RATATOUILLE (2007)
Título
en castellano: Ratatouille
Director: Brad Bird
Música: Michael Giacchino
Filme de animación sobre un ratón de campo que viaja a París para triunfar como chef.
Por Marta Armengol (*)
En
Carnet de Voyage, el cuaderno de apuntes que el dibujante de cómic norteamericano
Craig Thompson tomó durante un viaje por Europa y el Norte de África, el autor
vive una anécdota reveladora comiendo con unos amigos franceses. Uno de estos
amigos dice lo siguiente: Comer es la única experiencia, aparte de hacer
el amor, que ejercita los cinco sentidos. Los americanos tienen problemas con
la obesidad porque asocian la comida con la culpa.
Afirmamos en clase que el cine es, al contrario que la cocina, un arte incompleto,
porque no logra implicar a todos los sentidos. Ratatouille
es una película consciente de ello, pero eso no le impide hablar de la explosión
sensorial de la cocina y la buena mesa desde unos recursos, eso sí, absolutamente
audiovisuales. Esencialmente, es la historia de un personaje aparentemente insignificante
que persigue sus sueños gastronómicos hasta hacerse con ellos. En París, nada
menos. Ratatouille es una carta de
amor algo traviesa a la ciudad de las luces y al arte de los fogones, con una
hermosa moraleja leída por el amargo crítico culinario redimido que nos remite
a la cita de George Bernard Shaw: El que puede, hace; el que no puede, enseña.
Retomamos la cita con la que hemos empezado, porque la película es tan consciente de su necesidad de enraizamiento en los mitos franceses que no duda en valerse de sus estereotipos con fines de comedia de humor blanco y resultados excelentes (No queremos ser maleducados, pero somos franceses, dice Colette en un momento dado), y puede decirse que estos americanos en concreto, los que hay detrás de Ratatouille, no tienen ningún complejo respecto a su comida ni respecto a su trabajo. Es evidente que el director, Brad Bird, a quienes sus compañeros de trabajo definen como un monstruo (en el buen sentido de la palabra), no permitió que el hecho de no saber de música le impidiera hacer de esta película algo tan suyo como lo hizo con su obra anterior con Pixar, The Incredibles (04). No me lo pensé dos veces al elegir esta película porque tengo debilidad por aquellas obras en las hay un empeño por guiñarle el ojo al espectador en cada pequeño detalle. Y una película ambientada en el mundo de la alta cocina francesa en la que uno de los personajes principales lleva en su nombre la salsa Alfredo y la pasta Linguini, y el protagonista es alguien pequeño en busca de su destino y se llama Rémi, como el pequeño héroe trágico de Héctor Malot, desde luego tiene toda mi atención. Pero es que además de eso, Ratatouille es una gozada en todos los sentidos. El cine es un arte limitado, sí, pero en películas como ésta no sólo casi consigue superarse esa limitación, sino que a uno se le hace la boca agua con el panorama de delicatessen que ofrece, en todos los aspectos. Me parece especialmente conmovedor el cariño que se ha puesto en cada píxel de esa película, el mimo al más mínimo detalle. En los planos cerrados sobre Rémi, vemos cómo tiembla su pecho por el rápido latido del corazón de los roedores. Y eso no tiene precio.
