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Eduardo Manostijeras
por Carles Moreno



1.- Érase una vez...

...el cine. El cine, por mucho que algunos se empeñen en demostrar lo contrario, no es más que una forma evolucionada de contar historias. De hecho, en su esencia, poco diverge de lo que podían hacer los antiguos juglares y trovadores -por no remontarnos más atrás-, que era conducirnos a mundos que entremezclaban la realidad y lo fantástico, lo bello y lo terrible, lo divertido y lo inquietante. Precisamente éste es uno de los fundamentos sobre los que se construye Edward Scissorhands: es la historia de una historia. El planteamiento narrativo y estructural recuerda las historias de Las 1000 y una noches con una nueva Xerezade, encarnada en la envejecida abuela -una irreconocible Winona Ryder- que explica un cuento a la insistente niñita que aguarda recostada en su cama. Y es aquí donde empieza la historia de la película que se centrará, fundamentalmente, en el cuento que le explica la abuela a la nieta. Este comienzo podría parecer innecesario o rimbombante, pero viendo la película con detalle podemos comprender cómo este inicio nos introduce de forma exquisita en la fábula que actúa como eje del filme, además de presentarnos desde buen principio las cartas con las que el director, Tim Burton, va a jugar esa partida de la mostración que se establece entre creador y espectador en cualquier película. Sin ninguna duda, la perfecta simbiosis existente entre Burton y Danny Elfman, creador de la banda sonora, se nota desde el primer arranque, donde ambos desarrollan su trabajo a la par en una sintonía casi perfecta.

El filme se abre con unos títulos de crédito en blanco y negro, con una música original que conforma el tema inicial, que podemos llamar Vals de Eduardo y es que la tipografía de los títulos y los primeros objetos y formas que se van mostrando, parecen danzar en elegante armonía con la banda sonora, en unos créditos en los que se percibe claramente que la música está pensada para ellos por su perfección de encaje. La melodía da las primeras pistas sobre el tema de la película, fácilmente detectable con los primeros pasos musicales; la composición recuerda las melodías infantiles de las cajas de muñecas, en una ambientación propia de un cuento de hadas gracias a su carácter infantil. Además, en el tema inicial -que se repetirá y se repercutirá a lo largo del filme- detectamos también, aunque de forma quizá más oculta, otro de los conceptos básicos de la narración: la Navidad. Y es que este tema central contiene una serie de elementos que recuerdan a una melodía navideña, pero con toques de fantasía. ¡Increíble! Acaba de empezar el filme y todavía no hemos visto a ningún personaje, pero las mentes de Burton y Elfman ya han sido capaces de darnos las bases de una película todavía por empezar: cuento, misterio, fantasía y Navidad. Añadamos a esto la simbología de los coros infantiles -casi fantasmales, de la misma raíz que fantasía- que, como veremos, aparecen en repetidas ocasiones, expresándose a través del universal lenguaje de las vocales.

La primera escena confirma estas premisas. Nos encontramos en la habitación donde la abuela se dispone a contarle a la nieta un cuento para desvelarle el curioso origen de la nieve. El tema inicial parece perder ritmo hasta convertirse en un tema nuevo, el Tema del Cuento que acompaña la escena de la habitación de la abuela y el travelling que se inicia en la ventana de la habitación y que muestra la nieve cayendo sobre lal ciudad; en cierta forma este tema se antoja más melancólico, sensación que interpretaremos más adelante cuando descubramos que la abuela es, en realidad, Kim, el amor de Eduardo. En la mitad de este travelling crece el Tema de Eduardo -más adelante matizaré este punto-, que podemos considerar tema principal de la película y que se va erigiendo en primer plano sonoro a medida que la cámara se acerca al monte del castillo donde descubriremos que habita el protagonista, aunque no será hasta más adelante que podremos escuchar el tema completo. Resulta interesantísimo observar cómo los movimientos visuales de Burton se conjugan a la perfección con los movimientos musicales de la banda sonora, especialmente en este fragmento y hasta llegar a contemplar la figura de Eduardo tras el ventanal del Castillo, en una conjunción de imagen y música que conviene recordar hasta el final del filme para observar el perfecto engranaje de la película que acaba con el mismo tema musical y con una composición de imagen casi idéntica, esta vez con el misterio de origen de la nieve ya revelado. En definitiva, este primer acto está construido de forma espléndida ya que la música establece una conexión intelectual con el espectador, conexión que llega hasta el punto de definir la historia antes de que empiece, sentando las bases a través del tema inicial y del tema principal que se entrelazan de forma perfecta no sólo entre sí, sino entre lo que están mostrando las imágenes que se articulan a través de la música, pero siempre manteniendo al igualdad de poderes, en un proceso generativo de expectativas sobre lo que será la película. En cierta forma, este vigor de los títulos de crédito y la importancia del arranque musical nos remiten a otro dúo director-compositor como es el formado por Hitchcock y Herrmann, del que Elfman se confiesa admirador y no en vano, en este tema inicial podemos apreciar parte de esa admiración en el uso de los violines, por ejemplo.

