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EL ESPECTÁCULO DE LA FSO
por Conrado Xalabarder

Este próximo mes de octubre arranca el periplo de 2016 de la Film Symphony Orchestra (FSO), orquesta devocionada a la música de cine que ofrece conciertos por toda España y que ha demostrado ser una iniciativa exitosa. Con su director, el también compositor Constantino Martínez Orts al frente, arrancó en 2012 con una gira dedicada a John Williams, que tuvo una óptima acogida aunque menor de la esperada, lo que lejos de desanimar al equipo organizativo le impulsó a apostar más fuerte por este proyecto empresarial que se ha extendido a otros ámbitos de riesgo -por ser iniciativa privada-, como el concierto + proyección de Back to the Future, que fue estrenado en Madrid.

A su favor y beneficio han tenido una muy bien cuidada y elaborada estrategia de promoción y márketing: sus apariciones en el programa de Antena 3 El hormiguero, por ejemplo, junto a estrellas del nivel de Harrison Ford o Hugh Grant ayudan y mucho a difundir la imagen buscada, que es la de una formación orquestal cercana, accesible, nada elitista y dispuesta a pasarlo bien y a hacerlo pasar bien. Además de eso, están en radios, prensa, publicidad, tienen una página web muy profesional, sacan buen partido de lo audiovisual (vídeos) y también de las redes sociales. Pero lo más importante: llenan los auditorios y dan al público lo que prometen, que es música de cine (la más accesible, eso sí) en la forma de un gran espectáculo. Y la gente repite, les sigue y año a año van a más y piden más. ¿Quién en su sano juicio podría criticar una iniciativa como esta?

Pues yo. ¡Pero voy a matizar!

Ya he escrito muchas veces -el seguidor de MundoBSO lo sabe- sobre lo que considero es la música de cine y sobre aquello que a ojos de muchos sigue siendo la música de cine. Sirvan de referencia los editoriales Prohibir la música I y II, que encarecidamente pido leer para reflexionar. Allí decía, entre otras cosas:

Los conciertos de bandas sonoras que tanto abundan en las programaciones de los auditorios de música no sirven mucho para difundir los valores de la música de cine sino que simplemente la popularizan, y hacerla más popular no implica por desgracia hacerla más reconocida, si ese reconocimiento solo se sustancia en una apreciación de lo musical. (...) Otro efecto pernicioso es, por el carácter selectivo de estos conciertos, hacer creer que a una sala de concierto se lleva lo mejor de lo mejor de una banda sonora, y por tanto lo que gusta es lo bueno. Y si no gusta, no es tan bueno. Como herramienta de difusión de la música de cine es dudosamente eficaz cuando la mayoría del público que paga una entrada para presenciar un concierto de música para cine sale del auditorio sin saber lo que es la música de cine.

Un ejemplo de este carácter pernicioso lo conversé precisamente con el mismo Constantino Martínez Orts -un apasionado de la música de cine- cuando coincidimos en un programa de radio, durante su anterior gira. En el repertorio incluía The Theory of Everything, que al público le gusta muchísimo (Martínez Orts dixit), y que a mi juicio es un desastre como música cinematográfica, como bien él sabe que pienso y tal y como argumenté en el Capítulo 11 de Lecciones de Música de Cine. Pero si se discrepa conmigo sobre este filme, espero que se entienda que debe hacerse rebatiendo mis argumentos con otros mejores, pero no con los argumentos de la belleza de la música, pues no está en cuestión la belleza de la música sino su valor cinematográfico. Pero esta batalla, aunque tenga la razón, la tengo perdida: para la abrumadora mayoría de la gente -y por culpa de estos eventos- una mala banda sonora es vista como una banda sonora extraordinaria.