La
banda sonora de Ratatouille,
compuesta por Michael Giacchino, hace
juego a la perfección con la premisa de la película. Llena de guiños a Francia
y a su música típica, la que siempre aparece en las películas, y con
el acordeón cono seña de identidad. Pero no se queda ahí, por supuesto. No hace
falta ser un gran experto (es decir, un estudiante de Comunicación Audiovisual
es capaz de ello) para detectar las marcadas influencias jazzísticas en la música
de toda la película, ni el aire latino de algunos de los temas, ni la incoporación
de instrumentos no siempre tomados en serio como el ukelele. Hay una mezcla
sutil de muchos elementos musicales que se corresponde con la mezcla de estilos
visual, y el resultado es sorprendentemente homogéneo a ése respecto. La música
en esta película nos ayuda a entender mejor lo que les ocurre a los personajes,
es decir, sus transformaciones internas. En cierto modo, resulta un apoyo al
guión a la hora de justificar ciertas evoluciones en el arco dramático de algunos
de los personajes. Por otro lado, la música permite que los espectadores puedan,
en determinados momentos, anticiparse al resultado de determinados momentos
de tensión, como veremos seguidamente. Cabe destacar que la empatía entre música
e imágenes es casi absoluta, porque ésta es una película sin motivos ocultos:
los buenos son muy buenos, y los malos, si no son redimibles, se dejan por imposibles,
pero la historia es completamente sincera en su desarrollo.
En esta banda sonora no podemos hablar de un sistema jerárquico, porque en su música no hay un tema principal que jerarquice a todos los demás. Los temas se organizan de forma más o menos democrática alrededor de unas ideas o objetivos musicales marcados por el guión que, a grandes rasgos, son: el mensaje de la película, la música (o no música) de los personajes, los lugares, las emociones, el peligro o las persecuciones y la actividad culinaria, además de una categoría menor a la que puede titularse inclasificables, golpes de música y otras fruslerías. Dentro de cada categoría hay temas de más o menos importancia e incluso hay categorías ocupadas por un solo tema. Hay un hilo conductor que las atraviesa todas, sea por filiación o por oposición, y ése es la alegría, probablemente, el adjetivo que mejor describe a la música de esta película. De ser un tema musical, la alegría sería, sin duda alguna, el principal.
Sin
ser el tema principal, la canción
Le Festin es el más importante, y el que el espectador recuerda e identifica
por encima de los demás (aunque eso también se debe, en parte, a que es el único
tema que tiene una versión cantada con letra, lo cual le da relevancia respecto
a los otros). El significado de Le Festin es discutible, ya que puede
identificarse con muchos elementos distintos, pero, básicamente, el mensaje
al que podemos asociarlo es el lema de Gusteau, Todo el mundo puede cocinar,
así como el acercamiento francés a la cocina y al acto de comer que hemos
discutido antes, por lo tanto, la moraleja de la película, encarnada por Rémi,
que se convierte en el receptor del testigo de Gusteau, y le supera al conseguir,
al final, su propio restaurante. Este tema musical se estructura a partir de
un motivo que va repitiéndose hasta derivar en el tema cantado, que aparece
por primera vez en esta forma cuando Linguini toma posesión del Gusteau's gracias
a Rémi, y se repite al final de la película, cuando Linguini, Colette y Rémi
han abierto su propio restaurante, para reiterar el mensaje. La primera vez
que oímos este tema en forma de motivo dentro de la película (aunque antes de
que empiece, al correr los logos de Disney y Pixar hemos oído los coros con
que da comienzo esa canción) es también la primera vez que vemos a Rémi entrar
subrepticiamente en casa de la anciana a experimentar con la comida, y también
la primera vez que ve a Gusteau y escucha su lema. El tema reaparece cuando
Rémi se separa de su familia, y sube de las alcantarillas (sin saber aún que
se encuentra en París), y está apunto de robar un mendrugo de pan, cuando se
le aparece el fantasma imaginario de Gusteau y le riñe con las palabras: El
