THE VILLAGE (2004)

The VillageTítulo en castellano: El bosque

Director: M. Night Shyamalan

Música: James Newton Howard

Un tranquilo pueblo vive una tensa amenaza por parte de unos extraños seres que habitan el bosque que les rodea, pero que no les molestan a cambio de que nadie entre en el bosque. Hasta que un habitante decide saltarse el acuerdo.


Por Manuel Garín (*)

1.- Marco general

M. Night ShyamalanThe Village es un ejemplo fascinante de cómo una banda sonora puede revelar el sentido de su película. De cómo construir con inteligencia la profunda transformación que caracteriza las maravillas de M. Night Shyamalan. La música se organiza en el doble espacio que recorre el filme: la posibilidad de construir una comunidad ideal y su fuera de campo, el reverso de la Otredad. Un modelo que se revierte, desde la sombra a la luz, a partir de la banda sonora. Compuesta íntegramente de música original, por el compositor norteamericano James Newton Howard, la música se aparece en todo momento como esencial para la comprensión del conjunto. Desde luego existen momentos de enfatización creativa, pero la presencia atmosférica de esos dos espacios musicales (Pueblo/Otredad) es absolutamente necesaria. Sin ella seria imposible comprender los niveles de sentido de la película y, sobre todo, su forma de entrelazarse y enmascararse.

No encontramos una música de gran claridad temática, ni siquiera potentes líneas que arrastren el devenir de algún personaje; en The Village encontramos en cambio dos increíbles atmósferas sonoras que construyen la progresión temática. Si entendemos cada uno de los espacios como círculos, al comienzo se nos revela un Pueblo rodeado por un basto cerco de oscuridad, una Otredad que hostiga y encierra la frágil existencia de la comunidad. Un círculo minúsculo entre la gigantesca circunferencia de sombras que lo rodea. Esa disposición se trabaja, de forma intensísima, mediante el magma de músicas de la Otredad; los sonidos que emanan del bosque sitiando el espacio mínimo de lo humano. Entre este abismo y la realidad del Pueblo se construye una línea divisoria, el límite fronterizo. Con su presencia musical constituida, actuará también como el detonante de paso y choque entre ambos espacios sonoros. Al otro lado de esa frontera nos encontramos con el espacio del Pueblo. Con sus diferentes desarrollos temáticos, mucho más definidos que el magma informe de la Otredad, pero aún así cambiantes. A este lado del más allá. Pero el proceso de The Village, el proceso de la banda sonora, es el continuo agrandarse de ese minúsculo círculo: el modo en que el espacio del Pueblo cobra luz hasta desterrar cualquier posibilidad de Otredad. A lo largo de la película se da una cumbre de máxima agresión contra el Pueblo, y a partir de ahí -en su unión temática con el Amor- el espacio vital de lo humano irá expandiéndose hasta desterrar la presencia del más allá. La frontera se irá difuminando, justo cuando los secretos internos de la comunidad se desvelan a fuerza de Otredades. Es precisamente la lucha entre los dos espacios y sus dimensiones sonoras lo que acaba desvelando la inexistencia de esos dos espacios. En su agrandarse, el círculo del Pueblo acabará descubriendo que la única Otredad posible emana de su propio interior. De sus pesadillas, de sus errores, de su pasado. La oposición temática ira resolviéndose a medida que los espectros van haciéndose cada vez más humanos, que las piezas del puzzle revelan el origen de cada uno de los inquietantes sonidos del bosque. Cuando el tema inicial de los créditos se revierte en el tema final de los créditos. Expulsando una oscuridad que sólo el hombre puede crear con sus mentiras. En The Village no hay únicamente evolución dramática, ni evolución argumental, ni tampoco evolución genérica. Lo que hay es una profunda e increíble evolución conceptual. Que integra lo dramático, lo argumental, los géneros… El sentido de la película cambia en su desarrollo, auto-engendrándose. Llegando a descifrar lo que al principio todos creemos como certezas. De ahí que la poderosa música se eleve conjurando las sombras y las luces de esos dos espacios. Los sonidos que, para una heroína sin visión, serán el único camino hacia la resolución del Enigma. Hacia una verdadera banda sonora.

2.- Desarrollo temático

James Newton HowardLos títulos de crédito despliegan el espacio musical de la Otredad, la fuerza sonora que envuelve y somete a los habitantes del pueblo, más allá del límite de lo humano. Entre los insertos de imágenes fantasmagóricas de árboles, meciéndose con extrañeza en medio de la noche, va deslizándose la música que, durante el desarrollo de la película, caracterizará a esa oscuridad. Una especie de magma sonoro, entremezclado y turbador, que llamaremos durante nuestro análisis Tema(s) de la Otredad. Esa indefinición entre el tema y los temas responde a su concepción en la película: no se clarifica como un tema nítido, sino que se mantiene envuelto en sombras, como una masa informe de sonidos que manan de lo subterráneo del bosque. Ese carácter indefinido, casi como fuera de campo sonoro, inestable… definirá en todo momento a la música de la Otredad. Una música que escapa a una tematización definida, que tiene en su propia indefinición característica potentísima de su esencia. Como un espectro musical (diseñado con una inteligencia sublime por Newton Howard). Sugiriendo la pesadilla más que explicitándola. Creando atmósferas. En la primera aparición durante los créditos, arrastra ya sus características fundamentales. Suele aparecerse mediante gemidos o querencias de viento -quizá una flauta- que despiertan cierto sentido de lo primitivo, sin estabilizarse en una nota concreta, inquietando. Está formado por un sonido profundo de fondo, como una fuerza de lo subterráneo que se acompaña por otros timbres oscuros, arraigados al poder del bosque; transmitiendo una sensación inquietante de inestabilidad tonal. Luego se despliega mediante golpes secos, muy percusivos (con el conocido efecto de susto espectatorial). Esos golpes introducen un instante de aceleración rítmica, tribal, que asciende con los metales potentes hasta un punto de explosión/suspensión. A partir de ahí se hará el silencio, que no hace sino enfatizar el peligro, la amenaza de que la Otredad vuelva a envolvernos…

Con los primeros planos tras la multitud, una música solemne transmite el dramatismo del entierro, pero confiriéndole al mismo tiempo un aire de dignidad (empleo que luego relacionaremos con uno de los subtemas del pueblo). El fragmento anuncia los elementos básicos de la música del pueblo: fragilidad y emotividad de las cuerdas, aparición tímida de un violín extremadamente lírico, y dignidad, muy medida pero aun así presente, de los metales (quizá una trompa). La música traslada al espectador al ambiente duro y parco de la vida dentro de la Otredad, dispone las piezas de la partida en relación al magma de Otredad que ha precedido, en los créditos, la partida. Una tristeza cargada de tenacidad y de resistencia se desliza hacia nuestros oídos. Pocos planos más tarde, con todo el pueblo preparado en la mesa, el devenir se interrumpirá por un fragmento-gemido de la Otredad; dejando claro cómo la pequeña comunidad está sometida a una sombra amenazante, al círculo envolvente de la oscuridad. Que rodea al pueblo con la opacidad de los bosques. Entre las celebraciones del loco Noah, el heraldo de la Otredad, la presencia remite poco a poco. Dando paso de nuevo al devenir de la vida en el pueblo. Pero habiendo explicitado eficazmente el reverso tenebroso que le acompaña. La otra cara.

