LES CHORISTES (2004)
Título
en castellano: Los chicos del coro
Director: Christophe Barratier
Música: Bruno Coulais
En un reformatorio de rígidas normas, un profesor intenta ayudar a sus conflictivos alumnos a través de la música.
Por María Martos (*)
1.- Introducción
Les
choristes, al igual que su música, busca la emotividad, ya sea a través
de la bondad intrínseca de todo niño, a través de unos adultos que no pierden
la esperanza y, sobre todo, a través de las voces que inundan El fondo del
Estanque y, por consiguiente, la banda sonora de la película. Dirigida por
Christophe Barratier, narra una historia que puede parecernos familiar, y no
únicamente porque se trate del remake de La Cage aux Rossignols
(47), ciertamente poco conocida, sino porque el tema ha resultado algo recurrente
a lo largo de la historia del cine. A modo de ejemplo, recordemos The
Sound of Music (65), con la que mantiene cierta semejanza. En Les
choristes se nos demuestra, una vez más, que la música amansa las fieras,
es decir, que es capaz de sonsacar la inocencia escondida de unos alumnos algo
difíciles que, a pesar de su juventud, lo han pasado mal en la vida. Y en contra
de la música, una voz autoritaria, el director del internado o, en el caso de
los Von Trapp, un capitán retirado que ejerce como tal para mantener el orden
familiar.
Nueve meses antes del rodaje, Barratier y Bruno Coulais empezaban a trabajar conjuntamente para lograr que la banda sonora se convirtiese en lo que es, una pieza clave en el desarrollo del filme. Las nociones musicales de Barratier le llevaron incluso a componer dos de los temas: Cerf-volant y Nous sommes de Fond de l'Étang (que aunque poco importantes, juegan su papel de manera digna). Cada uno de los temas, interpretados mayoritariamente por Les Petits Chanteurs de Sain-Marc, resultan agradables a oídos del espectador, hasta el punto que, después del éxito de taquilla (principalmente en su país de origen, Francia) la versión editada de la banda sonora ha resultado un nuevo triunfo. Pero sabemos que una buena música o, al menos, una música que agrade, no tiene porque convertirse en una buena banda sonora. El presente análisis es un intento de averiguar qué es lo que convierte cada uno de los temas de Les choristes en una buena e insustituible banda sonora y, por consiguiente, en una música absolutamente integrada en el filme.
2.- Consideraciones previas
Desde
las primeras notas que suenan, poco después del inicio del filme y acompañando
los títulos de crédito, se indica que ninguno de los temas que completan la
banda sonora está escogido al azar. Este primer tema, tal y como a posteriori
descubriremos, es un ejemplo de ello, pero hay más. El tema
inicial, una pieza de Johann Strauss II, es una de las pocas piezas que
no se repite ni se repercute
a lo largo del filme. La mayor parte de los temas, al ritmo del argumento, se
desarrollan, incorporan voz y pasan a formar parte de la banda sonora de los
jóvenes protagonistas. Tales repercusiones afectarán el significado global de
la música y, consecuentemente, la narración.
Clémond Mathieu, músico fracasado y profesor, llega a El fondo del Estanque con pocas esperanzas y con poca música (y la poca que lleva, guardada en una cartera, bien escondida y protegida o, al menos, así lo piensa). El propio argumento hará que la banda sonora de Mathieu, personaje que interpreta Gérard Jugnot, se enriquezca hasta estar repleta de canciones vocales, algunas de las cuales ha compuesto él mismo. Observamos, por tanto, que el hecho de que los temas se interpreten con o sin voz no es aleatorio. Incorporar a un tema la voz inocente de los niños del internado es darle esperanza y convertirlo en un tema altamente expansivo. Esta música es capaz de llegar a todos: a una madre decepcionada por el comportamiento de su hijo, a un director que parece poseer algo de bondad en lo más profundo de su ser, o a un profesor que, por primera vez, confía en sus capacidades con la música. Otra cuestión a destacar es el uso de la música diegética, de la falsa diégesis y de los tránsitos a música incidental o a la inversa. Aunque esto se detallará al hablar de cada tema en concreto, es importante remarcar que en este caso la diégesis amplifica la fuerza de los temas y, a la vez, los acerca más al espectador.
