FAR FROM HEAVEN (2002)
Título
en castellano: Lejos del cielo
Director: Todd Haynes
Música: Elmer Bernstein
En los años cincuenta, una mujer cree tener una vida perfecta, en su matrimonio y con sus hijos. Pero un día descubre a su marido manteniendo relaciones sexuales con otro hombre y su mundo se derrumba. Conoce a un hombre de raza negra y los problemas crecen.
Por Natalia Regás (*)
1.- Cuestiones generales
Far
from Heaven retrata el desmoronamiento de una feliz y orgullosa esposa
de un ejecutivo de éxito a finales de los 50. El descubrimiento de la homosexualidad
de su adorable marido y los rumores que despiertan su amistad con su
jardinero negro son los detonantes que resquebrajan su frágil mundo, forjado
en una sociedad regida por las apariencias y el prejuicio racial y sexual. Como
dice el director, there is a trouble in paradisel. La película se sumerge
abiertamente en el mundo de Douglas Sirk, homenajeando así sus melodramas de
los 50 protagonizados por mujeres, como All That Heaven Allows o Imitation
of Life. Todd Haynes confió la banda sonora a uno de los grandes nombres
de la música cinematográfica, Elmer Bernstein.
El veterano compositor no escribió la música hasta que la película estuvo montada,
pero en todo momento mantuvo con el realizador el diálogo necesario para que
de ahí naciera un trabajo que armonizara con el largometraje. El mismo Elmer
afirma: a Todd realmente le gusta la música, y cuando digo música, no digo
esa de sintetizadores, sino música de verdad. Tiene sensibilidad y eso es raro
en este negocio. Bernstein
había sido muy prolífico durante las dos últimas décadas del periodo clásico
de Hollywood y es precisamente la naturaleza del filme la que le permite escribir
una banda sonora enraizada en los 50, lo que sienta muy bien a la película.
El resultado es una bella y extensa partitura básicamente jerarquizada en un
tema principal que se repite,
varía, repercute
o se fragmenta, uno central
y muchos secundarios que resuelven
escenas concretas. Tal
cantidad de música es a veces redundante, pero no por ser repetitiva o monótona
-el tema principal reaparece constantemente pero su melodía es elaborada- sino
que a menudo expresa lo mismo que lo que vemos. De esta forma se consigue una
intensificación de los hechos pero a veces resulta demasiado obvia, sobre todo
en lo que se refiere a los temas secundarios. No obstante podría justificarse
por el hecho de que lo mismo sucedía en los melodramas de los 50 y Haynes ha
querido llevar su homenaje hasta el último detalle.
2.- Cathy, Frank... y Raymond
Una delicada y bucólica melodía abre el tema inicial. Más adelante, comprobamos que se trata del tema principal y se focaliza en el personaje de Cathy, la protagonista. Los créditos se imprimen sobre un plano elevado bajo el cual vemos un lugar otoñal en donde las hojas rojas colorean el paisaje. La cámara desciende remarcando que la historia que sucederá no es tan idílica como el primer encuadre (de ahí el título). Este hermoso temal, de cuidado cariz nostálgico, nos sirve para obtener las primeras pautas de interpretación de la película -su tonalidad melancólica impregnará el resto del melodrama- y permite que al repetirse con posterioridad tenga mucha más magnitud. Enseguida se presenta el entorno de la protagonista: los Whitaker responden al típico modelo de familia ideal que refleja la american way of life. Cathy es una orgullosa madre de familia con gran devoción por su marido y que intenta mantener la aparente normalidad y estabilidad de una familia unida. Una vez identificado el tema inicial como el tema de Cathy, podemos entender más fácilmente su evolución porque los cambios internos del personaje tienen su traducción en la banda sonora.