Recogiendo el color prohibidoCon las imágenes de cotidianeidad se despliega uno de los temas secundarios del Pueblo, que llamaremos Tema de la Fragilidad post-Noah (pues comprobaremos más tarde su relación estrecha con el personaje). El tema se apoya en una frágil melodía de violín, que despierta melancolía y dudas, cierta tristeza tras haber acallado por el momento a la Otredad. Con un aire céltico, algo rudimentario, deja al espectador en un estadio de indefinición. La música nos parece no demasiado integrada… aunque más tarde entendamos hasta que punto está integradísima en el trasfondo narrativo del filme. Es, en definitiva, un material que nos introduce en la dinámica del pueblo. En el lento pasar las horas, una paz frágil. Despertando a la vida pero sabiéndose cercado por la Otredad (de hecho, esa presencia se ha explicitado en la propia imagen a través de la florecilla roja). Tras ese grupo de imágenes la propia música nos conduce a la Frontera, al límite entre el espacio frágil del pueblo y el territorio indómito del bosque-Otredad. El tema se nos hace necesario hasta el punto de identificar con rapidez la conexión intelectual del espectador: estoy viendo la línea de cruce entre esos dos mundos. Se constituye así el Tema de la Frontera, que se sitúa en un nivel secundario pero intermedio entre los dos espacios sonoros en conflicto. Se trata de la música que sugiere el tránsito, que construye el suspense y la intriga del moverse entre uno y otro lado del límite. En realidad se trata de unas pocas notas pero le otorgamos la categoría de tema porque, durante la película, se constituye como tal en varios momentos. Tras el plano alejándose de la torreta escuchamos el sonido de un violín desplegando notas veloces, por debajo de ese ambiente fronterizo, queriendo sugerir que algo pasa. Así se nos aparece el primer reflejo de la Otredad, con la figura del monstruo a través del agua, como una mancha roja. Unos sonidos de viento subrayan el suspense… pero ese desplegarse del violín introduce un elemento que será clave en el desarrollo de la película: el asomo de una duda, de un flujo subterráneo, dentro de la propia realidad del pueblo. Más tarde veremos como se trabaja esa idea musicalmente, pero es notable que ese primer reflejo no se haya acompañado por los sonidos típicos de la Otredad… sino por ese despliegue del violín, ese algo pasa… Luego seguirá desarrollándose la idea de una comunidad rodeada por la sombra. La idea de una clara supremacía del poder del bosque sobre las conciencias atemorizadas del pueblo. Un efecto desagradable, de zumbido inestable, acompañará el revuelo de las moscas con cada animal despellejado. Además, en la siguiente aparición del Tema de la Frontera en un plano de la torreta hacia el crepúsculo, se introduce ya una presencia de Tema(s) de la Otredad (con un sonido grave e inestable). Presencia tímida que se expandirá cuando veamos a Lucius y su amigo en la torreta: tras un momento de silencio absoluto, un plano desde-el-otro-lado se hundirá en la profundidad del bosque, con el ambiente sonoro enmascarado. Inundando la imagen. Cercando la vida en el pueblo.

Tras la aparición de otro de los efectos de Muerte -cadáver de animal- creo necesario comentar uno de esos momentos en los que el hecho de no poner música demuestra la inteligencia certera del compositor. Se trata de la escena cómica con la hermana de Ivy declarándose a Lucius. Pudiendo haber enfatizado la idea con toques de color cómico, Newton Howard hace gala de su habilidad: prefiere dejar que esas acciones normales del pueblo sigan su curso, reservando el poder de la música para el territorio estricto de la confrontación Pueblo/Otredad. Así, deja la escena en el silencio cotidiano. Un silencio que, además, prepara el nacimiento del gran tema de la película… Después de la declaración se corta directamente al llanto de la joven, construyéndose la primera aparición de nuestra heroína. Ivy llega, muy significativamente, desde el sonido. Se revela mediante un canto que, en falsa diégesis (luego escuchamos sumarse a unas cuerdas), introduce su estrecha relación con el sonido, con el umbral del sonido. Con el umbral de la Otredad. La relación de un verdadero Oráculo, el de la ceguera sensible. Pero no adelantemos acontecimientos.

IviAquí, la voz de Ivy nos regala una nana para consolar a su hermana. Una nana que retornará en un momento muy puntual de la película, pero que ahora se abre a medida que el plano se aleja del regazo familiar. Un abrirse que genera, de forma maravillosa, el nacimiento del Tema de Amor Ivy-Lucius, el que identificaremos como Tema Principal del filme (aunque eso será cuando acabe con las barreras de la Otredad, con la sombra del otro-lado). El Tema de Amor surge de la unión de la voz de Ivy con el gesto silencioso de Lucius. De hecho, el tema nace a partir de la nana y en el momento de ver a Lucius, trayendo leña al padre solitario (cuyo hijo ha sido enterrado al comienzo de la película). Una línea suave, a un nivel sonoro que va descendiendo, es deslizada por el piano. El acompañamiento de cuerdas refuerza la candidez y la ternura del tema. Como remontándose por encima de las palabras de ese padre que acaba de perder a su hijo, como adelantándose a la misión conciliadora que más tarde tendrá para el pueblo. Adelantándose con timidez a los acontecimientos. Irradiando su poder de esperanza. No es casual que tras la presentación del Tema Principal, se reproduzca en seguida la presencia de Tema(s) de la Otredad, con el juego de resistir de espaldas al bosque, en el límite de sus dominios. En un sonido gutural y amenazador. Antes de volver al juego, se mostrará de nuevo la escena entre Lucius y el padre. Allí se insinuará, aunque aún de modo embrionario, con la poca certeza de un fragmento, el Tema de la Duda-Secreto. Surgirá a partir de las palabras del padre, que esconden la causa del dolor y el motivo de fundación de la comunidad; subrayándose con la atención visual a la caja de los recuerdos, bien cerrada. Esa música despertará aquí cierta intriga, como la de un secreto que no puede ser desvelado pero que pesa día a día en la vida del pueblo. Un adelanto que, más tarde, se revelará en tema constituido. Tras su insinuación volveremos al juego en el límite, donde en esta ocasión los sonidos de la Otredad se acompañarán del Tema de la Frontera, justo antes de que los muchachos huyan por un de los lados de esa misma frontera. Perpetuando el suspense.