Nos
encontramos ante una banda sonora de carácter mayoritariamente empático,
que refuerza el sentido sugerido por el resto de elementos cinematográficos.
Esto provoca que los sentimientos transmitidos traspasen la vertiente únicamente
visual y amplifica las posibilidades de hacer llegar
tales sentimientos al espectador.
3.- Estructura musical
La banda sonora de Les choristes, como suele ocurrir en la gran mayoría de películas, se estructura de forma jerárquica en base al poder y la relevancia de cada uno de sus temas. Aunque esta jerarquía no se presenta con excesiva evidencia, un visionado repetitivo nos permite percibir los intentos por ocupar más territorio auditivo de algunos de los temas.
Empieza
la película. Pierre Morhange, de quien hasta ahora sólo sabemos que es director
de orquesta, dirige Una vida de artista, pieza de Johann Strauss II,
a la vez que aparecen los primeros títulos de crédito iniciales. Y aunque, a
menos que ya se conozca la pieza que interpreta la orquesta, hay que indagar
para conocer su título puesto que en la película no se nos indica en ningún
momento, al saberlo se nos hace evidente algo que posteriormente corroboraremos:
Pierre Morhange es un artista. El tema
inicial se convierte en un gran resumen de aquél amplio fragmento
de la vida de Morhange que no vemos, es decir, desde que abandona el colegio
para ingresar en una escuela de música de Lyon, hasta la muerte de su madre,
cuando ya se ha convertido en un reconocido músico. Las primeras notas del tema
se identifican como música incidental,
a la vez que vemos a Pierre Morhange que se prepara para el concierto. Pero
poco después, sin ningún salto en la música, le vemos dirigir una orquesta y,
a pesar de no ver los instrumentos que interpretan dicha partitura, reconocemos
la diégesis del tema. Es en este punto, y no antes,
cuando vemos el título de la película. Pero los créditos prosiguen, y con ellos
el tema inicial, que vuelve a convertirse en la música incidental que acompaña
el coche de Morhange por las carreteras de la campiña francesa. Este tema, preexistente,
no volverá a aparecer, su misión acaba cuando acaban los títulos, aunque ésta
no es realmente efectiva si no se conoce el título de la pieza en cuestión.
A lo largo del film hay dos temas centrales que luchan por aumentar su cuota de poder y convertirse en tema principal: Caresse sur l'ocean y Vois sur ton chemin. Esto crea un conflicto entre ambos que implica ciertas dificultades a la hora de decidir cual de ellos se convierte, definitivamente, en el tema principal. La lucha entre iguales que se desarrolla entre éstos, una lucha pacífica y respetuosa, eso sí, nos hace concluir que ambos son temas centrales y que, aunque en determinados momentos cada uno de ellos consigue posicionarse por encima del otro convirtiéndose en principal, no hay uno que actúe en esta posición de forma constante, por lo que nos referiremos a ambos bajo la denominación de temas centrales.
A.- Caresse sur l'ocean
Es
el tema de Clémond Mathieu. Con este tema le recuerdan, cincuenta años después,
Pepinot y Morhange, lo que demuestra que, mientras siga viva su música, seguirá
vivo su recuerdo. Mathieu no está físicamente presente en este encuentro entre
los dos viejos compañeros, pero su recuerdo impregna ese momento, tanto en las
primeras escenas del filme, antes del gran flashback, como al final,
cuando Morhange ultima la lectura del diario del maestro. En ambas escenas nos
referimos a un tema instrumental, dulce y tranquilo, que recupera la memoria
de una personalidad frustrada pero con empeño. Esta misma versión se repite
varias veces a lo largo del gran flashback, siempre coincidiendo con
la voz en off de Mathieu, quien a la vez perpetúa sus vivencias en forma de
memorias. Podemos hablar, por lo tanto, de un tema no únicamente del personaje,
sino también de sus recuerdos, de un tema que se expande hacia todos aquellos
que, retrocediendo al pasado, son capaces de recordarle. A nivel
dramático gracias a este tema se refuerzan las características del personaje,
lo que facilita que se le recuerde tal y como era. Espacialmente se sitúa en
dos niveles distintos: para aquellas escenas en que el personaje se encuentra
en pantalla se posiciona en el nivel de las sensaciones, mientras que cuando
Morhange y Pepinot le recuerdan, el tema asume el estatus de referencia de un
personaje que ya no está.