2.- Siguiendo emociones...

...y no personajes. Así es como prefiere trabajar Elfman al componer bandas sonoras. El tema central que he bautizado como Tema de Eduardo es un ejemplo de esto ya que de Eduardo podemos decir que existen dos temas, uno es el tema inicial o Vals de Eduardo -uno de los temas centrales de la película- y éste es el que más le identifica y que hace referencia a su lado emotivo más ingenuo y bondadoso, y que se irá repercutiendo hasta convertirse en el tema del amor, como veremos. Siguiendo el orden de aparición de la música, en la siguiente secuencia encontramos el Tema del Castillo, que no es otro que el tema inicial tan repercutido que incluso cuesta de identificar hasta que West no se introduce en el interior del recinto. En este tema lo que Elfman hace es seguir las emociones de Dianne Wiest en su aproximación al castillo; los violines y trombones suenan en una variación oscura del tema inicial y transmiten esa sensación de intriga y misterio que impregna el principio del filme, pero como no se trata de una intriga de horror sino fantasiosa, reforzada por el aumento de las voces del coro, en una música capaz de alternar lo siniestro con lo fabuloso. El tema evoluciona a la par que Wiest va descubriendo cosas y podemos observar cómo varía cuando descubre las formas talladas o cuando observa las figuras que el espectador ha observado previamente en la secuencia de créditos que, en cierta forma, aquí se repite. Si prestamos atención, podemos llegar a escuchar el motivo de lo que más adelante se convertirá en un tema, el Tema de la Máquina de Galletas, secundario pero muy logrado. Elfman aprovecha uno de los flashbacks donde se explica el origen de Eduardo para volver a coreografiar -en ningún caso entiéndase en sentido peyorativo- la escena en que aparece la humaniforme máquina de crear galletas del inventor Vincent Price. El compositor utiliza un nuevo tema, aunque el motivo como hemos dicho estaba ya anunciado, muy rítmico y maquinal basado en el uso de tubas, trompetas y extrañas percusiones para darnos ese sentido maquinal a la escena, llegando a percibirse una sonoridad parecida a la de una manecilla de reloj en el primer segmento del tema. Elfman confiesa haber manipulado los tempos de la composición para adaptarse a los movimientos que realiza la máquina, en un exitoso intento de musicar el paso, algo que también parece conseguir con la repercusión en el Castillo. El Tema de la Máquina de Galletas se concatena con el Tema de Eduardo, cuando Price coge una galleta en forma de corazón y la aproxima a una forma inerte, simbolizando el inicio de la vida de Eduardo y llevándonos, musicalmente, hacia una nueva nomenclatura de temas y es que, como he dicho, el Tema de Eduardo lo podemos llamar también el Tema del Corazón. Un apunte curioso, las voces del coro aparecen en el Tema de la Máquina de Galletas tan sólo cuando vemos imagen de Price, dándonos a entender el sentido de humanidad; podría pacer casualidad, pero algo parecido sucede en la primera imagen que Eduardo contempla de Kim, el coro sólo crece cuando se produce un momento emotivo y humano. ¿Casualidad o causalidad?.

Recuperando el hilo, centrado siempre en la emotividad transmitida por la música, observamos también que cuando Wiest sube por el Castillo, la música va in crescendo hasta que, tal y como ocurre los tonos oscuros de las imágenes, se diluye al ver el tejado agujereado que se abre al exterior. La oscuridad del tema reaparece cuando la imagen se vuelve a oscurecer para mostramos la figura de Eduardo sometida a las penumbras. La emotividad del personaje es transmitida a través de la música que evoluciona a medida que los ojos de la protagonista descubren cosas y escenifican musicalmente su estado de ánimo que pasa de la inquietud al asombro pasando por la inseguridad.