cocinero, hace; el ladrón, roba, separando aún más a Rémi de su esencia
de rata y, por lo tanto, de carroñero doméstico. Pero la prueba definitiva es
cuando Rémi, habiendo trepado hasta el tejado de un edificio, ve la Torre Eiffel
y se da cuenta de que se encuentra en París. La música juguetona que le ha estado
acompañando en su recorrido por los rincones del edificio va creciendo y se
le van añadiendo instrumentos hasta estallar en los acordes conocidos de Le
Festin, y empieza entonces una panorámica que culmina en el restaurante
de Gusteau, el destino de Rémi. Así, cada paso que lleva a Rémi a acercarse
al cumplimiento de su sueño y, por lo tanto, al cumplimiento de la moraleja
de la historia, va puntuado con este motivo: cuando, en lugar de huir, decide
asociarse con Linguini, cuando el plato que Rémi obliga a Linguini ha cambiar
en el último momento resulta ser un éxito, cuando Rémi disfruta de su éxito…
Éste sería el significado plano de este tema, pero es evidente que hay
cambios y excepciones. Un momento muy significativo es cuando el chef Skinner
casi descubre a Rémi cuando pasa en su coche por delante del restaurante y en
la radio de su coche (música, pues, diegética),
suena nada menos que la versión cantada de Le Festin. Si entendemos a
Skinner como la perversión del lema de Gusteau (ha llevado tan lejos el todo
el mundo puede cocinar, que ha convertido la alta cocina en comida rápida),
esta canción en la radio puede entenderse, o bien como un recordatorio de cuál
fue el punto de partida de Skinner (él fue, después de todo, la mano derecha
de Gusteau, tal vez fue bueno en algun momento), o bien un aviso de que Skinner
acabará siendo atropellado por este tema cuando sus maquinaciones se
vuelvan en su contra. Y lo mismo cuando el tema aparece al tomar Linguini posesión
del restaurante. En un montaje de escenas a través de las cuales la canción
hace de hilo conductor, vemos a Skinner repetidas veces espiando a Linguini,
tratando de descubrir su secreto, pero su acción potencialmente destructiva
queda enmascarada por el positivismo del tema, incorporándole dentro de la candidez
de la secuencia al hacerle hacer el ridículo repetidas veces.
Hay también un ejemplo de música repercutida en este tema, cuando Linguini descubre que Rémi ha metido a toda su familia en la despensa y le expulsa de la cocina, suena una versión cuyo significado es distinto a lo que hemos visto hasta ahora: significa el fin del sueño de Rémi en Gusteau's, ilustrado con la elocuente mirada que Rémi lanza al restaurante mientras se aleja. El sueño truncado, afortunadamente, será sólo pasajero, porque después de que Rémi sea rescatado de la trampa tendida por Skinner, regresará al restaurante. Skinner, el malvado chef de la cocina del Gusteau's, es el único villano de la historia y, como tal, no tiene música, pues su naturaleza maligna no tiene lugar en el positivismo aplastante que se desprende de la banda sonora. Individualmente, Skinner sólo recibe una música deferencial cuando descubre un secreto, cosa que ocurre dos veces: en el momento en el que lee la carta que anuncia que Linguini es el hijo de Gusteau y, por lo tanto, el legítimo heredero del restaurante y, más adelante, cuando Skinner, ya expulsado de la cocina, descubre la verdad acerca de Rémi y Linguini. Ésta música, sin embargo, no es propia del personaje de Skinner, sino que pertenece al mismo acto de la revelación, y, por lo tanto, a la categoría de emociones; Rémi también recibe esta música cuando hace el mismo descubrimiento que Skinner: que Linguini es el heredero de Gusteau's. Sin embargo, en el caso de Rémi, la música de la revelación se mezcla con la de Le Festin porque, evidentemente, para Rémi y Linguini este conocimiento significa algo muy distinto que para Skinner. Estos dos temas entremezclados se convierten en música de persecución cuando Skinner aparece en el despacho y encuentra a Rémi con las manos en la masa. Ésta música es especialmente representativa respecto a otros temas de acción, porque el desenlace de la escena en la que aparece tiene consecuencias decisivas en la trama principal de la historia y en el legado de Gusteau.
