allá de consideraciones sobre su calidad musical (algo casi siempre debatible) o sobre las emociones que genera, que por ser cosa íntima y personal no puede ser objeto de debate (¡las emociones no se discuten, se respetan!). Nada hay peor que eso, porque nada hay mejor que una banda sonora genere debate, reflexión, discusión, polémica o confrontación que supere lo meramente emocional y lo meramente formal.

He comenzado mentando a Zimmer por la encendida polémica -más en contra que a favor- sobre Blade Runner 2049 (discusión en la que, por cierto, el gran damnificado es Benjamin Wallfisch, pues raras veces el principal autor de una banda sonora ha sido tan ninguneado, de lo que yo también he sido partícipe). Pero Zimmer está en boca de todos por la reciente Dunkirk. Ambos trabajos rompen esquemas con la ortodoxia y los códigos usuales en los géneros de Ciencia-Ficción y Bélico, pero de momento no parece que tengan continuidad: habrá que ver si se presenta otro filme donde mantener una música inerte a la espera de la aparición de la música que evoca a Vangelis, o si en próximos filmes de guerra se va a mezclar música y amasijos de hierro y chatarra...

Mientras no suceda, son excepciones que ni condenan a muerte ni llevan a dique seco a la música de cine, en absoluto. Lo que sí la está condenando es la cada vez más frecuente tendencia a llenar las películas de músicas vacías, sin ADN alguno, reemplazables entre sí pues no establecen sinergia alguna con el filme que se supone deben construir. Son numerosas las creaciones -de cualquier género- anodinas, rutinarias, gondoleras, que no son el paso a un lado de las dos comentadas de Zimmer, sino todo un paso atrás en relación y comparación con aquellas firmadas por tantos compositores que sí explicaban las historias desde la música, que marcaban considerables diferencias entre lo expuesto al principio y lo concluído al final, aunque fuera con la misma música, porque entre ambas había narración, transformación, evolución. Un ejemplo notorio de estos nuevos tiempos de desinterés por el relato musical es la celebrada y laureada The Theory of Everything (a la que dediqué un capítulo de Lecciones de Música de Cine) y la pasada semana se estrenó The Mountain Between Us, otra gran oda al vacío sin estructura, sin narración ni desarrollo... pero que es bonita y que obtendrá probablemente más elogios por su belleza dérmica que los que puedan lograr las músicas destruidas que se han hecho, precisamente, para construir película, gusten o no, se acepten o no, pero que al menos dan lugar a debates que superan lo emocional. Algo que es infinitamente más enriquecedor y apasionante, y que forma parte de lo que garantiza la supervivencia como arte de la música en el cine.

EDITORIAL
PRÓXIMOS LANZAMIENTOS
Radio: especial Che
16.10.2017

Compartimos con vosotros el programa de radio que Leonardo Niño presenta en la emisora de Bogotá (Colombia) Javeriana Estéreo y que comparte con MundoBSO. Esta semana está dedicado a recordar la banda sonora de Che: Guerrilla (08), obra de Alberto Iglesias para la película de Steven Soderbergh,
un especial con motivo de los 50 años de la muerte del líder revolucionario latinoamericano del Siglo XX.

Puedes escucharlo aquí.

NOTICIAS
BSOS
UNCHARTED WATERS: NEW HORIZONS
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Kannofan / Antes de nada, una posible corrección y un apunte histórico:
Esta banda sonora fue grabada mayormente en 1992, con 5 temas perteneciendo al primer juego de la saga y que fueron grabados en 1990. El álbum en cuestión se lanzó originalmente en 1994 (no sé si esto es algún relanzamiento o la fecha está mal). Hay músicos reales tocando, pero en una época en que las bandas sonoras orquestales para videojuegos prácticamente no existían, la calidad de grabación no es muy precisamente óptima; de hecho sería también Yoko Kanno quien, trabajando para la misma empresa (KOEI) sería pionera de las bandas sonoras sinfónicas en videojuegos con su trabajo en la saga “Nobunaga’s Ambition”, contemporánea a esta (1989 la primera entrega), pero que iría subiendo exponencialmente el prestigio en este área por la que ahora es famosa (en 1994 ya estaban grabando con la Warsaw Philharmonic, precisamente para la última entrega que compuso Kanno).

Sobre el álbum en cuestión. Diría que la mayoría de temas derivan más bien de jazz con algunos ocasionales elementos sinfónicos o folklóricos (acid jazz dicen algunos), de escucha ligera, con piezas ágiles y razonablemente elaboradas y temas variados, puesto que se trata de un juego sobre exploración de diferentes culturas. Me gusta especialmente “Mast in the Mist”, como una melancólica pieza de piano que recuerda al impresionismo francés de principios del siglo XX.

Como nota al margen, probablemente la pieza más propiamente sinfónica de esta saga está en el primer juego: “Symphony of Pirates “ ( https://youtu.be/ruscjG3Oe1s ), donde también empieza aparecer alguna pieza coral u operística como “Princess Chris” ( https://youtu.be/0s109tcTZj8 ) dentro de lo que el presupuesto permite. En general estos dos álbumes quedan como una mera anécdota comparados la mencionada “Nobunaga’s Ambition”, pero son parte de la “historia de origen” de sin duda la compositora más ecléctica del panorama de bandas sonoras moderno.

Ya que me he puesto a enlazar cosas, acabo dejando un medley propiamente sinfónico de esta banda sonora tocado en el Orchestral Game Concert IV de 1994: https://youtu.be/nsreFA5KjYE .
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