Entre los juegos infantiles de Noah asistimos a un momento clave, la explicitación del Umbral del Sonido en Ivy. Mientras la vemos, sola, escuchamos un sonido extraño más allá de la sensibilidad normal, en las puertas de la percepción. Se trata del Umbral que Ivy, por su cualidad de ciega pero ante todo por su cualidad de Héroe, percibe como vehículo de interpretación. Así, será ella la que -como veremos- interprete primero la amenaza de la Otredad… será de hecho la única que atravesará y desvelará la auténtica naturaleza de esa Otredad. No se trata de un tema, ni siquiera de una música constituida como tal, pero sí de un ambiente sonoro potentísimo que rodea el aura de la joven, la dota de capacidades de percepción sobrenaturales (un dato más de la importancia capital que tiene la banda sonora). Ese momento se cerrará con el sonido amplificado, reverberante, del bastón de Ivy contra la piedra. Perpetuando su eco…

LuciusEn el punto en que Noah corretea tras Ivy, escuchamos una elaboración del Tema de Amor. Se trata de un subtema que, en este punto, acompaña una cierta idea de cortejo; preparando el momento de encuentro entre ella y Lucius. Una flauta débil subraya la sensación onírica del momento, como una felicidad pasajera que trasluce más allá del cerco de la Otredad (es muy significativo que este motivo se repita, como veremos, en el encuentro con el vigilante de la reserva). Pero ese subtema frágil, que parece deslizar con más tranquilidad y armonía las notas del tema de Ivy y Lucius, se empleará otra vez de modo inteligentísimo. El compositor lo reduce a un aire preparatorio, dejando que la conversación entre los dos enamorados transcurra en silencio. Demuestra otra vez su habilidad al no empastelar el momento, sin recargarlo con música empalagosa o débilmente explícita. Respeta una vez más la jerarquía Otredad/Pueblo; pues será en esa oposición como el Tema Principal adquirirá su máxima potencia. Sólo a través de esa oposición argumental y conceptual… no a partir de romantiqueos dramatizantes. Y tal destino será adelantado cuando, al final de la conversación, las bayas de Noah den paso a la presencia de Tema(s) de la Otredad. Que envolverá el contexto en una sombra poderosa de tiniebla en metales. Una amenaza lenta pero siempre presente.

Mientras Lucius relata lo sucedido al Consejo de Mayores, se constituye por primera vez -aunque no en su máximo esplendor- el Tema de la Duda-Secreto. Si antes se había insinuado en un par de momentos (con el desplegar del violín en el primer reflejo del monstruo y con la caja de los recuerdos), los motivos se juntan aquí para constatar un mensaje musical… y enmascarar algo esencial para la película. El movimiento del violín, como si se desplegara dentro de la música con impaciencia, acompaña toda la secuencia. Los metales subrayan la gravedad del momento: algo se oculta tras esas palabras. Y queda claro que no son las intestabilidades tonales de la Otredad. Se trata de algo que emana desde-dentro del pueblo, de su pasado. Algo que suscita dudas en cada sonido desplegado del violín, que introduce un flujo subterráneo de inquietud, de secretismo. Poco después Lucius pondrá en palabras, ante su madre, la idea de esos secrets. Esa realidad paralela que circula por algún lugar del bosque (y que será tan intenso ver desplegada a medida que avance la película). Decir la sombra de una Duda suene quizá cómico, y en un primer visionado de la película puede pasar desapercibido por el peso de la oposición Pueblo/Otredad, pero creo que esa música está profundamente integrada en la película. En el momento de revelación madre-hijo, cuando la señora Hunt pregunta a Lucius por lo que ha querido insinuar, se desliza el indicio de un subtema de Amor: un subtema de Amor-Imposible. Esa pequeña elaboración que, por el lirismo del violín recuerda al tema Lucius-Ivy (también intuyo que por las notas, que parecen invertirse), adquiere aquí un tono melancólico. Un tono que no hace sino enfatizar algo que ya se había asomado a la mente del espectador: un flujo de amor no realizado, imposible, entre Sigourney Weaver y William Hurt. El circuito amoroso de los padres y su tristeza. De hecho, lo que ahora parece un simple fragmento se revelará hacia el final de la película con la claridad de un subtema bien constituido.

Marcando fronterasLuego asistimos al momento fundamental en que Lucius atraviesa la frontera y se encuentra con la Otredad. Se evidencia aquí un esquema clarísimo de construcción musical: Frontera-Otredad-Frontera. La imagen del joven transitando el límite mientras pinta los postes se enfatiza con el Tema de la Frontera, desplegando el elemento de suspense. De algún modo podría decirse que se repercute, pues su sentido varía al introducirse aquí la violación de la frontera. Ese cambio se subraya en la construcción del momento: el tema asciende y asciende hasta explotar en un golpe climático, justo el momento en que Lucius se decide y cruza la frontera. Se desarrollan entonces distintas ideas de Tema(s) de la Otredad. Los sonidos mistéricos, naturales e inestables, con la presencia de un sonido profundo de fondo. Con la aparición sugerida del Monstruo se produce un ascendente musical que estalla en un golpe terrorífico. El nivel sonoro de la Otredad irá descendiendo a espaldas de Lucius, a medida que vuelve con las bayas hacia la frontera. En ese punto volvemos a una música más tonal que reconocemos como el Tema de la Frontera. Volviendo a este lado del más allá y preparando así la llegada del primer gran enfrentamiento entre poderes y músicas.

EscondiéndoseTras otra muestra de inteligencia musical por parte de James Newton Howard -evita el subrayado amoroso en otra escena de cortejo Ivy-Lucius, que sólo ensuciaría la inteligente oposición Pueblo/Otredad-, llegamos a una secuencia poderosísima: la inmersión de la amenaza en el pueblo. Esta batalla, entre una Otredad que invade el espacio vital de la comunidad y la fuerza vital de ésta (simbolizada por el Amor), se trabaja de modo intensísimo a través de la música. Conviene centrarse en la construcción de sus fases y, sobre todo, en el sentido conceptual que enmascara. El espacio de Tema(s) de la Otredad irrumpe con un golpe-susto en la torreta. Tras ese estallido percusivo, acompañado de la visión de la criatura, se vuelve momentáneamente al silencio. Un silencio aparente que empieza a llenarse poco a poco de extrañeza, que se carga de sonidos guturales hasta que el joven toca la campana. Con ello se produce otro golpe de la Otredad. Un golpe seco que anuncia el ritmo poderoso y aterrador de la oscuridad. Se despliega una atmósfera de amenaza, entre sombras, que invade el pueblo para sumirlo en un huída desesperada. El Tema parece pasearse seguro de sí entre las casas, en una yuxtaposición de sus elementos. Con cierto barroquismo oscuro se mezclan los lamentos guturales junto con una tensión rítmica creciente y unos metales poderosísimos que refuerzan la inestabilidad del conjunto. Con notas que parecen escapar a cualquier afinación, temblando de extrañeza. A golpes que derrumban la conciencia y la seguridad del pueblo. Solapándose con los gritos de un Noah en estado de éxtasis. Un ritual del miedo. De cierta naturaleza inabarcable: de Otredad. En el momento en que aparece la criatura se produce un silencio. El clímax poderoso cede ante un ambiente surrealista lleno de esos gemidos extraños, con el sonido entrecortado del resoplar del monstruo. Acercándose al corazón del pueblo mientras Lucius escucha tras una pared. A partir de ahí se prepara el momento del choque. Ivy espera en la puerta justo cuando las cuerdas desplegadas, que nos recuerdan levemente (no me atrevería a afirmar que sí) al Tema de la Duda-Secreto, acompañan a las músicas tenebrosas de la Otredad. El grado tonal parece ascender con los golpes rítmicos, se despliega con inmensidad la masa de Tema(s) de la Otredad. Todo llega a una cumbre de las expectativas. En ese instante, se conjura el Umbral de Ivy, se hace una especie de silencio enrarecido mientras Ivy tiende su mano a la nada. De fondo escuchamos los gemidos de la Otredad y la figura de la criatura acercándose. El ritual de muerte parece apunto de consumarse. Pero justo en ese instante irrumpe con fuerza el Tema de Amor Ivy-Lucius. Lucius prende la mano de Ivy mientras las cuerdas parecen desplegarse a lo largo y ancho del plano. La imagen se ralentiza y la música hechiza el nivel espacial de movimiento. El Tema Principal fluye poderoso en una especie de suspensión, escapando con éxito a la amenaza de la Otredad. El despliegue de notas rápidas del violín se escucha a un nivel sonoro casi superior a la melodía, que si antes había sido tímidamente sugerida por el piano, ahora avanza solemne a través de las cuerdas. Como si el lirismo detuviera la acción al tiempo que el movimiento del violín enfatizara la sensación de cambio, de potencia. Esta variación implica, con toda claridad, un carácter repercutido… pues añade a la relación Ivy-Lucius el peso simbólico de todo el pueblo. La seguridad y la esperanza de la comunidad están aquí desarrolladas con fuerza. El Tema de Amor Ivy-Lucius vence aquí su primera batalla hacia el estatus de Tema Principal, absorbiendo el nivel argumental y conceptual del Espacio del Pueblo.