Pocas
veces la música se antepone a los acontecimientos pero cabe destacar el momento
en que se presenta a Frank en su oficina. Mientras recorre los pasillos del
edificio saludando a los compañeros le acompaña una música incidental
más bien alegre y dinámica, pero cuando se encierra en su despacho se convierte
en una melodía mucho más tenebrosa (la música en este pasaje es un reflejo de
la temática sugerida en el filme, que evidencia la diferencia entre el mudo
de las apariencias y el real). En ese momento, gracias a la banda sonora, sabemos
que ese personaje esconde algo, aunque todavía no sabemos qué. Lo descubrimos
poco después, cuando en un plano inclinado se adentra en un bar donde sólo hay
hombres, una vez descartada la opción de The Three Faces of Eve... y
luego lo descubre Cathy. Podemos reconocer otras situaciones de tensión en que
también se utiliza el recurso del plano inclinado: cuando Cathy huye de la oficina
de su marido al descubrir su infidelidad con otro hombre, cuando Raymond ha
posado la mano en el hombro de Cathy en señal de consuelo y un hombre le grita
Eh negro, no la toques! y cuando Sara, la hija de Raymond, escapa de
las piedras que le tiran los niños. Por otra parte, no es casual que Todd Haynes
haya seleccionado la película The Three Faces of Eve (1957), pues se
relaciona estrechamente con el filme, sólo que con los papeles invertidos: la
personalidad múltiple de Eva es paralela a las distintas caras de Frank -normal
en sociedad, gay en la intimidad-, y su cónyuge decide pedir ayuda a
un psiquiatra. Finalmente ella sana, a diferencia de Frank que no cura
su homosexualidad.
Respaldada por su tema se dirige a la oficina de Frank para llevarle la cena. Antes de abrir la puerta del despacho -que esconde a dos amantes-, la melodía se hace más grave y a su vez toma un nivel sonoro más elevado. Todo responde a un reflejo de lo que siente la protagonista en esos momentos. La música se adapta a ella y a su situación, porque se ha construido en función del personaje. Hay otros momentos en que el tema principal varía y se repercute a la vez: cuando Frank grita a su esposa a la vuelta del psicólogo. El dramatismo in crescendo de la acción se impregna en la partitura, se traduce en la música y nos hace percibir a una Cathy más dolida.
El
personaje de Raymond, tanto a nivel musical como dramático, tiene un papel muy
importante (Cathy compartirá una sincera amistad con él por encima de prejuicios,
hasta enamorarse). En la escena en que una periodista de la Hart Ford Weekly
la entrevista justo cuando Cathy dice la verdad es que no creo que haya deseado
nada... vislumbra a un extraño negro en el jardín. Toda esta escena
se acompaña por música incidental
de toques misteriosos que cesa cuando protagonista y espectador descubren quién
es el hombre: Raymond, el hijo del jardinero de la familia. De forma un tanto
naif entabla una buena relación de amistad con él y deviene la víctima de los
rumores y prejuicios de los vecinos. Por otra parte, a medida que Raymond va
tomando importancia en la vida de Cathy, es lógico
que Bernstein responda
musicalmente a este hecho y componga a su vez un tema para él. La
tercera vez que se encuentran es en la exposición de arte. La segunda había
sido en el jardín trasero de la casa, mientras Cathy buscaba su pañuelo que
el viento había arrebatado de sus manos. Curiosamente, el viaje de ese pañuelo
también lo rueda la cámara en travelling ascendente hacia el cielo pero que
de nuevo desciende. Esa trayectoria representa metafóricamente la relación entre
estos personajes: algo que resulta maravilloso al principio pero luego se ve
truncado por la cruda realidad, alejándose así de los placeres divinos del cielo.
Bien, en esa tercera
vez podemos pensar que es un personaje de menor importancia ya que no viene
respaldado por música alguna. A nivel musical, se sitúa en un rango inferior,
de menor poder jerárquico. Luego descubrimos que el verdadero discriminado en
el filme -musicalmente hablando- es Frank. No es que no se le arrope con la
banda sonora, es que tan sólo le acompaña la música incidental que mejor se
adapte a la situación, es decir, no tiene el privilegio de un tema propio. Deduzco
que la razón de esta decisión se debe al hecho de que Frank basa su vida
en la construcción de una buena reputación al precio que sea (incluso llega
a pegar a su mujer por los rumores que corren acerca de su relación con Raymond),
es uno más de la típica sociedad de finales de los 50, enclaustrado en el valor
de las apariencias. Cathy y Raymond, por otro lado, son personajes atípicos
que se destacan de esa homogeneidad y por eso merecen un tema propio: ella es
de las pocas que no tienen prejuicios raciales y él es singular por tratarse
de un negro experto en arte moderno, que ha cursado la carrera de empresariales
en una sociedad racista y que posee un negocio propio.