3.- Descubriendo Suburbia...

...con los ojos -y la música- de Eduardo. De esta forma es como empezamos a conocer el otro gran escenario de la película, el barrio de Suburbia. Cuando Eduardo empieza a descubrir lo que para él es un nuevo mundo, parece una melodía sencilla -tema secundario- que acompaña el trayecto en coche siempre centrada -a nivel de imagen y música- en lo que está sintiendo Eduardo y no en lo que lo vecinos están pensando de él. De la misma forma, tras un breve silencio, Elfman presenta una variación del Tema de Eduardo al entrar en casa de Peg, pero conservando lo que consideramos un motivo del tema principal cuando los ojos de Eduardo recalan en la fotografía de Kim. A través de esta focalización de música incidental, el compositor dice de forma sugerente que algo va a pasar entre estos dos personajes y empezamos a comprender los sentimientos -el corazón de Eduardo- gracias a la música que se establece necesaria para dar una información que sin ella no llegaríamos a comprender, y es ese flechazo del protagonista.

Si musicalmente el inicio es extraordinario y cargado de música, con el establecimiento de Eduardo en Suburbia, la cosa cambia. Pero es voluntario. Elfman prefiere dejar que el peso de la narración recaiga en el personaje de Eduardo y en la interpretación de Johnny Deep, despojando las escenas de música creativa y enfatizando así los momentos sí musicados. Además, el tratamiento musical dado a las escenas del pueblo merece una atención más especial no tan sólo por la diferente tipología de música utilizada sino por el nivel dramático en el que actúa la película; veámoslo por partes.

Lo primero que podemos apreciar es que la música actúa de diferente forma en función de los dos niveles dramáticos de la película: el mundo del Castillo -y de Eduardo en tanto que nunca deja de formar parte del mismo- y el de Suburbia y sus vecinos. Elfman presenta dos tratamientos diferenciados: mientras que el nivel dramático del Castillo recoge temas con coros y más orquesta para transmitir esa idea de fantasía, cuento e inocencia, las secuencias de Suburbia están menos vestidas musicalmente y además los temas son más sencillos, más mundanos y de menos calidad musical, pero de gran utilidad para conseguir transmitir la sensación pretendida. Estas decisiones creo que son muy acertadas ya que están transmitiendo emociones y conexiones intelectuales a través de la banda sonora; el compositor describe las características de Eduardo gracias a sus temas y a la oposición frente a la recreación del otro nivel dramático opuesto al primero. De esta forma, Suburbia queda definida como un entorno mediocre, donde sus habitantes de clase media acomodada viven en casas unifamiliares de estridentes colores, en un pueblo de estructura mondrianesca vestido de un tono kitsch propio de Burton. Sus habitantes son seres aburridos -como transmite la música- que parecen ver la llegada de Eduardo como un alivio para sus aburridos días marcados únicamente por la marcha al trabajo y la llegada al hogar, momentos descritos por el divertido y corto tema secundario llamado Ballet de Suburbia que Elfman utiliza para coreografiar estos dos planos que marcan la marcha y llegada de la fila de coches al pueblo, en un tema curioso marcado por un fluido y enérgico tic-tac rítmico que sirve para reforzar lo mundano y maquinal de la vida del pueblo, siempre en contraposición con los temas centrales de Eduardo marcados por la admiración, el descubrimiento y al ingenuidad, frente al maquinismo -que además de percibirlo en Suburbia lo vemos también el Tema de la Máquina de Galletas, contrapuntístico del tema que lo enlaza, el Tema de Eduardo.

