PLANET OF THE APES (1968)
Título
en castellano: El Planeta de los Simios
Director: Franklin J. Schaffner
Música: Jerry Goldsmith
Devastador filme de ciencia-ficción en el que unos hombres creen haber llegado a un planeta dominado por simios y descubren, finalmente, que ese planeta se llama Tierra.
Por Imma Palomar
El
espacio. Una nave. Un hombre. Me siento solo, una voz en off que resuena
en el vacío de la soledad, en el silencio elegido por Jerry
Goldsmith para dar comienzo a la historia. El hombre se encuentra solo con
sus pensamientos, sus dudas, sus temores, en un espacio, una nave con una ruta
incierta, que se supone tierra de nadie y que parece ser el espacio donde las
almas esperan para ser encarnadas en un cuerpo y en una vida nueva. A partir
de aquí, de la nada, empieza todo y nace del silencio. Y es que la música creada
por Goldsmith parece querer explicar
la creación del universo y de la vida, en este caso, el albor de una nueva generación
y el ocaso de otra antigua y enferma. Así, cuando el protagonista se introduce
en su cápsula para iniciar el sueño anterior a un despertar en una nueva realidad
traumática, la imagen se funde para sugerir formas abstractas que se acaban
convirtiendo en otras luces, otros soles, otras galaxias... que son los títulos
de crédito de la película. Vienen a sugerir algo así como el Big Bang
del universo que se contrae y expansiona cíclicamente, para nacer y morir una
y otra vez. Y la música también sufre ese proceso de creación y nacimiento,
una música abstracta, sin referentes reconocibles, sin definición. Son sonidos
agrestes, arcaicos, ancestrales, que parece que se forman a la vez que se experimentan.
Ciertas percusiones transmiten esa idea de sonido atávico y primitivo que sugieren
el génesis del universo y de la vida. Por tanto, inicialmente, la película quiere
representar algo así como el segundo origen del universo para la raza humana.
Los diversos instrumentos sin afinar transmiten esa idea de caos que precede
al orden que supone la creación. Son sonidos que aparecen sin orden ni concierto,
cada uno busca su camino, siguen su propio ritmo. Son las percusiones y algunos
instrumentos de viento -básicamente, sin afinación determinada en los dos casos-
los que transmiten una sensación de espacio desconocido, a explorar y amenazador.
Cuando la nave en la que viaja el protagonista desciende en picado y se aboca
a lo que parece una destrucción segura, la música transmite una sensación de
vértigo, de caída inacabable. Como
la música no sigue ninguna melodía concreta, sino que es la unión de diversas
fuentes sonoras, independientes y con evolución propia, contribuye a angustiar
al espectador en ese descenso a los infiernos sin una trayectoria determinada.
El aterrizaje forzoso de la nave en el agua genera una serie de sonidos que
recuerdan a la campanillas de las cajas de música y que parecen querer despertar
a los protagonistas de ese extraño sueño que los ha conducido a una nueva realidad,
intrigante, desconocida y hostil.
El silencio juega un papel fundamental para marcar momentos clave. Uno de ellos es la salida de la nave y el primer vistazo a ese planeta desconocido. El paisaje se presenta como un espacio estéril y deshabitado. A partir de este momento, Goldsmith comienza a desarrollar esa idea de espacio desconocido e inhóspito a través de una música inhumana, extraterrestre, en el sentido que utiliza referentes no conocidos para crear una sensación de angustia ante lo nuevo y desconocido, ante un espacio amenazador. Por eso, para ambientar un planeta sin nombre, sin historia, necesita inventar un sonido, un referente que lo explique. Por este motivo, todos los planos descriptivos del nuevo planeta aparecen apoyados sobre una música sin referente, bruta, tosca, salvaje, y que transmiten una sensación de desasosiego y angustia ante lo extraño y lo inquietante de ese nuevo paisaje. Es música de otro mundo, del futuro, una música aplastante, opresiva, que miniaturiza a los personajes perdidos en un espacio abrupto y agresor. Sólo cuando aparece la expedición como sujeto del plano, se utilizan ligeras melodías que pasan bastante desapercibidas entre esa suma de elementos musicales remotos, prehistóricos, ancestrales. El eco juega un papel fundamental en la parte de la exploración del terreno, ya que esa música y los efectos sonoros se esparcen y se pierden a través de un espacio vacío y desconocido. Asimismo, se puede entrever algún inicio de melodía con pianos graves pero que parece lejana y extraña, como si toda manifestación humana quedara lejos en el espacio y en el tiempo. Estamos aquí y ahora. Tú mundo, a años /uz. Tus seres queridos, muertos y enterrados. Toda referencia al mundo del que provienen queda difuminado sonoramente.
