LA MÚSICA DE CONAN
A
principios de la década de los ochenta, John Milius dio una de las primeras
grandes oportunidades al actor de origen austríaco Arnold Schwarzenegger, por
entonces un perfecto desconocido que aspiraba al estrellato. La película en
cuestión se tituló Conan the Barbarian
(1984) y, del mismo modo que la cuidada figura del musculoso protagonista adornaría
las paredes de las habitaciones de miles de jóvenes, la música que escribió
Basil Poledouris quedó en la memoria
de muchísimos aficionados a las bandas sonoras. El compositor también se lanzó
al estrellato.
Por Conrado Xalabarder
Como
Schwarzenegger, Basil Poledouris era
poco conocido, aunque había cosechado un buen éxito con su adorable música para
The Blue Lagoon (1980), su película
anterior. Había nacido en Kansas City y fue compañero de Universidad de John
Milius, que le ofreció su primer filme, The Reversal of Richard Sun (1968).
Destacado sinfonista, sobresaldría en lo sucesivo por singulares partituras
en las que combinó grandes conjuntos orquestales con masas corales. Esa fue
la clave principal de su trabajo para Conan
The Barbarian y de la confianza que el director depositó en él.
La película necesitaba un refuerzo melódico muy épico y apoteósico, que sirviera para paliar las enormes carencias presupuestarias de la película (insuficientes recursos, falta de extras, decorados no demasiado convincentes....). Una banda sonora esplendorosa ayudaría a hacer un filme también esplendoroso; una música legendaria serviría para dotar de sobrada áurea de leyenda una película austera; unas melodías majestuosas, en definitiva, contribuirían a hacerlo todo mucho más grande. Poledouris empleó todos sus recursos en la elaboración de una banda sonora que acabaría por ser apoteósica en todos sus sentidos. Escribió distintas melodías, todas ellas imponentes, todas ellas tan sofisticadas como elegantes. El compositor fue épico, grandilocuente, frenético y contó como principal baza con unos coros sublimes y unas percusiones contundentes. Dotó al conjunto de los temas de un carácter agreste, primario, que por momentos se tornaba muy violento, a modo de evocación del hostil período en el que se desarrolla la historia. En otros instantes, mostró una vena de exultante lirismo, poética belleza reflejada tanto en un impagable tema de amor como en melodías que se aplicaron con fines bucólicos. Y hubo espacio para lo festivo, para una desbordada alegría, con rítmicas melodías en las que los instrumentos ejecutaban unos ritmos de precisa cadencia. ¡Nunca una orgía fue tan salvaje, tan sensual y tan apetecible como la que Poledouris sirvió con su música!. Alto y fuerte. Así sonó su música a lo largo de todo el metraje. De la mano de Poledouris, Schwarzenegger se convirtió en un héroe de leyenda.
A
la fiesta siguió otra fiesta, y Conan the
Destroyer (1984) fue la lógica secuela en la que el compositor volvió a
lucir todo su esplendor. Las constantes melódicas eran las mismas y la música
volvió a ser grandiosa en todos sus sentidos. Poledouris
no cayó, sin embargo, en la tentación de repetirse, más allá de la coherente
revisión de algunos de los temas identificativos. Por el contrario, si bien
mantuvo una estructura musical consecuente con lo escrito para el primer título,
primó aún más (sí, aún más) lo lírico, con la pretensión de contrastarlo con
los temas escritos para las secuencias de acción, también más violentos y agresivos.
En cierto modo, conseguía que el duelo del bien contra el mal se plasmase nítidamente
en la música.
Fue la suya una partitura más compleja y sofisticada que la anterior, igualmente fascinante pero no tan asequible en su escucha fuera del filme, comparación esta con la que no estoy significando que no sea un placer oír la grabación (bien al contrario), sino que Poledouris hizo algo distinto para no reiterarse. Todo un acierto. No hubo más películas de Conan con el trío Milius/Poledouris/Schwarzenegger, pero el compositor tendría una nueva oportunidad de recrearse con la música que le alzaría a la primera línea de entre los de su profesión: fue hace pocos años, con un megaespectáculo titulado The Adventures of Conan, que se presentó en el parque temático de los estudios Universal, y para el que Poledouris escribió dos extensas suites. La primera, acompañando una narración sobre el héroe; la segunda, con la intensidad de las películas y similar toque salvaje y primario.
Scharzenegger puso los músulos; Poledouris, toda la adrenalina.
© Conrado Xalabarder, 2004
Temas de los discos
1.
Prologue / Anvil Of Crom (03:39) 2. Riddle Of Steel / Riders Of Doom (05:38)
3. The Gift Of Fury (03:50) 4. Column Of Sadness / Wheel Of Pain (04:09) 5.
Atlantean Sword (03:51) 6. Theology / Civilization (03:14) 7. Love Theme (02:10)
8. The Search (03:09) 9. The Orgy (04:14) 10. The Funeral Pyre (04:39) 11. Battle
Of The Mounds Pt. 1 (04:53) 12. Orphans Of Doom / The Awakening (05:32)
1.
Main Title / Riders Of Taramis (03:31) 2. Valeria Remembered (03:02) 3. The
Horn Of Dagoth (02:17) 4. Elite Guard Attacks (02:23) 5. Crystal Palace (06:00)
6. The Katta (01:05) 7. Dream Quest (01:30) 8. Night Bird (02:21) 9. Approach
To Shadizaar (01:40) 10. The Scrolls Of Skelos (02:26) 11. Duelling Wizards
(01:25) 12. Illusion's Lake (01:27) 13. Conan & Bombaata Battle (01:16)