El Tema se va abriendo progresivamente hasta que, en un momento dado, nace de él un subtema: el subtema del Hogar. El violín despliega una melodía larga, como una línea de nitidez entre las sombras, que acompaña a las imágenes de los distintos habitantes del pueblo. Debido a su reaparición en un momento posterior de la película (el instante de encontrar el camino fuera de la reserva y el posterior retorno triunfal), todo parece indicar que este tema emana de Ivy. Emana del Amor de Ivy y Lucius pero muy particularmente adelanta la futura gesta de nuestra heroína. Puede entenderse como un desarrollo del Tema Principal, pero para nuestro análisis hemos preferido diferenciarlo con el valor de subtema. Parece simbolizar la seguridad del hogar frente a la amenaza externa (y más tarde también frente a la interna). Bajo la línea del violín escuchamos al piano que repite un mismo motivo. El valor del Tema quedará en suspenso frente a los ruidos de la Otredad… pues la atmósfera de Tema(s) de la Otredad sólo ha sido esquivada. No vencida.

La bidaTras la confesión de Lucius escucharemos parte del universo temático de la Duda-Secreto. Serán los metales solemnes justo cuando William Hurt conforte a Lucius por su valentía, en lo que en realidad oculta la sombra de la verdadera realidad de aquella Otredad. El juego de preservación de los adultos y sus secretos. De todos modos, aquí ni siquiera queda constituido como tema, sólo una insinuación puntual… que ya será desplegada más adelante. La secuencia de la boda viene antecedida de una breve presencia de los Tema(s) de la Otredad, en el momento del Ritual de la Carne (cuando ofrecen carne fresca en la frontera). Es sintomático que este momento adelante lo que será un cerrojo de Otredad que empañará la boda, que hundirá la alegría del pueblo en inquietud y desesperanza. Pero antes de ese momento, encontramos una pequeña perla analítica: la música de la boda. Mientras Ivy habla con una de las ancianas escuchamos a lo lejos un coro de niños (o eso parece) cantando, acompañados por un piano. La voluntad de esa música es absolutamente diegética y, aunque no veamos en ese momento a los niños, la idea se desplaza con efectividad al espectador. El sentido es del todo realista. Durante el baile la cosa cambia: escuchamos un vals divinamente desplegado por lo que parece un conjunto típico de fiesta rural. Junto con algunas cuerdas se distingue el jugueteo de un violín, la línea del bajo de un contrabajo, los vaivenes de un acordeón… pero únicamente vemos un viejo piano. Las imágenes enmascaran esa masa musical como falsa diégesis. Durante el baile conjunto, que cambia el ritmo a tres del vals por otro más folklórico, llegamos a ver a una mujer interpretando al piano (parece que las mismas notas que suenan en ese momento). Pero no hay ni rastro de la sección de cuerda ni de los percusionistas. Lo que sugiere, a no ser que su presencia se camufle en algún plano (que hayamos extraviado en nuestro análisis), esa falsa diégesis.

Un momento brillantemente anempático introduce de nuevo el Umbral de Ivy. Mientras las imágenes siguen mostrando a la gente bailar feliz -aunque es cierto que podría notarse algo en el gesto de la joven- la música introduce un elemento extraño. Se recupera ese límite perceptivo que sólo la protagonista puede interpretar. Ella siente antes que nadie la llegada de extraños gemidos, inestables y aterradores, siente la presencia de Tema(s) de la Otredad. El conjunto del pueblo está aún confiado cuando Ivy ya percibe, como Oráculo, la oscuridad que les acecha. Un golpe seco marcará el momento en que el resto del pueblo se da cuenta y huye. Durante la confesión de los niños -que han visto a la criatura en el pueblo- se reproduce un fragmento del Tema de la Frontera. El suspense se acumula en el plano fijo, para variar con claridad mientras todos juntos caminan de vuelta hacia el pueblo. Hasta cierto punto, el instante de la conversación con los dos pequeños, recuerda algunos elementos del Tema de la Duda-Secreto, reverberando con la sorpresa de un William Hurt que, interiormente, no debe poder explicarse quien hace de monstruo ahora… Aunque puede que esa similitud sea fruto, únicamente, del hecho de analizar la película tantas veces (racionalizando lo que, en un primer visionado, puede parecer simple suspense). Cuando los habitantes descubren las cabezas mutiladas escuchamos el retorno de la Otredad. Una vez más, el espacio de Tema(s) de la Otredad ha invadido el territorio del pueblo. La música se expande creciendo a golpes de ese ritmo tribal, oscuro y aterrador. Lo que se había precedido por extraños quejidos del viento estalla ahora con intensidad poderosísima. El ascenso culminará, como en otras ocasiones, en un golpe seco. Un golpe de Terror: la boda ha sido rodeada por la Otredad. Aunque, como se irá desplegando más adelante, hay una diferencia fundamental… esta vez no parece tratarse de una Otredad controlada por la farsa. Esa sospecha se confirmará en la conversación de Weaver y Hurt, con fragmentos que recuerdan una vez más el Tema de la Duda-Secreto, planeando por aquello que los Mayores ocultan y que parece escapar a su control. En cualquier caso, se identifica como un fragmento de suspense. Enfatizando la intriga que ya recorre las palabras del guión. Tras un leve inserto del Tema de la Frontera repetido (aunque podríamos considerarlo repercutido si suponemos que la sombra de la Duda ha afectado ya al sentido de la Otredad…), tendremos un momento de respiro.