Abril. Estos niños me inspiran. Sabía que algún día se interpretaría mi música. Me llamo Clémond Mathieu, soy músico y todas las noches compongo para ellos.
¿Qué ocurre cuando este tema es interpretado por las voces de los coristas? Nos encontramos ante un tema repercutido y no variado, puesto que su significado también cambia. Esto sucede a los cincuenta minutos de película: la voz en off de Clémond Mathieu inunda las primeras imágenes de un montaje de secuencias entre las cuales vemos al profesor componiendo para sus alumnos. Sabía que algún día se interpretaría mi música, nos dice. Y así es, por primera vez su tema es interpretado por las voces infantiles, adquiriendo poder y, a la vez, esperanza. El tema pierde parte de su tono melancólico para conquistar el espacio de los niños, repleto de optimismo, a pesar de las dificultades con las que se enfrentan a diario. Ahora Mathieu siente que, después de todo, su esfuerzo tiene sentido y la música que lleva dentro ve la luz por primera vez.
La
entrada de Caresse sur l'ocean con voz se anticipa al montaje, enlazándolo
con los últimos segundos de la secuencia anterior a éste (la visita de la Sra.
Morhange a su hijo). En toda la primera parte del montaje nos encontramos frente
a una música incidental, instrumentalizada
y con unas voces cuyo origen no vemos en pantalla. A lo largo de las secuencias
no sólo se nos explica el nuevo sentido que ha adquirido la música de Mathieu,
también vemos que algunas cosas siguen igual (Pepinot espera que su padre le
vaya a buscar, Mondain es azotado) y que otras están adquiriendo una nueva dimensión
(los niños juegan felices, el director tiene un cierto aire comprensivo…). Aunque
no se pueda decir que en estas escenas la música adopte un nivel
sonoro bajo, en determinados momentos cede su protagonismo a los sonidos
diegéticos de las secuencias. Es
en la última secuencia del montaje cuando se produce el tránsito de música incidental
a diegética. Nos encontramos frente a una falsa
diégesis, puesto que a pesar de ver al coro ensayando, el tema sigue tan
instrumentalizado como lo era al principio. La música adquiere el mismo poder
y significado que el tema en su vertiente incidental, pero a la vez refuerza
las palabras de Mathieu, ya que certifica que su tema es interpretado por los
niños. En este punto la música alcanza el mayor nivel sonoro de todo el montaje,
es ahora realmente cuando el tema se oye y, sobre todo, se escucha, lo que permite
relacionar el tema con aquellos fragmentos sin voz que ya hemos oído y que seguiremos
oyendo a lo largo del filme, puesto que éste no volverá a ser interpretado por
los niños.