En un concierto convencional de música de cine pueden ser incluidas piezas a priori menos comerciales, aunque generalmente si se programan es en un repertorio donde otras piezas cubren el reclamo y por tanto su presencia no suele asustar al público (a lo más, aburrirle). Quien quiere escuchar en concierto cualquiera de los temas de Star Wars no quiere, digámoslo claro, escuchar el tostón Freud de Jerry Goldsmith, aunque sea tan o más fascinante que la música galáctica. Pero se puede incluir, y la audiencia será tolerante porque habrá de llegar pronto el Raider's March y el evento por el que ha pagado será de verdad un concierto. No estoy generalizando ni mucho menos señalando a los aficionados, aunque entre ellos haya de todo. Pero a nadie se le escapa que un concierto dedicado a la atonalidad cinematográfica en Goldsmith, Morricone y North dejaría la sala casi vacía. ¿Son esas bandas sonoras atonales menores? ¡Quizás hasta sean mucho mejores!. Pero...

Cuando un concierto es presentado en su cartel con su director vestido de Matrix no puede esperarse que sea de repertorio sino de espectáculo. Y con esta premisa la tolerancia hacia el tostón Freud de Goldsmith se vuelve en abierta intolerancia: la gente no quiere escuchar eso, desde luego no aquí. Y, por tanto, lo que se ofrece es un entretenimiento muy saludable pero también distorsionado -como cualquier concierto-, que ni refleja ni explica siquiera cercanamente la realidad de la grandeza de la música de cine: para la gente seguirá siendo un acompañamiento de imágenes. No debe dudarse -doy fe de ello- del amor de Martínez Orts por la música de cine, que con seguridad no es menor al que pueda tener, por ejemplo, Arturo Díez Boscovich cuando se planta serio, formal y muy competente ante la orquesta para dar vida a la música de cine como música. Son cosas parecidas, pero con enfoques muy diferentes. Incluso aunque parte del público pueda ser el mismo.

Soy -lo quiero- radical y agradezco que siéndolo ayudéis a MundoBSO a llevarnos las mayorías escribiendo para minorías, por las estupendas audiencias que generosa y tolerantemente nos concedéis. Pero ser radical en la defensa de la música de cine como pieza clave en la construcción de la narración cinematográfica no me va a convertir en estúpido. En primer lugar, y básicamente, porque tengo todas las de perder: si en lugar de salir Martínez Orts al escenario salgo yo a dar una de mis charlas, se provoca una estampida hacia la salida: la gente no quiere escuchar eso, desde luego no aquí; si voy yo a El Hormiguero a explicar lo que es la música de cine, tal y como yo radicalmente la entiendo, las audiencias bajan en picado, porque la gente no quiere escuchar eso, desde luego no aquí.

Por tanto hay que saber ceder si se quiere ganar, al menos algo. El éxito de la gira es deseable ante todo para la empresa y sus trabajadores, también para expandir el amor a la música de cine (aunque a vista de este humilde inquisidor sea un amor herético) y ojalá de entre los muchísimos que acuden a estos conciertos de FSO haya quienes se les estimule el apetito por saber y quieran saber más para finalmente llegar a ver la música de cine más allá de lo musical. Por lo demás, ya lo dije en los editoriales citados y aquí lo reitero: La gente tiene derecho a ser feliz, y si los conciertos de música para cine dan felicidad, no seré yo quien los objete!. Sigo pensando lo mismo... ¡muy a mi pesar!

EDITORIAL
PRÓXIMOS LANZAMIENTOS
Radio: especial Malcolm Arno...
27.09.2016

Compartimos con vosotros el programa de radio que Leonardo Niño presenta en la emisora de Bogotá (Colombia) Javeriana Estéreo y que comparte con MundoBSO. Esta semana está dedicado a Malcolm Arnold, con motivo de los 10 años de su fallecimiento.

Puedes escucharlo aquí.

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WORLD OF WARCRAFT: LEGION
8
Jewen / Firmo las palabras de Ignacio, y recomiendo a todos la escucha de esta pequeña joya que pone de relieve una vez más el momento dulce por el que pasan las bso de videojuegos.
Gracias una vez más a esta saga y a sus compositores que están marcando época. Un ejemplo brillante de como abordar musicalmente una tan extensa serie capítulos que supera ya la década de vida.
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