THE ELEPHANT MAN (1980)
Título
en castellano: El hombre elefante
Director: David Lynch
Música: John Morris
La vida de John Merrick, un joven que, en el Londres de finales del XIX, sufrió un terrible proceso de malformación que hizo que se le conociera como “El hombre elefante” y fuera exhibido como una bestia en un circo.
Por Conrado Xalabarder
La música fue formándose lentamente en mi cabeza y tardé varias semanas en encontrar el lenguaje musical. Sabía que lo sinfónico debía acompañar esta emocionante historia, pero era necesario que fuera de finales del XIX y, de alguna manera, personalizase a John Merrick (...) Lynch había grabado una cinta con un instrumento de metal llamado polífono. Pensé que era perfecto, pero quería utilizar mi propio tema, aquel que evocaría la infancia del hombre elefante y la vida con su madre. No tenía tiempo para trabajar con un polífono, pues carecíamos de él. Entonces decidí imitarlo con orquesta
John Morris
1.- Estructura musical
La banda sonora de The Elephant Man se estructura en base a la siguiente jerarquía temaria, en la que dos de sus temas están dedicados al protagonista:
Música
de aire circense, lenta y melancólica, retentiva. Es la música que el
compositor aplica para mostrar a la bestia, tal y como es vista desde
el exterior. En su aplicación posterior aunará la realidad en la que vive el
protagonista (el mundo de la exhibición), con la profunda tristeza y desesperación
de su existencia y, como explicó Morris,
servirá de evocación de la madre desaparecida y la infancia perdida. Su tonalidad
melódica e instrumental marcará la de la mayor parte del resto de las músicas:
una música con apariencia de ser en blanco y negro.
Una bella melodía pausada, apoyada por vientos y cuerdas, parecida a un adagio, pero más bucólico. Su duración es breve, pero sirve para resaltar la sensibilidad y emotividad de Merrick, en contraste con el tema principal y volverá a ser aplicado más adelante. Es el tema que Morris aplica a la figura humana del protagonista, a su dignidad naciente. En su idea -abortada por Lynch, como más adelante veremos- estaba que este tema acabara sustituyendo al principal, en una clara emulación del tránsito de bestia a ser humano.
Se
trata de la famosa pieza escrita por Samuel Barber en 1936, se aplica en la
secuencia de la muerte del protagonista y es, por tanto, una pieza preexistente.
Morris se opuso abiertamente a que Lynch
lo utilizara, alegando (y esta es una de las grandes razones en contra del uso
de música preexistente no justificada) que rompía por completo la unidad estilística
de la música en la película. Morris
no negó la exquisita belleza de esa melodía, pero razonó que nada tenía que
ver con la música que él había ido edificando a lo largo del filme y que, teóricamente,
debía encontrar su conclusión lógica en una escena tan importante como esa.
Pero Lynch hizo valer su condición de director y mantuvo su propósito de incorporar
el tema. Unos años después, Oliver Stone volvió a hacer lo mismo en Platoon
(1986), película que tuvo un gran éxito. La consecuencia fue catastrófica para
El hombre elefante: las nuevas generaciones
de espectadores, cuando llegaba la escena de la muerte, inevitablemente exclamaban
¡es la música de Platoon!. Y
la secuencia, la más importante del filme, perdía todo su dramatismo.
Pero lo peor era que la inserción del adagio para cuerdas de Barber interfería con la natural evolución que venía tomando el Tema Central 1 a lo largo del filme. El tema de Morris aparecía por vez primera en la primera escena que evidenciaba que John Merrick, lejos de ser una bestia sin conciencia, era un joven inteligente y sensible: cuando recita un poema ante las atónitas miradas del doctor Treves y de Carl Gomm, el director del hospital donde se aloja. En ese instante nace el tema de John Merrick, el del ser humano. Lo hace de modo breve, pero en su segunda aparición será algo más extenso: en la secuencia en la que Merrick comienza a construir la maqueta de la catedral. Lo que hace esta escena es fortalecer al tema y asentarlo como la expresión melódica definitiva del personaje, de su tristeza y de su lucha por alcanzar la normalidad. Así, la idea de que la música de John Merrick fuese creciendo y tomando cuerpo a la par que el protagonista recupera su dignidad debería, por aplastante lógica, concluir en su desarrollo completo en la escena de la muerte. No fue así y, por la injustificada aplicación del adagio de Barber, este tema no solo quedó castrado, sino que no pudo llegar a sustituir, en importancia, al que acabaría por ser el tema principal.
La
primera es una pieza con música de feria de aplicación diegética,
que acompaña la primera escena, cuando el doctor Treves visita la feria
donde se encontrará con el hombre elefante. El segundo es un tema
ambiental de mero acompañamiento, también diegético, aplicado
mientras la actriz Kendal lee en el diario la noticia sobre el hombre elefante.
El tercero se corresponde a la visita que Kendal hace a John Merrick, un tema
romántico que se subyuga
a las palabras y las apoya, pero luego crece en volumen e intensidad para reforzar
la emoción y el momento en el que Merrick es besado y vierte una lágrima. Finalmente,
el cuarto es un ballet que suena en la representación a la que asiste
Merrick, al final del filme.
