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LAS RAZONES DEL TERROR

08/09/2017 | Por: Conrado Xalabarder

A pesar de los clichés, códigos y territorios comunes, el género del cine de terror ha sido, es y seguirá siendo un caramelo para cualquier compositor y también una gran fuente de diversión para los espectadores. Diversión, sí, pues una de las grandezas de estos filmes es que la gente acude a verlos... ¡con ganas de pasarlo mal! Nadie en sus cabales pagaría para sufrir, lo que hace evidente que ese padecimiento es una forma de placer no siempre confesa que ha sido buscada y la música, casi siempre, forma parte esencial de la experiencia.

Recuerdo que hace un par de años, mientras Arturo Díez Boscovich trabajaba en la serie televisiva Rabia, comentó en Facebook algo así como ¡He escrito un tema que hasta me da miedo a mí!. Le dije -soy muy puñetero- que me parecía un error que sintiera ese miedo, que algo podía salirle mal, porque implicándose emocionalmente podía perder el control sobre los hilos que, como todo titiritero, el compositor debe manejar para pulverizar la resistencia del espectador, al que hay que aterrorizar y también torturar. Finalmente el resultado final, el tema musical que hizo Boscovich, desacreditó mi advertencia pues fue magnífico, malévolo y, aunque la serie fue fallida, no fue por su culpa ni por su distracción de la tarea de atormentar la psique del espectador.

Pero aún así creo que, a diferencia de otros géneros (drama, comedia, aventuras, Sci-Fi...) en el terror el compositor debe ser más calculador que emocional, salvo que su única función sea la ambiental, la de generar atmósferas, que no es en absoluto una mala opción: hay magníficas bandas sonoras tóxicas como la de The VVitch: A New-England Folktale (15), a la que en su momento le dediqué el editorial Gases tóxicos, donde dije de ella que es una pesadilla en la que nada de lo que explica la música es concreto y definido, y por tanto no puede racionalizarse. Son ambientes incómodos, hostiles, sutiles y muy tóxicos, que poco a poco van aprisionando a los personajes, generando una atmósfera de locura y desesperación, muy fatalista.

Es muy interesante lo de lanzar en contra del espectador veneno musical que le contamine y haga irrespirable la experiencia de ver el filme, pero hay otros muchos ejemplos -y son más en cantidad- donde aparte de verter contaminantes las músicas aportan informaciones que, explicitadas o no en el guion literario, dejan entrever las razones (o parte de ellas) por las que está sucediendo lo que está sucediendo. Es decir, que si a un psicópata se le acompaña con una música neutra, meramente tóxica, el espectador lo verá como una fría y descerebrada máquina de matar; pero si en la música se incluyen motivaciones que expliquen o sugieran que hay una razón por la que actúa así, entonces se le verá como una persona sufriente y el terror se multiplicará porque, siendo un animal herido, deja de ser una máquina y pasa a ser... un ser humano (o los restos de lo que fue un ser humano, pero humano en todo caso). Mucho más peligroso y desconcertante para el espectador si aparte de sus acciones se le impone atender o tener que comprender su comportamiento. No hace falta cambiar un solo fotograma del filme ya hecho: es solo una decisión de la música, que tiene este increíble poder de focalizar hacia la psique del personaje, y en el terror los efectos pueden ser devastadores. Por esta misma razón es por la que le aconsejo a gentes como Boscovich y a cuantos compositores quieran participar en este fantástico y macabro arte de castigar al espectador con inmisericorde crueldad que enfríen sus emociones, que se conviertan en asesinos, y que hagan la música con el único propósito de destrozar al espectador y pulverizar cualquier oposición o resistencia que se ponga.

Sufrir el acoso del payaso asesino (y sus extensiones) pero especialmente de quienes lo sufren es lo que hace la música en It, que se estrena hoy. Gracias a la música, el monstruo es más imprevisible, más terrorífico, y genera con su presencia impresiones que debilitan a los humanos, y a los espectadores. No es música gratuita, simplemente para ambientar sino para explicar. Y mucho. El terror se hace más amenazante si en la música se sugieren las razones.

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