Amor en el porcheEn la espléndida secuencia del porche, Ivy y Lucius confirmarán su amor. Asistiremos a una reaparición del Tema de Amor Ivy-Lucius repercutido. Lo consideramos repercutido puesto que, junto con la repetición musical (parece ser la misma versión que suena por primera vez en el nacimiento del tema, cuando surge de la nana de Ivy), se asimila un plus dinámico en el sentido: por primera vez el amor explota y se consuma-reconoce por parte de los dos. Al aporte significativo que había sufrido en la batalla con la Otredad -empezar a ser el Tema Heraldo del Pueblo- se suma ahora la confirmación amorosa. El sí. Subrayándose además el sentido de Heraldo comentado… pues no es casual que esta explosión de amor surja en medio de las tinieblas de la Otredad (al principio de la conversación llegamos a escuchar entre la niebla algún quejido de Tema(s) de la Otredad). El hecho de que se confirme en medio de la crisis y de la amenaza enfatiza su carácter de Oposición a la incertidumbre y la oscuridad del bosque. Se confirma como el futuro del pueblo. Acercándose un paso más al estatus de Tema Principal.

Tras otra muestra de inteligencia musical (James Newton Howard mantiene la puñalada de Noah a Lucius en un impresionante silencio, que certifica la extrañeza reveladora del momento… sublime), empezarán a tomar cuerpo muchas de las dudas sobre el pueblo. Y con ellas se desarrollará expansivamente el Tema de la Duda-Secreto. Pero antes conviene detenerse en una recuperación significativa: el retorno de un tema anterior tras el ataque contra Lucius. El plano se alejará de la acción homicida para fijarse en un mueble. Luego veremos un plano con la mecedora vacía, de espaldas a nosotros; inundado por la presencia del bosque al fondo (junto con un gemido de Otredad). Pero ese tránsito de imágenes, hasta llegar a los padres de Noah y al asesino en la mecedora, esconde un tema secundario repercutido: el Tema de la Fragilidad post-Noah. Volvemos a escuchar el mismo violín frágil de las primeras imágenes de la película, el que acompañaba el devenir del pueblo tras el entierro. Y aquí cobra sentido el título rimbombante que hemos puesto al Tema: la fragilidad en el Interior del pueblo, la fragilidad de la locura interna, del cáncer desde-dentro que se corporiza en la figura de Noah. En su primera aparición prolongaba las risas del loco al escuchar al bosque, ahora prolonga el crimen del loco tras penetrar en el bosque. Pero lo verdaderamente significativo es que ese penetrar el bosque esconde una carga subterránea fundamental: la Duda-Secreto, la farsa de los mayores. El punto en el que una Otredad creada para preservar la inocencia ha gestado otra Otredad -psicótica- dentro de los límites del pueblo. Resonarán entonces los sonidos de la culpa, de ese algo ocurre aquí dentro que acompaña al despliegue en movimiento del violín. El Tema de la Duda-Secreto se despliega. La imagen de la mano de Noah llena de sangre (Bad colour… bad colour) introduce la progresión temática de ese secreto, de ese pasado oculto. Las cuerdas graves llenan esas notas que fluyen pesadas, como una carga. Mientras el violín rapidísimo sigue deslizando ese algo ocurre aquí dentro de un lado a otro. Creciendo y creciendo por todo el pueblo hasta detenerse en un golpe súbito: Ivy. En ese instante se revela de nuevo el Umbral de Ivy, con ella avanzando a tientas en busca de Lucius. EL sonido de inestabilidad perceptiva, más allá de aquello que los habitantes normales pueden llegar a percibir. Una especie de eco acompaña todo el trayecto junto al sonido inestable del umbral, para detenerse de golpe cuando ella tropieza con el cuerpo en el suelo de Lucius (es increíble… el umbral del Sonido se rompe por la irrupción del Tacto, el tropezarse literalmente con el cuerpo moribundo de su amado). Cuando lo abraza se despliega con fuerza el violín del Tema de la Duda-Secreto, pero para subrayar el dramatismo del momento. El dolor insondable de nuestra heroína, que casi no distingue ya el color-aura de Lucius. Un desarrollo musical que continúa tras la llegada del padre y guía del pueblo. Luego, cuando vaya a visitar a Noah, tras los gritos del loco escucharemos un leve inserto de la Otredad, con un plano del pueblo desde-el bosque (como queriendo cobijar al pobre Noah, llamándolo hacia su oscuridad).

Sigourney Weaver es la madre de LuciusTras la declaración de intenciones de Ivy, se repercute el Tema de Amor Ivy-Lucius. Con la melodía interpretada por el violín, frente al piano que la había desarrollado con anterioridad (excepto en la batalla con la Otredad). Esa presencia del violín es significativa para captar el sentido de repercutir ahora el Tema: Ivy asume aquí con plenos poderes el relevo heroico, la asunción de Salvadora de la comunidad… iniciando la aventura como heroína del Amor. El Tema aquí ya está muy próximo a erigirse con autoridad como Tema Principal y, como mínimo, es el emblema de la esperanza del pueblo, de toda la esperanza del pueblo (también como alternativa al dolor de la Duda y el Secreto). Luego crece con algo más de fuerza, en el conjunto de cuerdas, justo antes del plano del doctor. En ese momento se va a desarrollar el violín desplegado del Tema de la Duda-Secreto, mientras los adultos hablan de esa gran farsa que han construido: It is our crime what has happened to Lucius. En ese punto el Tema se despliega ya con una fuerza arrolladora, con la progresión y el movimiento continuo del violín (y tanto que algo ocurre aquí dentro). Es lógico que el tema se abra así, pues la revelación del secreto a Ivy está ya muy cercana. Entre el magma de la Duda, escucharemos cuando aparece la heroína la querencia del violín deslizando el Tema de Amor Ivy-Lucius. Que ya emana como una fuerza interior de la protagonista. El padre conducirá entonces a la hija hacia la Revelación de la farsa. Cediéndole el cetro del liderazgo de la comunidad: You see light where there's only darkness… I trust you… I trust you. Aunque ese momento se reservará para un inserto posterior. Cuando Ivy se haya adentrado ya en el bosque. Pero en su acercamiento al granero donde guardan los trajes de criatura, se repercute el Tema de la Frontera. Adquiriendo aquí el sentido extraño de algo que se oculta en ese granero, pues la música del límite, de la frontera, se conjura ahora alrededor del granero. Una fuerza que será interrumpida por el montaje de Shyamalan, reteniéndola para más tarde. Entonces aparecerá un plano del bosque desde el pueblo, con un inserto de Tema(s) de la Otredad. Para ver luego a Ivy vestida de amarillo junto a sus dos acompañantes. Cuando llegan al límite del pueblo se repetirá el mismo esquema que había acompañado a Lucius al cruzar hacia el bosque: el Tema de la Frontera crece y crece hasta estallar cuando Ivy cruza… dando paso a la atmósfera insondable de Tema(s) de la Otredad.