B.- Vois sur ton chemin
Es, en primer lugar, el tema de los niños. Se trata de un tema que se construye a medida que la bondad de los alumnos aflora, y lo hace gracias a dos fragmentos que se van repitiendo en diferentes escenas de la primera mitad de la película. El primer atisbo de bondad lo percibimos en Le Querrec, cuando Mathieu descubre que ha sido él quien ha provocado el accidente de Maxence. A la vez que el vigilante se da cuenta del arrepentimiento del niño, a la vez que lo hace el espectador, es entonces cuando por primera vez oímos este fragmento. De nuevo se repetirá mientras, cumpliendo su castigo, Le Querrec cuide del anciano herido y Mathieu le increpe para que reconozca lo poco merecía Maxence sufrir las consecuencias de sus travesuras. En esta primera parte también se puede oír una versión algo más tenebrosa de este fragmento. Se trata de una variación, puesto que el significado apenas cambia. Pero lo que sí que consiguen estas notas iniciales algo diferentes al fragmento ya descrito es hacer dudar al espectador de la bondad de los alumnos (principalmente cuando Mathieu abre la puerta del dormitorio y nota la ausencia de sus partituras). El fragmento seguirá, se suavizará, y nos daremos cuenta de que lo que ha impulsado a los niños a robar las partituras es simple curiosidad, aunque saben que ese comportamiento no es adecuado. Estos cortos fragmentos constituyen una música de nivel sonoro bajo que remarca algo que poco a poco empieza a hacerse evidente: los niños son como son porque así se les ha tratado, pues en el fondo, tras esas almas traviesas, se esconde auténtica bondad. De esta manera, a nivel dramático la música va aportando una nueva dimensión de los alumnos que iremos construyendo y descubriendo al ritmo de este tema. Una vez más nos encontramos ante una música que se posiciona, espacialmente, a ras de las sensaciones y del carácter.
La
primera vez que oímos su letra es en boca de Morhange, que canta desde el aula
donde habitualmente ensayan sus compañeros. El tema se convierte en música auténticamente
diegética: la fuente musical es Pierre,
sin instrumentación alguna. En este momento el tema adquiere poder, de la misma
manera que se ha descrito con Caresse sur l'ocean. Pero el poder máximo
lo alcanza pocos minutos después. Es tal la fuerza que aporta la voz al tema
que éste vence el tema de Mathieu y de la memoria, posicionándose como tema
principal. En este caso los recuerdos en off no se acompañan del tema
central ya analizado, sino de Vois sur ton chemin interpretado por
las voces acompañadas de instrumentación y posicionándose, durante unos minutos,
como tema principal:
3 de marzo. Él no lo sospecha, pero yo estoy seguro: su voz es un milagro, la promesa de un don excepcional. Poco a poco, mientras el coro progresa, voy domesticando a mi nuevo alumno.
Un montaje de secuencias ilustra el tema y estas palabras. El tema que hemos definido como propio de la bondad y de los niños se centra ahora en Morhange y se expande hacia Mathieu. A lo largo del fragmento volvemos a presenciar los tránsitos entre música incidental y falsa diégesis. En las secuencias de música incidental sólo la voz en off de Mathieu será capaz de rezagar la música a un nivel sonoro más bajo. Ni su propia voz diegética (cuando da lecciones a Pierre, por ejemplo) será capaz de impedir que oigamos y escuchemos este tema que está tomando tanta importancia.
Hemos
hablado ya de la expansión del tema de los niños hacia Mathieu. Es momento ahora
de ver cómo se expande hacia otro personaje: la madre de Morhange. La
versión fragmentada e instrumental de Vois sur ton chemin acompaña las
apariciones de Violette. Bajo un nivel
espacial de referencia, el tema actúa como único vínculo en común entre
Mathieu y la madre, ya que nos remite la presencia de Pierre, centro de sus
conversaciones y motivo de sus encuentros. Sería incoherente crear un tema propio
que uniera a ambos personajes porque no hay relación alguna fuera de Morhange,
a pesar de los deseos del vigilante por ocupar algo más en la vida de Violette.
Cuando Pierre deja de ser el centro de la conversación -en el encuentro en el
café de la plaza- no tiene sentido vincular a los personajes ni tan solo con
el tema de los niños y por eso, muy acertadamente, se opta por el silencio.
C.- El desenlace
Como
se ha comentado anteriormente, la incorporación de voz a los temas les hace
adquirir una mayor dimensión y les otorga un poder natural. Aunque ya se ha
argumentado la dificultad por considerar uno de los dos temas
centrales descritos como tema principal
es necesario trasladarse hasta las últimas escenas de la película para ver quien
es el último en vencer.