Las
ratas tienen música propia como colectivo. Sabemos por qué y cómo poner música
a los animales es una trampa porque les humaniza, pero es obvio que a las ratas
de Ratatouille,
y a Rémi especialmente, no les hace falta ninguna música para adquirir cualidades
humanas. La música de las ratas tiene, en este caso, la intención contraria:
es un tema que se pone en el nivel dramático
de los humanos y explica cómo éstos ven a las ratas, como una plaga, algo nocivo
y a lo que debe combatirse, cosas que se reflejan en la música, a la que podría
cualificarse de escurridiza y empieza vagamente amenazante para acabar
volviéndose casi juguetona. El tema aparece por primera vez cuando Rémi se presenta
con las palabras soy una rata y, en este caso, va acompañado por las
imágenes, que describen a las ratas como seres abyectos. A lo largo de la película,
esta canción va repitiéndose cuando Rémi, la rata antropomórfica por antonomasia,
tiene conductas que los humanos asocian a las ratas. La oímos cuando Rémi escapa
de casa de la anciana, a punto de ser descubierto, momento en que Rémi tiene
la típica conducta ratuna de penetrar en hogares humanos sin que éstos
le vean. Cuando empieza su colaboración con Linguini, esta música desaparece,
porque Linguini no tiene prejuicios y no le ve tal y como el tema le retrata,
pero esta canción regresa en aquellas ocasiones en las que Rémi traiciona la
confianza de Linguini y se comporta como los humanos esperan de las ratas: colándose
en la despensa y robando comida. Sin embargo, vemos cómo Rémi roba comida de
la despensa un total de cinco veces, y de todas estas ocasiones, el tema ratuno
sólo suena en dos: la primera vez que Émile, el hermano de Rémi, trae a sus
amigos para que Rémi les dé de comer, y más adelante cuando Rémi se venga del
despropósito de Linguini colando a toda su familia en la cocina del restaurante.
En la primera ocasión, Rémi se ve obligado a comportarse como una rata,
amenazado por el amigo fuerte y bruto de su hermano (mientras que la primera
vez que Rémi roba comida de de la despensa para Émile, cuando éste está solo,
lo hace por voluntad propia), y la segunda, Rémi decide deliberadamente obedecer
a sus instintos ratunos para vengarse de Linguini, a lo que éste reaccionará
amenazándole con tratarle como se supone que los restaurantes tienen que
tratar a las plagas, es decir, según los prejuicios humanos hacia las ratas.
| Anton Ego, el fúnebre pero exquisito crítico gastronómico es el único personaje que tiene una música propia como individuo. Se trata de una melodía breve muy seria e incluso triste, hostil aunque sin ser agresiva. Este tema representa una forma de amar la cocina radicalmente opuesta a la de Gusteau, un amor rancio y cerrado que, vemos, no hace de Anton Ego un hombre feliz. |
Anton Ego, el fúnebre (su despacho tiene forma de ataúd, y su máquina de escribir, de calavera) pero exquisito crítico gastronómico es el único personaje que tiene una música propia como individuo. Se trata de una melodía breve muy seria e incluso triste, hostil aunque sin ser agresiva. Este tema representa la antítesis de Le Festin, pues representa una forma de amar la cocina radicalmente opuesta a la de Gusteau, un amor rancio y cerrado que, vemos, no hace de Anton Ego un hombre feliz. Sin embargo, el nivel sonoro de la música de Ego está en inferioridad de condiciones respecto a Le Festin, puesto que, en las dos veces que aparece, suena en segundo plano, con la intención de crear el ambiente del personaje sin llegar a ser una melodía reconocible; nada que ver, pues, con la fuerza de Le Festin cuando suena en todo su esplendor, pensada para ser escuchada, recordada y reconocida. Cuando Ego, finalmente, encuentra en el plato de ratatouille que Rémi le prepara su proverbial magdalena de Proust, todo en él cambia, empezando por la expresión de su rostro y, evidentemente, su música. Le Festin, entra de forma delicada en el personaje cuando éste transforma su discurso (cuando redacta la crítica que contiene el mensaje de la película), su forma de vida y su forma de vestir. A través de su atuendo, y del hecho que Le Festin es una música decididamente más francesa que el propio tema de Ego, podríamos incluso llegar a decir que este personaje abraza la forma francesa de vivir y de comer, y se deja contagiar por la alegría de la comida y la música, tal y como vemos en la secuencia final.