En la película suenan algunos fragmentos musicales, que ni derivan de ningún tema ni son derivantes y que se aplican para reforzar momentos muy determinados. Así, por ejemplo, en el momento en que el doctor Treves entran en el local donde se exhibe el hombre elefante se aplica un fragmento sombrío, con cuerdas, que incrementa moderadamente la tensión antes de iniciarse la pomposa presentación del espectáculo. Otro fragmento, igualmente sombrío pero más dramático, se inserta cuando Treves ve al hombre elefante. Este encuentro está planteado desde la perspectiva del doctor, de quien se ve su reacción, mas no a John Merrick, a quien aún no se ha visto en su totalidad. Por eso, el fragmento refleja la impresión de Treves y sirve para enfatizar su sensación de lástima y piedad por el hombre. La entrada de Merrick en el hospital se acompaña por otro fragmento sombrío, dando de nuevo una impresión de misterio.
2.- Aplicación del Tema Pricipal
En
los títulos de crédito suena la música del tema
inicial, que luego se convertirá en el tema
principal de la banda sonora (cuando, finalmente, el tema
central 1 no se consolide, por motivos ya explicados). Esta música
reaparece en un breve fragmento cuando
Merrick, que acaba de ser exhibido a un grupo de médicos, se
dirige a un carromato para regresar con su dueño. Treves le observa desde una
ventana y dice confiar que sea demente, lo que hace que, entonces, el fragmento
musical evidencie que el doctor también lo ve como una bestia.
En la escena nocturna, cuando Merrick descansa recostado sobre sus piernas, el celador del hospital -un hombre rudo- hace su ronda y llega a la habitación del hombre elefante. Con malas maneras, le habla y le asusta. A medida que el celador se aproxima a la habitación de Merrick, vuelve a sonar otro fragmento del tema, que acaba cuando entra. Aquí se inserta con mayor extensión que en la escena antes comentada. El espectador ya ha visto al hombre elefante y, por tanto, su empleo puede ser más abierto y explícito.
El momento catárquico por excelencia es la secuencia de la humillación y posterior secuestro de John Merrick, cuando el celador irrumpe en su habitación con borrachos y prostitutas y entre varios lo sujetan y lo zarandean, antes de que su propietario se lo lleve. El tema reaparece muy dramatizado, incluso degenerado, manteniendo su tono circense pero con cariz sombrío y tenebroso. Se intensifica paulatinamente y da paso a una repercusión del mismo en forma de ballet... ¿y qué hace un ballet allí?. Morris tuvo la opción de aplicar una música circunstancial (una música del horror, por ejemplo), pero consideró que la escena, por sí misma, ya era lo suficientemente dramática y que poco iba a poder hacer por ella una música que siguiera ese mismo patrón. Con ese calibre de tensión y angustia, el espectador estaría esperando una música que acompañase la imagen al modo convencional. Pero la sorpresa fue que aplicara un ballet, cogiendo desprevenido al espectador. ¿Pero por qué un ballet?: en primer lugar, para acompasar tétricamente los balanceos y empujones que sufre el hombre elefante. Los compases del ballet se intensifican, luego se detienen cuando cesan las sacudidas y se reinician, con mayor brutalidad, cuando vuelven a producirse, tras unos segundos de descanso. Un ballet macabro, desde luego. Pero en segundo lugar, y es mucho más importante pues así Morris remueve las tripas del espectador y le hace sentir verdaderamente el dolor de la humillación, porque el espectador sabe (ha sido previamente informado de ello en el argumento), que el gran sueño de John Merrick es asistir a una representación... de ballet. Y ahí tiene su ballet. Más efectivo que una música circunstancial y, desde luego, mucho más hiriente.
Es en este momento en el que John Merrick ha perdido toda su condición humana y vuelve a ser el hombre elefante. Por gracia de Lynch (y su opción por Barber) será un proceso irreversible, musicalmente hablando.
En las escenas que transcurren en Bélgica no suena el tema, debido a una decisión -brillante- de desproveer al personaje siquiera de la música circense, dado que está en su grado más bajo y degenerado. Por no quedarle, no le queda ni la música. Sin embargo, sí reaparece, también repercutido y dramatizado, cuando está volviendo a Londres y se encuentra en la estación de tren. Allí, unos niños comienzan a molestarle. Merrick camina cada vez más deprisa y, accidentalmente, empuja a una niña que cae. Las gentes empiezan a seguirle, le rodean y le quitan el saco de la cabeza. Merrick se abre paso y corre hasta los lavabos, donde es de nuevo rodeado. Asustado, grita I am not an animal!. I am a human being!. La música cumple una función similar a la del principio de la escena de la humillación, es una degeneración del tema de intensidad creciente, reforzado por cuerdas, que llega a su máximo nivel de énfasis con el grito del protagonista. Aparece tras muchos minutos sin un bloque musical extenso y por ello cobra mayor fuerza.
El tema volverá a sonar, ya por última vez, en los créditos finales, en una variación afligida y dramática.
© Conrado Xalabarder, 2005
Temas del disco
1.
The Elephant Man Theme (03:44) 2. Dr. Treves Visits the Freak Show and Elephant
Man (04:08) 3. John Merrick and the Psalm (01:16) 4. John Merrick and Mrs. Kendal
(02:02) 5. The Nightmare (04:38) 6. Mrs. Kendal's Theater and Poetry Reading
(01:57) 7. The Belgian Circus Episode (2:59) (*) 8. Train Station (01:54) 9.
Pantomime (02:19) 10. Adagio for Strings (09:28) 11. Recapitulation (05:35)
(*) No aparece en el filme