Que Morhange finalice la lectura no significa que los recuerdos acaben. Pepinot está allí para informar a Pierre de todo lo que aconteció tras la marcha de Mathieu. Los recuerdos siguen, y aunque esta vez son en voz de Pierre, Caresse sur l'ocean sigue presidiendo la melancolía por los tiempos pasados y la ausencia convertida en presencia del profesor de música. Cuando parece que son los recuerdos los que vencen aparece de nuevo el tema de los niños, en forma de música incidental y, una vez más, con voz. Mathieu llegó a la escuela con poca cosa: poca esperanza, algo de frustración y apenas un tema central. Ahora se va con un sinfin de canciones, quizá con algo de tristeza, y por encima de todo, con Pepinot. Por eso se lleva el tema de los niños y, no podía ser de otra manera, interpretado por sus voces. Con ello gana Mathieu, pero también ganan los niños, que se verán librados de Rachin y de sus métodos de enseñanza. Las voces de los alumnos de El fondo del Estanque acompañarán a Mathieu en su camino, haciendo honor al tema vencedor: Vois sur ton chemin - Voces en tu camino.
El
contratema es Kyrie y, por consiguiente, todos y cada uno de los motivos
que de él forman parte. Hablamos, por lo tanto, de un tema que, como veremos,
se opone a los temas centrales ya
descritos. Como decíamos, hay dos motivos principales que forman parte de este
tema y que se van repitiendo a lo
largo del filme. El primero es un tema puramente instrumental, mientras que
el segundo incorpora una voz algo tétrica que interpreta tan solo una vocal.
De manera parecida a como hemos visto que sucedía con Vois sur ton chemin
estos motivos desembocarán en un tema que finalmente adquirirá una voz que interprete
su letra. Son estos motivos los que acompañan a Mathieu en su llegada a El
fondo del Estanque. El tema del vigilante pierde poder frente a la autoría
de Rachin y del internado, pues este es el principal significado de Kyrie. Estos
motivos se expanden tempranamente hacia un personaje que ingresa en el internado
después de la llegada del vigilante. Se trata de Mondain, un adolescente conflictivo
que supone un mal ejemplo para los alumnos. Que este personaje se adhiera al
contratema no es casual. Kyrie
no significa para Mondain la autoridad, sino la rebeldía contra ésta pero, por
encima de todo, significa un carácter totalmente opuesto a la dulzura y a la
bondad innata del resto de los alumnos. Así como en ellos es posible encontrar
un atisbo de bondad, nunca lo encontraríamos en un personaje como Mondain, con
una música como la que pronto se hace suya.
El motivo que principalmente corresponde a este personaje es el puramente instrumental. A través de éste se enfrenta varias veces a Mathieu, imponiendo su motivo sin respeto alguno. No es hasta el incendio de la escuela que su aparición en pantalla incorpora el motivo más tenebroso, el que pronuncia a penas una vocal. Ahora más que nunca, y a modo de venganza, Mondain se enfrenta contra los métodos de Rachin con la misma medicina: acción-reacción. Sonoramente estos cortos motivos se sitúan, mayoritariamente, en un nivel bajo. Sin abusar de ellos se van haciendo presentes, lo que permite que el público los reconozca en el momento adecuado. Como la mayor parte de la música de Les choristes, Kyrie actúa como música empática, provocando en el espectador, sobre todo, una actitud de duda y a la vez miedo por lo que pueda ocurrir a los alumnos, ya sea de manos de Rachin como de Mondain. De esta manera podemos hablar de un tema que se sitúa, dramáticamente, a ras de los personajes, pues debido al carácter de ambos, el público, como también el resto de los personajes, les teme.
