PAUL WILLIAMS

POP EN EL PARAÍSO

En la década de los setenta, un hombre de peculiar físico y tamaño menudo logró hacerse con un espacio importante en el pop norteamericano. Pero también dedicó su voz, su presencia y su talento como letrista en el celuloide, cantando para entrañables prostitutas, magnates megalómanos o muñecos muy famosos. Es el pequeño pero gran Paul Williams.

Por Conrado Xalabarder


Paul Williams Este cantante, actor, músico y letrista, nació en Omaha (EEUU), el 19 de septiembre de 1940. Durante años sufrió problemas con el alcohol y las drogas, que le sumieron en un proceso de autodestrucción del que pudo salir gracias a volcarse de lleno en su carrera musical, plagada de éxitos y reconocimientos: un Oscar, dos Globos de Oro, dos Grammy, y especialmente el que sus creaciones hayan sido interpretadas por voces tan importantes como las de Frank Sinatra, Barbra Streisand, Kris Kristofferson o Luther Vandros, entre muchos otros.

Grabó algunos discos que tuvieron buena aceptación, con canciones que le dieron a conocer (especialmente la hermosa We've Only Just Begun, de 1970), pero su reputación se disparó gracias a la película Cinderella Liberty (1973), para la que escribió la letra y cantó la canción Nice to Be Around (la música, curiosamente, fue de otro Williams con el que no guarda ningún vínculo familiar, John). Era una balada que se dedicaba al personaje de una prostituta que vivía un cuento de la Cenicienta moderno. Fue un tema que se hizo enormemente popular y por el que a punto estuvo de ganar el Oscar. Paul Williams soñaba con poder protagonizar también un filme y lo consiguió gracias a Brian De Palma, quien le confió la interpretación de Phantom of Paradise (1974), película de éxito arrollador que rápidamente se convirtió enEl fantasma del Paraíso un clásico de culto: era la adaptación del mito de Fausto aplicado al entorno de una compañía discográfica, en la que Williams encarnó a Swan, un lascivo, megalómano, cínico y hedonista magnate dispuesto a todo con tal de vender discos. Pero no se limitó a recrear con absoluta convicción ese personaje, sino que además escribió todas las canciones y cantó tres de ellas (Beauty and the Beast, Faust y The Hell of It), en una gran ópera-rock de ventas millonarias por la que de nuevo estuvo a punto de conseguir el Oscar (así como un Globo de Oro). Paul Williams recogiendo el Oscar junto con Barbra StreisandA Star is Born (1976) fue su siguiente proyecto en el cine y un éxito aún mayor, aunque sólo como supervisor musical y autor de canciones. Era la tercera versión de la película de 1937 del mismo título sobre la historia de amor entre una estrella en ascenso y otra en decadencia, pero centrada en el mundo del rock, con Barbra Streisand y Kris Kristofferson de protagonistas. El tema de amor, Evergreen, fue número uno y por él ganó por fin el Oscar, el Globo de Oro y el Emmy. Ese mismo año, además, escribía las canciones de la banda sonora de otro musical, Bugsy Malone (1976), de Alan Parker, recreación de las películas de gángsters con protagonistas infantiles. Fue un título que también se convirtió en un pequeño clásico. La dulzura y la simpatía de las canciones fueron factores decisivos para que se contase con él para llevar a la gran pantalla a unos personajes mundialmente conocidos a través de la televisión: los Teleñecos. The Muppet Movie (1979) fue la primera de las hasta La película de los Teleñecosahora seis incursiones en el cine de estos singulares seres creados por Brian Henson. Williams escribió una partitura con canciones de estilo muy variado, pero entre ellas destacó The Rainbow Connection, que abría el filme y que cantaba la rana Gustavo. Naturalmente, le llovieron más nominaciones a todos los premios. En esta misma serie también colaboró en The Muppet Christmas Carol (1992), en la que el mismísimo Michael Caine cantó un par de sus canciones.

En su carrera cinematográfica se suman canciones para otras películas, pero ya en la década de los noventa dejó de lado el cine para centrarse en la televisión y en proseguir su carrera como cantante. El del cine fue un camino corto, pero desde luego dejó una huella imborrable.

© Conrado Xalabarder, 2003