El escenario principal de la película es el restaurante Gusteau's y, muy especialmente, su cocina. Hay una clara división visual y sonora entre el refinamiento y la aparente placidez del área del comedor y la frenética actividad de la cocina. La separación visual, además de la obvia (se trata, después de todo, de espacios distintos), tiene mucho que ver con la elección de los colores, que son contradictorios con el espacio al que se asignan. Mientras que la paleta que impera en la cocina se encuentra en la gama del blanco a los ocres, el comedor está decorado en rojos que, resultan un color mucho más intenso respecto a la emoción y la tensión que provocan. Sin embargo, es gracias a la música que se define el espacio. Así, cuando hay una transición entre uno y otro lugar (cuando los camareros salen de la cocina para servir los platos o regresan a la cocina a buscarlos) la música caótica y llena de acción de la cocina se vuelve plácida y refinada, y viceversa. Podría plantearse incluso si la música del comedor es, en realidad, diegética, pues estaría en consonancia con un hipotético hilo musical del restaurante, pero ésta es sólo una cuestión anecdótica, ya que las acciones que tienen lugar en el restaurante cuando suena este tipo de música no tienen excesiva relevancia desde el punto de vista musical. Hay una excepción a esto, que es cuando Ego va a comer al restaurante y mientras Rémi y su parentela se encargan de la cocina y Linguini se encarga de servir las mesas, se impone un tema perteneciente a las músicas de la actividad culinaria, un tema muy alegre que se contagia a toda la escena. Esta homogeneidad se debe a que, en este momento, la actividad frenética de la cocina se traslada al comedor, ya que Linguini sirve a los clientes a un ritmo vertiginoso sobre sus patines, por primera vez eficiente en lo que hace, y se establece una complicidad entre una y otra estancia.
En
otro orden de cosas, tenemos las músicas de peligro o de persecución. Aparecen
en escenas de ídem, y pueden ser tanto como desde la perspectiva de los perseguidos
como de la de los perseguidores, o de los dos, por supuesto, que es lo más frecuente,
pues una persecución suele significar algo para todas las partes implicadas.
La primera vez que aparece un tema de esta categoría, cuando la anciana descubre
a Rémi, Émile, y toda la colonia de ratas, el tema viene claramente de las dos
partes, pues oímos, por un lado, a las ratas hablando entre ellas, y, por el
otro, a la abuela, que de esta conversación sólo entiende chillidos. Y lo mismo
ocurre en la persecución entre Skinner y Rémi, donde el desenlace de esa escena
tiene resultados e implicaciones importantísimas para ambos personajes. En cambio,
una escena en la que aparece música de peligro desde una única perspectiva es
la secuencia en la que Rémi cae accidentalmente dentro de la cocina del Gusteau's,
y tiene que sortear mil y un peligros para salir de ella indemne. Este tema
pertenece al punto de vista de la rata pues, para el resto de personajes presentes,
el escenario no entraña ningún peligro mortal.