Estos
motivos ya descritos constituyen un tema que, una vez más, adopta su mayor dimensión
en boca de los niños. Kyrie eleison, cantan ellos, es decir: Señor, ten
piedad. Sólo en su boca tendrán sentido estas palabras de compasión, y de forma
muy especial en el momento en que se emiten: el coro ha sido prohibido y debe
actuar desde la clandestinidad. Aunque el tema se anticipa a la entrada de la
escena para conseguir un enlace armónico, hablamos de música diegética,
ya que podemos contemplar los jóvenes cantores mientras interpretan el tema
sin instrumentación alguna. Las voces infantiles consiguen retirar parte del
terror que transmitían los motivos. Situándose en el mismo nivel
espacial de la acción, Kyrie se convierte ahora en un tema que hace
honor a su letra y a esta súplica de compasión. Algo parecido sucede en la escena
del incendio, aunque en este caso tenemos que hablar de música
incidental e instrumentalizada. La música nos hace caer en la trampa, haciéndonos
pensar que, desde el interior del internado, los inocentes niños piden auxilio.
Sólo sus propios gritos, desde el fondo del camino, consiguen acallar lo que
nos había parecido una demanda de socorro. En boca de los coristas Kyrie
pierde parte del carácter de contratema
que tenían los motivos que lo forman. Si era evidente como estos se oponían
a los temas centrales, esta repercusión
del tema le hace perder gran parte de esta cualidad y le convierte en un tema
que se expande hasta alcanzar las voces infantiles.
Sin pretender entrar en un análisis detallado de éstos, mencionaremos la presencia de varios que consiguen enriquecer esta banda sonora a servicio del argumento. Estos temas son, en orden de aparición, los siguientes: Nous sommes de Fonde de l'Étang, Compère Guilleri, Lueur d'éte, La nuit y Cerf-volant. Estos temas van apareciendo al ritmo que progresan los alumnos, como parte de sus lecciones de música, de forma diegética, en falsa diégesis y también como música incidental. Alguno de ellos, como Cerf-volant, consigue incluso relegar de su posición a Caresse sur l'ocean, ocupando el recuerdo y la voz en off del maestro cuando éste abandona la escuela. Y es que, como ya ha sido comentado, Mathieu llegó con poca música, pero parte con muchas canciones.
Por
definición, el tema final
es aquél que acompaña los títulos de crédito de cierre. ¿Puede una película
incorporar dos temas finales? Pueda o no, es algo así lo que ocurre en Les
choristes.
Los primeros títulos de crédito vienen acompañados de Vois sur ton chemin,
mientras, de fondo, vemos el camino por el que se alejan Mathieu y Pepinot.
El tema acaba, los títulos pasan a fondo negro, y empieza un nuevo tema junto
con el resto de títulos: Kyrie. ¿Tiene algún sentido que los cantores
sigan reclamando piedad ahora que Rachin ha tenido que abandonar el internado?
Aparentemente no, y si lo tiene, es de difícil justificación. Vois sur ton
chemin, en cambio, resulta un tema de cierre muy adecuado. Con esta interpretación
vocal se hace referencia a los niños de El fondo del Estanque, pero también
proyecta el devenir de Mathieu como profesor de música. Las voces y las canciones
del internado, y este tema en concreto, nos sugieren un futuro esperanzador
para un profesor de música que se lleva mucho más de lo que tenía cuando, a
su llegada, recorría este mismo camino en sentido contrario.
© María Martos, 2006
Temas del disco
1.
Les Choristes (01:32) 2. In Memoriam (03:25) 3. L'Arrivée Ecole (01:32) 4. Pepinot
(01:50) 5. Vois sur ton Chemin (02:19) 6. Les Partitions (01:03) 7. Carresse
sur l'Océan (02:10) 8. Lueur d'Eté (02:02) 9. Cerf-Volant (00:58) 10. Sous la
Pluie (01:05) 11. Compère Guilleri (00:35) 12. La Désillusion (01:22) 13. La
Nuit (02:20) 14. L'Incendie (01:23) 15. L'Evocation (01:45) 16. Les Avions en
Papier (01:28) 17. Action - Réaction (01:45) 18. Seuls (01:53) 19. Morhange
(01:57) 20. In Memorium A Capella (03:19) 21. Nous Sommes de Fond de l'Etang
(02:46)
(*) María Martos fue alumna de Conrado Xalabarder en la Universidad Pompeu Fabra y por el presente trabajo obtuvo Sobresaliente. Ha sido publicado en Mundobso con su consentimiento