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GASES TÓXICOS

13/05/2016 | Por: Conrado Xalabarder

Hoy se estrena en España el filme The VVitch: A New-England Folktale (La bruja, en su título español), película de la que por sus excelencias venimos hablando en MundoBSO desde hace unos días. Puede sonar extraño, pintoresco y hasta extravagante, pero realmente creo que aparte de en pantalla grande y mejor en horas nocturnas la forma ideal de verla es con una mentalidad calvinista, la de los personajes del filme, para ver lo que se relata desde su perspectiva, como si se fuera uno de ellos. En otras palabras: ser por un par de horas cristianos radicales, temerosos de Dios, tolerantes con algunas formas de violencia pero absolutamente intransigentes con cualquier manifestación sensual que pueda provocar el inmediato castigo divino. Lo normal, vamos, en lo que es parte de la sociedad norteamericana actual, heredera de esos colonos calvinistas: fanáticos defensores de la pena de muerte o de la posesión de armas a la vez que intransigentes ante exhibiciones de pechos femeninos o aventuras extraconyugales...

Creo sinceramente que es una buena manera de ver la película, sin marcar distancias, para así llegar a comprender lo necesario y vital que es quemar brujas o hechizados aunque sean de la propia familia, para evitar contagios y contaminaciones que pongan en peligro la integridad de la propia alma. Para participar activamente, en definitiva, en la fiesta de la histeria fanática... de acuerdo, nadie me va a hacer caso. Sabiamente. Pero no hay problema porque seguramente se verá calvinistamente gracias a la música.

Me permito -y a partir de ahora prometo hablar completamente en serio- trasladar aquí los dos párrafos con los que resumí mi comentario sobre la banda sonora de Mark Korven:

"La música de este filme tiene dos objetivos principales que cumple con excelencia: el primero de ellos es ir calando poco a poco en el espectador, para generar turbación y desasosiego, una pesadilla en la que nada de lo que explica la música es concreto y definido, y por tanto no puede racionalizarse. Son ambientes incómodos, hostiles, sutiles y muy tóxicos, que poco a poco van aprisionando a los personajes, generando una atmósfera de locura y desesperación, muy fatalista.

A la asfixia que provoca se suma su refinamiento: no es en absoluto una música vulgar sino elaborada, lo que es más hiriente y dañino porque evidencia que aquello que ataca es muy poderoso y cruel. Y como en tantas otras ocasiones, la música no es otra cosa que la avanzadilla de los acontecimientos y la voz de aquello que aparentemente no se expresa ni habla: el bosque, la bujería, la cabra negra..."

En realidad este comentario es perfectamente aplicable a bastantes otras películas, aunque se puedan añadir (o quitar) matices específicos. Son esas bandas sonoras que no están estructuradas en base a temas que el espectador pueda racionalizar, sino que se conforman de una sucesión de músicas (con o sin efectos sonoros) que generan ambientes y atmósferas enrarecidas, venenosas, tóxicas, nieblas musicales que se interponen entre pantalla y espectador para perturbar su visión, cuando no alterarla, a través de lo sonoro. Generalmente, el espectador no es consciente de la presencia de la música y culpa de modo automático a aquello que tiene ante sus ojos: un personaje, una casa, un bosque, lo que sea que aparentemente esté lanzando sobre el rostro del espectador ese gas tóxico.

En términos generales es una metodología bastante común por lo que tiene de eficiente, ya desde los tiempos de John Carpenter y desde bastante antes. La encontramos en ejemplos recientes como en The Conjuring, The Revenant o incluso en algunos momentos de Mad Max: Fury Road, donde los gases tóxicos vertidos desde las partituras hacen irrespirable el filme, que es exactamente lo que se pretende, como en el caso de The Revenant donde la música evita que el espectador contemple los espectaculares paisajes y sufra lo que sufre el personaje. Es un tipo de música ambiental normalmente etérea e indefinida, salvo que en algún momento tome forma de tema o en el contexto gaseoso aparezca un tema que aporte un elemento racional y concreto (sucede en The Conjuring con la música que finalmente representa el Mal). Y es un modus operandi que es alternativo al de la estructura de temas, ordenada y lógica, que también se ha demostrado eficiente en el cine. Ambos métodos funcionan y ambos han dado estupendos resultados. Naturalmente no son excluyentes y pueden combinarse. Pero hay dos singulares diferencias:

La primera, la menos importante, es que las bandas sonoras gaseosas fuera de su contexto y puestas en un CD resultan in-so-por-ta-bles a diferencia de las temáticas cuya escucha puede ser una delicia. Es una diferencia menor pero que a veces produce injusticia mayor: que se considere mala banda sonora por el hecho de no ser grata al oído en su escucha aislada. Y de ello he hablado muchas veces: lo relevante es que funcione en el filme.

La segunda diferencia es curiosa: una banda sonora ortodoxa (estructura clásica de temas) puede funcionar perfectamente bien aunque la película sea mala, y hay bastantes ejemplos que lo demuestran. En cambio, la banda sonora gaseosa solo funciona cuando la película es buena y muy buena, pero resulta un desastre si el filme es malo o muy malo. En estos casos, la música no hace más presentable al muerto (como sucede con las primeras) sino que lo putrefacta más.

Sucede en The VVitch que los gases tóxicos que se desprenden desde la música son a la vez una música externa (¿del bosque, de la zona?) y también interna (la locura y desesperación de los personajes), y afectan y mucho al espectador, lo contaminan, lo acosan y lo asfixian. Y, calvinistamente, con tal de sacar esa pesadilla que le martillea la cabeza, deseará que quien tenga que ser quemado o quemada, lo sea cuanto antes. Nadie saldrá del cine recordando la música, probablemente nadie se habrá dado cuenta de su presencia. Pero con seguridad a la salida de los cines los espectadores sentirán que en sus pulmones entra aire fresco y poco a poco sus cerebros se irán liberando de los tóxicos respirados. Ha pasado varias veces en grandes películas y seguro que en esta también. Estas músicas venenosas también hacen cine.

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