Vemos luego la acción pasada en el granero, cuando el padre le muestra a Ivy la farsa de la criatura (cuya entrada se había preparado con fragmentos de la Otredad). Tras el encuentro nuestra heroína lo racionaliza a través de las explicaciones de papá. Produciéndose ya el inicio del despliegue del Tema de la Duda-Secreto. Ahora se repercute (¡y tanto! dada la nueva información respecto a la farsa adulta) con un sonido de piano metálico, quizá un clavicémbalo, que acompaña la conversación padre-hija. Desplegándose con la apertura de las cuerdas por debajo. De ahí pasamos a un momento que, paralelamente, remite también a cierto pasado imposible: el retorno y despliegue del subtema de Amor Imposible entre los personajes de Weaver y Hurt. Si en su primera aparición era casi sólo una insinuación, aquí se desliza una línea de violín claramente constituida (que recuerda claramente al Tema de Amor Ivy-Lucius… pero con un pesar melancólico). No me parece un contratema, puesto que ese amor imposible no se opone necesariamente al de los hijos… sólo se desarrolla como subtema de éste, explicitando su imposibilidad a partir de la posibilidad que sí tienen sus hijos. Él lo dice con claridad y gesto: This is all that I can give you. Tras esto asistimos a la expansión absoluta del Tema de la Duda-Sospecha, a partir de la discusión entre los Mayores. A partir de la discusión sobre la mentira, sobre el futuro y la única esperanza de su ideal-pueblo: Ivy. El Tema llega a su máximo despliegue mostrándonos el trasfondo de farsa de la historia. La progresión se acompaña del violín en movimiento (que parece gritar ya esto es lo que ocurre aquí dentro). La intensidad aumenta con la intensidad de la discusión, con la voz y los gritos de un William Hurt entregado. Aunque el Tema se calma y se positiva, en cierto modo, a partir de las palabras del padre solitario (el que perdió a su hijo en el entierro inicial). Él estabiliza la situación al constatar la realidad… el cómo deben hacerse las cosas tras la caída del telón protector que habían construido como mentira-Otredad. Finalmente el Tema se abre hacia un violín que recuerda el Tema de Amor Ivy-Lucius, justo cuando el padre de Ivy explicita que la fuerza del amor es lo único que puede salvarles (The world moves for Love). La fuerza de Ivy.

Calmando a las critauras del bosqueEsa leve variación -como un pequeño motivo- del Tema de Amor, se encadena de forma sublime con la situación pésima de Ivy. En el momento de máximo hundimiento en el pesar, con la oscuridad de la noche y la presencia pesada e ineludible de la lluvia en el bosque. Es muy significativo que se recupere aquí el momento que, tanto tiempo atrás, nos había presentado a la heroína. Aquí, rodeada de sombras, Ivy vuelve a cantar una nana. Sólo que la diégesis no se rompe aquí por el colchón armónico de unas dulces cuerdas, no hay aquí lugar para el nacimiento de un tema de amor… sino que su cantar se hunde en el abismo de Tema(s) de la Otredad. Pese a que la farsa haya sido despejada, la presencia de la Otredad sigue siendo igual de intensa (pues no fueron los Mayores los que habían despellejado a aquellos animales, o habían arruinado la boda). El movimiento de cámara que en la otra nana de Ivy nos revelaba el candor familiar, se convierte aquí en un sumergirse en la oscuridad del bosque. Anulando casi totalmente el débil canto, nervioso y entrecortado, de Ivy. Aquí, el Umbral de Ivy no sirve para percibir antes que nadie a los fantasmas, sino para conjurarlos con mayor intensidad. Su capacidad sobrenatural para percibir el Sonido del Más Allá, la hunde ahora en los espectros de ese mundo aterrador. En el bosque.

Con la luz del día y la presencia del agua (y esto es de por sí muy sintomático) asistiremos al enfrentamiento final entre las dos fuerzas esenciales de The Village. Estando metidos de lleno en el territorio musical de Tema(s) de la Otredad. Hay un primer golpe muy intenso cuando Ivy está a punto de caer al pozo. Los vientos extraños y tribales de una flauta rodean de misterio y terror el paso de la protagonista. La música es inestable y se refugia en los extraños puntos atonales de la naturaleza salvaje. Aunque, en un breve momento de nitidez salvadora, Ivy reconoce un tronco de gran tamaño (que luego será la clave para derrotar a la criatura). Siendo este pequeño reconocimiento, integrado con mucha potencia por la música, una muestra de su capacidad de Oráculo. La llegada de la Otredad se prepara mediante un momento impresionante de Umbral de Ivy. Escuchamos un sonido extrañísimo de entrada en esas puertas de la percepción, con lo que se adivina ya la cercanía del monstruo, su aura. Ese momento de interpretación del sonido, de sexto sentido auditivo, da paso a la apoteosis de la persecución. Se prepara con sonidos extraños hasta que un golpe rítmico nos avisa de que Ivy está rodeada de frutos rojos. Del color prohibido. Como ocurrió con Lucius en el pueblo (una vez más se traslada en la banda sonora una acción heroica, de un enamorado al otro) un silencio anuncia la llegada de la imagen de la Otredad. Entonces se desata la persecución ascendente hacia el clímax. Clímax que se retrasa mediante un momento de pausa, de interrupción onírica en el que la heroína y la criatura parecen mirarse a los ojos (a los ojos sonoros del ciego). Un súbito golpe rítmico -de los que habían sometido al caos al pueblo- enciende la mecha imparable de la apoteosis. La progresión empieza repercutiéndose el despliegue de la lucha en el pueblo (ahora con el sentido de esa Otredad que escapa a la farsa de los Mayores). Cuando el miedo está más allá de la mentira, es real. Tema(s) de la Otredad en su máximo desarrollo. El momento de nitidez al reconocer el tronco prepara la Disolución de la Otredad. Cuando Ivy identifica la ubicación del pozo se dispone en posición de sacrificio, para atraer la atención de la criatura. Se prepara así un pequeño clímax musical que desemboca en la Luz derrotando a la Otredad. Cayendo a lo subterráneo. Si en la victoria pasada en el pueblo habíamos asistido al despliegue del Tema de Amor… la situación aquí es bien distinta (puesto que allí el Tema suponía un triunfo sobre una Otredad fingida, un triunfo que era en el fondo el triunfo del pueblo en el pueblo, respecto a la farsa). Tras un silencio momentáneo vamos a escuchar lo inevitable: el Tema de la Fragilidad post-Noah repercutido. Pues se revelará aquí el sentido último de ese tema del pueblo… su estrecha ligazón a la naturaleza de una Otredad que la propia comunidad se ha creado, en su afán de protegerse del exterior. Será la música de la tristeza y el dolor desde-dentro, de la confirmación de una Otredad que en todo momento ha nacido del interior del pueblo. El violín coquetea con las notas de ese tema secundario que se había aparecido en dos ocasiones. Completando su sentido… Para desencadenarse rabioso en el Tema de la Duda-Secreto. Un tema que acompaña el descubrimiento del rostro de Noah y su muerte en el pozo.