El tema de Raymond nace en la primera cita con Cathy, cuando pasean por el bosque. Su música es alegre y fresca, definiendo al personaje y la felicidad que proporciona a Cathy. Después del paseo, Raymond le propone tomar una copa en un bar, donde se produce una peripecia musical: ambos entran bajo una lluvia de miradas recriminatorias y de fondo suena una ambientación musical jazzística en falsa diégesis. Salen a bailar y, sutil y milagrosamente, los músicos pasan a tocar de forma variada el tema de Raymond mientras Cathy le mira encandilada. Para Cathy, él se ha convertido en el refugio a sus problemas actuales y esa música contribuye a hacerla olvidar lo mal que lo está pasando.
3.- Colores pálidos y despedida
Si
bien se ha presentado un paisaje otoñal de colores vivos y chillones -que llega
a su punto máximo en el paseo de Cathy y Raymond por el bosque-, ahora el frío
del invierno se hace notar. Esto tiene su traducción en la gama cromática del
filme, más pálida que antes, pero también es reflejo de la propia historia
de la protagonista, que deja de ser la chica radiante y debe afrontar problemas
matrimoniales, rumores y el rechazo de la gente por su amistad con Raymond.
Decide poner punto y final a esa relación. Arropada por su tema, variado
y repercutido en una Cathy más triste
y llena de melancolía, habla con Raymond y se despide con lágrimas musicales.
Raymond se queda solo, en plena calle, mientras se escucha un breve motivo
de su tema...
Cathy pretende rehacer su vida y volver a tener cierta estabilidad, así que como regalo de Navidad obsequia a su marido un viaje a Miami para celebrar allí Nochevieja. Tal y como había sucedido en el bar de negros al que Raymond había llevado a Cathy, una música incidental se convierte inteligentemente en diegética. Sucede que lo que toca la orquesta de fin de año pasa a convertirse en una variación con aires de bolero del tema principal. Es como si la banda se apropiara de la música de la mujer y se justifica por el hecho de que para Cathy es como la celebración de la reconquista de su marido, auque todavía no sabe que el idilio va a durar poco. A la vuelta, Frank empieza a llorar y le confiesa que se ha enamorado de otro hombre. Lógicamente, lo que suena de fondo es el tema principal realmente variado, trastocado, como la mujer.
Como
vemos, la mayoría de veces que suena el tema
principal Cathy está presente en pantalla, aunque también hay ocasiones
puntuales en que un motivo de ese
tema nos indica su presenc!a antes de visualizarla. Algo parecido ocurre con
el motivo del otro tema importante, cuando Cathy acude a casa de su amiga a
explicarle que se va a divorciar de Frank. Hay un momento en que se levanta
y se pone a mirar por la ventana, pensativa. ¿Quién ronda por
su cabeza?: el motivo del tema de Raymond lo deja bien claro.
Cathy visita a Raymond cuando se entera que a su hija la han apedreado. Cabe apuntar un efecto sonoro durante su conversación: el silbido de un tren. En cierto modo actúa de elemento premonitorio pues padre e hija se marcharan en tren a rehacer su vida en Baltimore. Empieza a sonar el tema de Cathy, esta vez con intenso sabor lírico, y ella le insinúa la posibilidad de marcharse con él. Pero Raymond ha aprendido a no salir de su mundo así que le desea la mejor suerte del mundo y una vida espléndida. ¡En ese momento el tema de ella se transforma y se convierte en el de él!. Es como si Raymond fuera el único personaje con la misma fuerza que Cathy, capaz de imponer su tema en algunos momentos por encima del principal. Con eso se demuestra que el verdadero amor de Cathy es Raymond, ya que a pesar de que el suyo sea el tema principal, el de Raymond llega a tener gran poder.