El idilio de Linguini y Colette tal vez merecería un tema propio en otra película, pero, argumentalmente hablando, en Ratatouille este amor forma parte de la miríada de sentimientos positivos que se desprenden de toda la película y no queda destacado musicalmente más que por un tema, llamémoslo genérico, de amor, cuando se dan el apasionado beso accidental, y nos recuerda al golpe musical que hemos visto mucho antes, cuando Rémi corretea por el edificio parisino y una pareja que se estaba forcejeando con una pistola pasa, después del disparo, se dan un fogoso beso (como, hacen todos los franceses, por supuesto). Sin embargo, en relación a las emociones, cabe destacar el tema que suena cuando Linguini y Colette se lanzan miraditas mientras trabajan y, simultáneamente, Skinner, que está en su despacho con su abogado, tiene un episodio de locura al hablar de la rata. Estas dos emociones, la locura y el flirteo amoroso, que parecen diametralmente opuestas (o no tanto; después de todo, los franceses son expertos en esto del amour fou), pero se consigue coserlas impecablemente en el mismo montaje simultáneo gracias a este tema. Sin embargo, Linguini y Colette acaban apoderándose del tema (que se suspende cuando termina la escena de Skinner, y luego se retoma con más intensidad), pues cuando salen a la calle, éste les acompaña, y cuando Rémi sale despedido del sombrero del joven y la pareja se aleja en la moto, este tema desaparece.
Lo
que hemos definido como música de la actividad culinaria son una serie
de temas relacionados con el hecho de cocinar y, por ende, con el mensaje de
la película y su alegría contagiosa. La primera vez que aparece uno es cuando
vemos la cocina del Gusteau's por primera vez, con Rémi y el fantasma de Gusteau
espiando desde la claraboya. Éste es un tema que contrasta vivamente con los
que aparecerán después, sus ecos son marcadamente jazzísticos y, en general,
se trata de una composición muy relajada, muy cool, mientras que el resto
de temas de esta categoría destacan por su intensidad y su entusiasmo musical.
Ello se debe a que Rémi y Linguini aún no han llegado a la cocina, porque estos
temas se desarrollan como consecuencia del talento de uno y del entusiasmo catastrófico
del otro, como vemos poco después, cuando Rémi, intentando escapar del Gusteau's,
se ve dominado por su instinto de cocinero y arregla la sopa que Linguini ha
arruinado. Este tema es una variación repercutida
de la música que ha sonado durante la odisea de Rémi por la cocina, pues cuando
antes significaba peligro mortal, ahora viene a significar: ¡cómo me gusta
cocinar!. Del personaje de Rémi nos dice algo importante, y es que su pasión
por la cocina supera a su instinto de supervivencia, cosa que le separa de sus
congéneres. Sin embargo, cuando Rémi falta de la cocina y deja solo a Linguini,
las cosas se tuercen. Cuando se pelean y Linguini tiene que enfrentarse solo
al reto de servir algo que complazca al exigente paladar de Ego y todos los
cocineros le increpan para que se ponga manos a la obra, la música no transmite
gozo alguno, sino que es un fiel reflejo de la tensión del joven. Estos temas,
pues, nacen de la colaboración entre los personajes, en especial la de Rémi
y Linguini.
Los temas culinarios son alegres y llenos de pasión. Es en ellos donde encontramos los ritmos latinos en la banda sonora, cuando Colette le enseña a Linguini a cocinar, música que se repetirá cuando los dos tienen que trabajar codo con codo para preparar la receta incomible que Skinner les ha encomendado para verles fracasar. Prueba de que los temas culinarios están empapados de la joie de vivre de Le Festin es que, por un lado, Colette y Linguini acaban llevándose más que bien, y que la receta repugnante acaba siendo todo un éxito (un éxito tan grande, de hecho, que cuando todos los clientes del Gusteau's empiezan a pedirlo, suena una versión también alatinada de Le Festin). Éste tema latino en particular es, además, el tema final, con el que se ha optado para acompañar a los créditos (que en esta película no son créditos, sino Creditouilles), probablemente porque, después de Le Festin, que no podía utilizarse en los créditos porque ya había sonado durante toda la secuencia final, es la que mejor representa el espíritu de la película. El único tema de cocina que no tiene lugar en la cocina del restaurante es aquél que se corresponde con el episodio en el que Rémi y Linguini pasan una noche entrenando para aprender funcionar como marioneta y marionetista, respectivamente. Esta secuencia, a parte de tener una voluntad claramente cómica, nos dice que la sociedad entre estos dos personajes, por descabellada que sea la idea, tendrá un resultado positivo. Por último, en esta categoría, tenemos la música de la épica cocina de las ratas. El tema recuerda muchísimo a las canciones clásicas de las películas de Disney, aunque con un inequívoco acordeón, y se acaba transmitiendo, como ya hemos dicho, a todo el restaurante, fruto de la colaboración entre ratas y humanos.