Los habitantes del puebloEl Tema de la Duda-Secreto se repercute con una intensidad asombrosa. Pues asistimos al momento en que por primera vez se explicita la culpa de los Mayores, la capacidad auto-destructiva del modo de vida que han creado en el pueblo. La víctima inocente que es Noah. Víctima de esa Duda-Secreto. De ese pasado de dolor que ha permanecido escondido en las cajas. El desplegarse del violín -que pasa del algo pasa aquí dentro al mirad lo que habéis hecho- se muestra en su máximo dramatismo. Presenciando el rostro moribundo de Noah, entre sollozos. Llegando a cuotas de integración musical increíbles… cuando la banda sonora lleva a la película de la mano. Más allá de cualquier clasificación. El tema no para de crecer demostrando aún más la responsabilidad de la farsa, que ha ensombrecido y creado dudas dentro del pueblo. La única Otredad es finalmente la Otredad de la Mentira. Y su dolor.

El violín y la llegada de los metales solemnes acompañan la aparición de Ivy junto al pozo. En una imagen que, sin imponer el desarrollo musical de un tema concreto, sí evidencia lo innegable de la ley de vida: una esencia (musical) ha perecido en el bosque para el triunfo de otra esencia. La esencia del Amor y el Pueblo. Tras ese plano volvemos al cuerpo moribundo de Lucius. En el punto en que hablan de sus ganas de vivir, de la fuerza que aún el une a Ivy (a su Destino)… se despliega el subtema del Hogar. Aquel que antes había emanado del Tema de Amor Ivy-Lucius, cobra ahora un nuevo sentido mesiánico al repercutirse cuando la joven encuentra el camino de salida. En una unión magnífica de la expectativa de una seguridad hogareña, de una perpetuación de la vida en el pueblo, junto con el tránsito heroico de Ivy. Un subtema que, considerándolo o no nacido del Tema Principal, emana con fuerza de Ivy. La guía hacia la salvación de Lucius, como heroína del Umbral. Pero, al mismo tiempo, se produce en el seno del pueblo el acontecimiento fundamental de la revelación. Finalmente se completa la redención de la Duda y la Culpa con la apertura de las cajas de recuerdos (que en este caso desatan las piezas de un puzzle y no los desastres de Pandora… aunque su sombra aún planee). En su último y su más amplio desarrollo, el Tema de la Duda-Secreto abandonará su preparación misteriosa para revelar el contenido el pasado del pueblo. La clave siempre subterránea de The Village. El Tema crece poco a poco desde un nivel sonoro apenas perceptible, con las voces en off de cada uno de los Mayores. Poco a poco escuchamos como se abre con la llegada de la progresión y el despliegue del violín por debajo. Repercutiéndose en una modulación ascendente, reveladora. Uno, dos, tres tonos. Hasta detenerse en un clímax roto por la sirena del jeep. La revelación chocará aquí con la realidad externa a la película, fuera del pueblo y fuera de los bosques. Más allá de la Duda-Secreto.

Noah e IvyCuando Ivy trata de convencer al joven guardia, escuchamos insinuarse un subtema -quizá sólo un motivo- que había sonado mucho antes, durante la escena del cortejo entre Ivy y Lucius, en la conversación tras la carrera con Noah. Esa elaboración del Tema de Amor Ivy-Lucius nos devuelve a una flauta débil que subraya la sensación onírica del momento, con esa carga de felicidad lenta que ya parecía insinuar en su primera aparición. Sólo que ahora se repercute con una ternura aún mayor y con la nueva significación de la exterioridad. De la capacidad de la heroína para convencer, mediante el Amor, a los hombres del exterior. A aquella amenaza tan oscura de la que los Mayores han intentado protegerles mediante la Otredad. El violín se levanta tímidamente para sustituir el sonido de la flauta, junto con el resto de cuerdas. En el momento crucial, en el convencimiento de Ivy para conseguir la salvación de Lucius, escuchamos ese desarrollarse dulce del motivo. Como envolviendo al guarda en el Poder del Amor, de la Ternura que emana Ivy. En el poder de la fragilidad y la preservación del Pueblo. Tras la aparición del amigo Shyamalan, escuchamos de nuevo el subtema del Hogar. Ivy camina decidida con las medicinas, de vuelta a casa. La música inunda de seguridad y candor los planos… las imágenes del bosque. Completándose así el triunfo definitivo del Amor sobre cualquier amenaza de Otredad, perpetuándose en Ivy y Lucius (que ningún espectador cree ya que pueda morir). No escuchamos el violín desplegado de la Duda-Secreto, ahora sólo el la tranquilidad de la línea melódica; incorporándose el sentido de la salvación de Lucius, con armonía. La mentira ha sido desvelada y anulada la Otredad… y hasta el Bosque puede llenarse de la música frágil pero poderosa del Pueblo. Esparciéndose entre los árboles, en su seguridad-hacia-el-Hogar. La confirmación del Tema Principal sólo esperará un instante. El momento en que un motivo del Tema de la Fragilidad post-Noah (o así nos parece intuir) acompaña el conocimiento de la muerte de Noah; la tristeza de sus padres. Tristeza que es convertida en solemnidad digna por los metales que acompañan la voz de William Hurt. Prometiendo un entierro digno que honre su memoria, considerándolo el salvador de su modo de vida. De la mera existencia del pueblo (Your son has made our stories real. Noah has given us a chance to continue this place…). Ese preciso momento, cuando se plantea la viabilidad de seguir con su modo de vida, de seguir con el pueblo… marca la entrada del Tema de Amor Ivy-Lucius, ya constituido como Tema Principal. De pleno derecho. La solemnidad y el significado de ese instante son subrayados por la música repercutida. Ahora es el metal solemne el que lleva la melodía, cobrando aquí el sentido del triunfo del Amor-Pueblo, garantizando su curso de vida. Dándole una importancia amplificada que engloba el trayecto de la película. Los Mayores se levantan, uno por uno, mientras el Tema crece y crece perpetuando la posibilidad de The Village. Ese clímax de sublimación ético-colectiva, de significado verdadero de la música cinematográfica, cede ante la necesidad de cerrar el ciclo. De mostrar a Ivy junto a Lucius una vez más. La heroína, con los ojos bañados en lágrimas, coge la mano de su amado mientras se desliza su Tema de Amor: con las notas de piano que lo vieron nacer. Que lo vieron cobrar sentido: I'm back, Lucius. Los créditos finales evidencian el doble sentido de la película, el triunfo y la revelación frente a una Otredad que sólo puede salir de-dentro. Si la película comenzaba con aquellos sonidos oscuros… acaba con la música de un poderoso argumento: el Amor.