Cathy
va a llevar a los niños a la piscina, pero antes se para en la estación para
despedirse de Raymond. Enlazando con el silbido de tren la locomotora arranca,
mientras ambos aguantan la mirada hasta perderse. El tema
principal desarrollado exactamente igual que en el tema
inicial se desata en todo su esplendor y pomposidad (platillos...). El tema
es el mismo, la sociedad no ha cambiado, pero Cathy sí y el tema está repercutido
en ese sentido. Ha asumido su nueva situación y esta dispuesta a afrontarla.
La cámara asciende conformándose así una estructura circular simétrica con el
principio. Pero ahora es primavera, la estación del renacimiento. Las flores
son blancas e indirectamente brindan una brisa de esperanza a la dura realidad
que ha de afrontar la protagonista. Raymond se ha ido, pero su tema no ha muerto:
lo que escuchamos con los créditos finales es el tema de este personaje. De
alguna manera sirve para contrastar el final agridulce de la despedida a la
vez que deja la puerta abierta a la esperanza (quien sabe si algún día volverán
a verse...).
4.- Consideraciones finales
La banda sonora de Far from Heaven está conformada por música creativa ya que establece una conexión emocional con el espectador y ayuda a generar una serie de sentimientos. Pero también incluye pasajes en que se establecen conexiones intelectuales, como el caso citado en que Cathy piensa en Raymond mientras está en casa de su amiga. A lo largo de la obra, la música se concibe en general empáticamente, porque va en la misma dirección que lo que acontece visualmente, solo que en un nivel más exagerado y un tanto barroco. Los temas incidentales secundarios a veces rozan la redundancia, son demasiado obvios y a menudo solo acompañan y refuerzan la acción, no le dan un significado añadido.
En
relación a los niveles de la música, a nivel
argumental se establece una relación entre la época y el genero que se emula.
El nivel dramático es el más importante
e indirectamente ya lo he desarrollado a lo largo del estudio: la música se
adapta a los personajes aunque es importante percatarse de que ésta jerarquiza
a los más importantes (Cathy y Raymond) y sólo a ellos les construye un tema
propio, a diferencia del marido. Además cabe destacar que toda la música está
bastante elaborada. Si tuviera una construcción muy simple no seria coherente
con el tipo de personajes que representa. El de Cathy es el principal
porque es el más poderoso y dramáticamente resalta el hecho que ella es la verdadera
protagonista. Consecuentemente, dicho tema se apodera del filme casi en su totalidad
y suena constantemente. El gran volumen de música y la constante repetición
del tema principal son elementos intencionadamente buscados que pretenden darle
al conjunto un tono todavía más melodramático y se justifican por la propia
esencia del filme. Toda esa redundancia responde también a la influencia de
la sociedad en la que vive Cathy, una sociedad muy pomposa basada en las apariencias.
El compositor ha entendido el concepto de la película y ha puesto la banda sonora
a su servicio. Así pues, Elmer Bernstein
ha creado una partitura que no solo capta la sonoridad de finales de los 50
sino que progresa en sincronía con los personajes del filme.
Temas del disco
1.
Autumn in Connecticut (03:08) 2. Mother Love (00:42) 3. Evening Rest (01:52)
4. Walking Through Town (01:49) 5. Prowl (01:01) 6. The F Word (01:11) 7. No
Description listed on CD (01:14) 8. Party (00:55) 9. Hit (02:42) 10. Crying
(01:11) 11. Turning Point (04:46) 12. Cathy and Raymond Dance (02:02) 13. Disapproval
(01:00) 14. Walk Away (02:34) 15. Miami (00:56) 16. Back to Basics (01:47) 17.
Stones (01:44) 18. Revelation and Decision (04:21) 19. Remembrance (01:56) 20.
More Pain (04:04) 21. Transition (00:55) 22. Beginnings (02:17)
© Natalia Regás, 2005
(*) Natalia Regás fue alumna de Conrado Xalabarder en la Universidad Pompeu Fabra y por el presente trabajo obtuvo Matrícula de Honor.