Los
pasajes de silencio y de música se intercalan significándose los dos. El silencio
invade la mente del espectador provocando una sensación de extrañeza, de vacío,
parajes desiertos y deshabitados, donde los pasos, las respiraciones o las palabras
de los protagonistas resuenan fantasmagóricamente. En cuanto a la parte musical,
las texturas de los instrumentos de diversa procedencia -diversos e irreconocibles,
seguramente a través de la percusión de objetos no concebidos como instrumentos
musicales- configuran una melodía extraña, atávica, con cambios de ritmo, con
instrumentos que surgen y se pierden de manera inesperada, siguiendo por su
cuenta una evolución diferente. El conglomerado de esas apariciones, desapariciones
y ritmos variados configuran esa música tan intrigante.
Esta banda musical sufre diversas alteraciones a lo largo de la película. Una bastante perceptible es una cierta humanización, a nivel de referentes, cuando encuentran la primera señal de vida cercana a lo que ellos entienden como tal: un planta, unos espantapájaros, agua y, finalmente, algo así como seres humanos. A partir de ese momento, todo parece menos abstracto y, en la mente del espectador, la música sugiere elementos conocidos por éste. A partir de aquí, la música se balancea entre esa parte abstracta y arcaica y una cierta humanización, dependiendo de la situación explicada en cada secuencia, especialmente en la entrada en esa nueva sociedad. De esta manera, los instrumentos se hacen más reconocibles, siguiendo algo así como una melodía, a medida que el protagonista entra traumáticamente en esa sociedad. Sin embargo, este es un movimiento de vaivén que depende de la situación del protagonista, ya que, por ejemplo, cuando intenta escapar y llega al museo encontrando a hombres disecados ya su compañero, aquella música arcaica, brutal, reaparece con fuerza.
Una
de las escenas más interesantes es la caza de los hombres por los simios, donde
las referencias como los cuernos de caza hacen pensar en un entorno conocido.
Se trata de una escena angustiosa, llena de ritmo, que hace pensar en una especie
de danza macabra de la muerte. Es caótica en tanto que los diferentes elementos
siguen una evolución y ritmos independientes, creando un conjunto, un ballet
macabro, opresivo y angustioso. Los elementos musicales de percusión se mezclan
con los cuernos de caza y con sonidos guturales que provocan un gran desasosiego
en el espectador. La estrategia del compositor es la de tomar un elemento fisico
de la película, los cuernos de caza, aunque no aparezcan visualmente referenciados,
e introducirlos en la música como elementos musicales que simbolizan la persecución,
la caza y la muerte de seres vivos, en este caso, humanos. Se trata pues de
un ejemplo de música integrada que
consigue crear un sentimiento de angustia y, al mezclar los elementos de caza
con la idea de una danza mortal, se convierte en una situación grotesca que
contribuye a crear esa desazón. En la banda sonora, Goldsmith
utiliza música original e incidental
que conecta directamente con el espectador y transmite información dramática
fundamental para crear esas sensación de hostilidad y peligro aplastantes. Asimismo,
podemos decir que la música de Planet of
the Apes, aunque podríamos decir que tiene una apariencia tosca y desafinada,
se adapta perfectamente a los objetivos de la película.
Finalmente, la escena de la playa culmina la estrategia del compositor. En la primera parte de esta escena, cuando el protagonista huye con Nova, las percusiones -tambores, timbales, instrumentos tribales, otros indeterminados...- sumados a algunos vientos -tubas, oboes...- contribuyen a coronar la idea que vertebra toda la película sobre el espacio opresor, hostil, misterioso, fantasmagórico... idea de un espacio que está dando sus últimos coletazos. Lo que parecía, no es. Lo que no parecía, acabará siendo. Así, cuando el protagonista descubre que ese espacio desconocido, hostil y extraterrestre, era en realidad su casa, su tierra, la música debe desaparecer porque desaparece el misterio y la amenaza. El espacio se convierte en familiar y conocido, ya no puede ser agresor. La única amenaza es la propia existencia humana que acaba condenada a la soledad, a la desaparición, al silencio. Un silencio con el que se inicia la película y con el que el compositor también la cierra, porque explica como no podría hacerlo ninguna otra cosa, el abandono del protagonista y la esterilidad de su futuro. Se vuelve a la nada, porque a ella esta condenada la raza humana. Así, el ser humano queda abandonado a su suerte. Su destino: la extinción, el vacío, el silencio, que es la muerte.
© Imma Palomar, 2005
Temas del disco
1.
Twentieth Century Fox Fanfare (00:13) 2. Main Title (02:13) 3. Crash Landing
(06:40) 4. The Searchers (02:25) 5. The Search Continues (04:55) 6. The Clothes
Snatchers (03:09) 7. The Hunt (05:10) 8. A New Mate (01:04) 9. The Revelation
(03:20) 10. No Escape (05:39) 11. The Trial (01:45) 12. New Identity (02:24)
13. A Bid for Freedom (02:36) 14. The Forbidden Zone (03:23) 15. The Intruders
(01:09) 16. The Cave (01:20) 17. The Revelation, Part 2 (03:15) 18. Suite from
"Escape from the Planet of the Apes" (16:27)