3.- Esquema temático

Para una mejor identificación de los temas tratados, incorporo un pequeño esquema con la distribución de los espacios sonoros, sus temas y sus momentos característicos:

A) Espacio del Pueblo: Tema de Amor Ivy-Lucius= Tema Principal (Tema Central A que se impone al B) [Nace tras la nana de Ivy/Vence a la Otredad en la batalla del pueblo/Une a los amantes en el porche/Acompaña a Ivy cuando pide buscar las medicinas para Lucius/Acompaña a Ivy cuando su padre le revela los secretos/Se revela triunfador en la escena final/Une a los amantes en la escena final/Se despliega en los créditos]

Subtema del Hogar (desarrollo del Tema de Amor Ivy-Lucius) [Aparece después del Tema Principal tras la lucha en el pueblo/Acompaña a Ivy cuando encuentra el camino hacia las medicinas/Acompaña a Ivy en la vuela a casa tras conseguir las medicinas]

Subtema del Amor-Imposible (desarrollo del Tema de Amor Ivy-Lucius) [Se insinúa cuando Lucius habla a su madre de su amor oculto por el Sr. Walker/Se desarrolla en el momento de encuentro entre la Sra. Hunt y el Sr. Walker]

Subtema/Motivo del cortejo (desarrollo del Tema de Amor Ivy-Lucius) [Aparece con la llegada de Ivy junto a Lucius para su primera conversación, junto a Noah/Acompaña a Ivy cuando convence al guardia de la reserva para que la ayude]

Tema de la Duda-Secreto (Tema Central A' del Pueblo) [Se prepara con el primer reflejo de la Otredad y con la tristeza melancólica del padre junto a Lucius/Se insinúa en la discusión de Lucius con su madre, sobre los secretos del pueblo/Aparece cuando Lucius relata a los Mayores las escapadas de Noah/Se aparece tímidamente en el fragmento que acompaña el consuelo del Sr. Walker a Lucius/Se despliega con fuerza tras ver a Noah con las manos llenas de sangre/Acompaña a Ivy al abrazar el cuerpo de Lucius en el suelo/Se despliega cuando su padre cuenta a Ivy el Secreto/Se abre durante la discusión de los Mayores sobre el Secreto/Se despliega con fuerza en la muerte de Noah/Se culmina y concluye con la revelación del pasado al abrir la caja]

Tema de la Fragilidad post-Noah (Tema secundario del Pueblo) [Aparece con las imágenes cotidianas del pueblo al inicio, tras las risas de Otredad de Noah/Vuelve después del apuñalamiento de Lucius, tras la Otredad personificada en Noah/Vuelve al descubrirse la verdad sobre Noah, tras haberse vestido como la Otredad y muerto como tal/Se insinúa finalmente en su recuerdo al redimirlo como digno salvador de la mentira]

(a-b) Espacio del Entre: Tema de la Frontera + Umbral de Ivy (Percepción) [Marca los tránsitos de la Frontera y los tránsitos perceptivos de la heroína]

B) Espacio de la Otredad: Tema(s) de la Otredad (Magma sonoro que compone el Tema Central B que acaba siento vencido, disuelto, por el A) [Tiene múltiples presencias pero 3 momentos clave: el asalto al pueblo, el caos tras la boda y la batalla en el bosque]

NoahMATICES: Por último, creo importante recordar que este análisis no pretende erigirse como totalidad cerrada. La disposición del esquema temático es de todo menos rígida, pues debe entenderse a partir del desarrollo progresivo que desliza la película. No como un modelo irrenunciable, sino como una interpretación personal de aquello que va revelándose durante el visionado. Interpretación que, como la música y la película, va transformándose en cada fotograma. A partir de esos dos espacios sonoros, el dinamismo de la música deja abiertas múltiples posibilidades. En el caso de la Otredad sí podemos hablar -siempre con prudencia- de un conjunto constituido de sonidos y músicas. Con esa idea de espectro, de fuera de campo visual y sonoro, se trabaja perfectamente la indefinición y heterogeneidad del bosque, de su acechar y deslizarse entre sombras. En cambio, en el espacio del Pueblo se suceden gran variedad de músicas. En nuestro análisis hemos optado por organizarlas de un modo determinado, pero en todo momento deben concebirse como parte de una misma entidad conceptual. De algún modo todas emanan del corazón simbólico del pueblo, de las entrañas identitarias de la comunidad. Pese a que se totemicen en el Tema Principal o se desarrollen dinámicamente, con cambios y variaciones, hay entre ellas la constante de oponerse a la Otredad. De saberse como un espacio sonoro que, a lo largo de la película, se expande proyectando más y más luz. Es tal el grado de evolución, que incluso en el mismo Tema de la Frontera podrían reconocerse parentescos con temas del pueblo. Desde luego, absorbe un trasfondo mucho más definido y tonal que la Otredad, dado que el límite fronterizo se aborda casi siempre desde el lado de lo humano. Dentro del espacio sonoro del Pueblo la clasificación temática debe entenderse como guía, no como cerrojo analítico. Los temas se relacionan unos con otros. En ocasiones parecerá que un simple fragmento sólo acompaña enriqueciendo las imágenes, pero en otro momento puede presentarse de nuevo con entidad propia... incluso mezclado con otra de las ideas que surgen del pueblo, orgánicamente desarrollado. Hasta cierto punto eso mismo ocurre entre el Tema Principal y el Tema de la Duda-Secreto. Mientras el primero cobra fuerza en su oposición con la Otredad, en su poder expansivo de amor y esperanza; el segundo abre de par en par las puertas del enigma en el interior de pueblo. Las músicas de la Duda-Secreto actúan como catalizadores de la película, revolviendo la identidad del conjunto desde dentro. Un revolverse que tiene como fuerza impulsora la expansión del Tema Principal. Siendo el amor Ivy-Lucius, como emblema musical del futuro y la seguridad del Pueblo, la línea que integrará su espacio sonoro. Con el flujo subterráneo y revelador de sus desarrollos. Ante el espectro de la Otredad y desenmascarando el corazón del Secreto. Semejante evolución musical, abierta pero tan inteligentemente construida, convierte a la banda sonora de The Village en una experiencia increíble. Más allá de las certezas, en el umbral de nuestra existencia y su fuera de campo auto-proyectado.

© Manuel Garín, 2006


Temas del disco

Banda sonora de The Village1. Noah Visits (02:35) 2. What Are You Asking Me? (06:01) 3. The Bad Color (03:57) 4. Those We Don't Speak Of (03:59) 5. Will You Help Me? (02:34) 6. I Cannot See His Color (01:31) 7. Rituals (02:01) 8. The Gravel Road (04:31) 9. Race To Resting Rock (01:16) 10. The Forbidden Line (02:17) 11. The Vote (06:03) 12. It Is Not Real (03:36) 13. The Shed Not To Be Used (02:03)

(*) Manuel Garín fue alumno de Conrado Xalabarder en la Universidad Pompeu Fabra y por el presente trabajo obtuvo Matrícula de Honor. Ha sido publicado en Mundobso con su consentimiento.