En
último lugar, tenemos una serie de temas que conectan con el contenido de la
película, pero no hilvanan un discurso como las demás. Son los temas realmente
secundarios, que aparecen una sola
vez a lo largo de toda la película o cuya repetición
no implica más que una cierta consonancia visual, y que, en general, están fuertemente
ligados a emociones o bien negativas (cuando Rémi ve por televisión que Gusteau
ha muerto, cuando se encuentra sólo en las alcantarillas, cuando Linguini está
a punto de arrojarle al Sena…) o positivas (cuando Linguini se lleva a Rémi
a casa, cuando éste se reencuentra con su familia…). Luego también tenemos la
Marsellesa, música necesaria por
definición que aparece sobre el logo de Pixar, incluso antes de que aparezca
la película, para situarnos en el marco de la acción antes de que veamos la
primera imagen. Y al decir la Marsellesa, me refiero a los primeros compases,
los que todo el mundo sabe tatarear. En Ratatouille,
la Marsellesa es el más sofisticado de una serie de golpes musicales
que marcan emociones e información, como el apasionado beso que Rémi presencia
entre la pareja que, un momento antes, se estaba apuntando con una pistola.
Me gustaría terminar comentando lo que me parece una comunión perfecta entre el cine y la cocina, que son las dos breves escenas en las que se explica la explosión de sabores que tiene lugar en la boca, primero de Rémi y después de Émile, a insistencia del primero (aunque en el caso de la experiencia como gourmet de Émile podríamos hablar de sinsabores, pues a través de esta escena se muestra gráficamente que su paladar anda algo atrofiado), donde a partir de una interacción entre imágenes abstractas y golpes musicales, que recuerda inmediatamente las películas vanguardistas de Norman MacLaren, se transmite algo más que la suma de imagen y música. Esta escena, aunque anecdótica dentro del conjunto de la película, es representativa de su voluntad de trascender más allá de la historia y de la imagen. Esta voluntad es la que distingue a Ratatouille de otras películas. Hay cosas que sólo pueden hacerse en una película de animación, pero incluso en ese género, Ratatouille se distingue, porque desde el primer minuto hasta el último, es un plato cocinado con mucho mimo.
© Marta Armengol, 2008
Temas del disco
1.
Le Festin (02:51) 2. Welcome to Gusteau's (00:38) 3. This Is Me (01:42) 4. Granny
Get Your Gun (02:02) 5. 100 Rat Dash (01:48) 6. Wall Rat (02:41) 7. Cast Of
Cooks (01:41) 8. A Real Gourmet Kitchen (04:19) 9. Souped Up (00:51) 10. Is
It Soup Yet? (01:17) 11. A New Deal (01:57) 12. Remy Drives A Linguini (02:27)
13. Colette Showes Him Le Ropes (02:57) 14. Special Order (01:59) 15. Kiss &
Vinegar (01:54) 16. Losing Control (02:02) 17. Heist To See You (01:46) 18.
The Paper Chase (01:44) 19. Remy's Revenge (03:24) 20. Abandoning Ship (02:56)
21. Dinner Rush (05:00) 22. Anyone Can Cook (03:14) 23. End Creditoulles (09:17)
24. Ratatouille Main Theme (02:09)
(*) Marta Armengol fue alumna de Conrado Xalabarder en la Universidad Pompeu Fabra y por el presente trabajo obtuvo Sobresaliente. Ha sido publicado en Mundobso con su consentimiento