Suburbia presenta otras músicas, claramente secundarias, como la que acompaña la escena de la barbacoa en la que Eduardo es presentado en sociedad. Esta escena está acompañada por una música diegética de tintes hawaianos -al menos así aparece citada en los títulos de crédito bajo el nombre de Blue Hawaii, compuesta por Robin y Rainge- y que se identifica con esa idea de música de ascensor con la que Elfman parece querer identificar los pasajes que hacen referencia al pueblo y la gente de Suburbia. De la misma forma encontramos con uno de los momentos más negativos a nivel musical y es la inclusión de música preeexistente de forma diegética en la película. Me estoy refiriendo a los dos momentos en que suenan temas de Tom Jones -It's Not Unusual, Oelilah y With This Hands- que parece ser un fetiche musical de los habitantes del pueblo cuando en realidad se trata de un fetiche de Burton. La decisión de incluir estos temas debe recaer sobre la figura de Burton y no sobre Elfman, y es un recurso que también utiliza en otras de sus películas. A mi entender se está cometiendo un error ya que aunque podamos entender que se trata de un guiño del director al espectador además de una firma de autor, creo que se está supeditando el sentido de la historia y eso es algo que la banda sonora no debe hacer. Lo primero que no debemos olvidar es que nos encontramos dentro de un cuento y que existe una pretensión de narrarnos un argumento universal -fusión de dos cuentos o relatos como son el de La bella y la bestia y el mito de Frankenstein- y es por eso que se descontextualiza la historia en un mundo indefinido como es Suburbia. Entonces, ¿por qué existe la voluntad de relacionarnos a sus habitantes con un archiconocido cantante característico de una época?. Creo que no está justificado. La reiteración en la inclusión de música preexistente y fácilmente reconocible lo que consigue es un segundo efecto y es predominar por encima de la imagen, distrayendo al espectador de la historia narrada, si bien es cierto que en el caso de la casi violación frustrada de la vecina a Eduardo, la música pasa de diegética a incidental consiguiendo producir una conexión intelectual más interesante que en el caso anterior.

Por último, otra curiosidad dentro de la música de Suburbia como es el dedicarle un tema a un personaje. Bien, casi no pude ser considerado tema porque su duración no sobrepasa ni el medio minuto, pero tiene una presencia repetida en la historia. Me estoy refiriendo al tema de Esmeralda, personaje curioso y casi profético que presenta una música que le acompaña en sus intervenciones dentro de los momentos de cotilleo de las vecinas. El motivo es presentado a través de una pieza en la que parece sonar una armónica con un cierto componente religioso. Si bien la música se identifica perfectamente con el personaje al cual hace referencia, no veo hasta qué punto se hace necesaria una música para esta vecina en concreto, quizá hubiese sido más acertado crear una música que sirviese para definir el conjunto de pesadas vecinas que no para una en concreto, especialmente si tenemos en cuenta que su papel tampoco es importante para el desarrollo de la historia. Esmeralda también aparece tocando un órgano de su casa-convento; en este caso se trata, pues, de música diegética que, como curiosidad, se trata de música compuesta originalmente por la actriz.

4.- Descubriendo a Eduardo...

...a través de la música. Como hemos podido observar, el tema principal y el tema inicial así como sus variaciones y repercusiones definen a nuestro personaje protagonista y, más concretamente, su estado de ánimo. Como he comentado, estos temas que hacen conocer los sentimientos y la historia de Eduardo son los que se encargan de vestir los momentos de flashback que explican su origen, como en el citado caso del Tema de la Máquina de Galletas. El tema inicial del cuento se vuelve a repetir en el siguiente flashback en el que Eduardo recuerda las primeras lecciones de su inventor. Se trata de una repercusión del tema inicial más lenta y más solista y que se inicia con un arpa que además de indicar que nos encontramos ante un viaje al pasado también parece acompañar la brisa que hacen que las páginas que ilustran la evolución de Eduardo vayan pasando ante el espectador.

Los sentimientos de Eduardo seguirán llegando a través de la música a lo largo de todo el filme. Los dos temas más importantes, el Vals de Eduardo y el Tema de Eduardo se volverán a reencontrar en una de las escenas más importantes, cuando Kim le pide que le abrace y él no puede hacerlo. Entonces empezará el flashback que conduce hacia la muerte de su inventor. Aquí Elfman se muestra magistral, en una pieza que empieza con el Vals de Eduardo variado, que se volverá más triste y fúnebre con la muerte del inventor pero ya desde el inicio del flashback. Cuando éste muere vemos cómo aparece el Tema de Eduardo, el tema del amor, que aparecerá por primera vez estando el inventor presente. Gracias a la incursión de este tema, nos damos cuenta que cuando rasga la cara y le hace sangre no estamos ante un acto de crueldad sino ante una acto de amor, fruto de la inocencia de Eduardo, en este caso la música es anempática ya que parece contradecirse con lo que a priori están mostrando las imágenes, pero la música no miente y está indicando que si hay algo que no quiere hacer Eduardo es hacer daño nadie. Algo parecido sucede unas escenas más tarde cuando Eduardo salva al hermano de Kim, pero en este caso no es la música la que nos hace percibir la inocencia de Eduardo sino sus propias palabras. Pero, ¿por qué consideramos el Tema de Eduardo como el principal?. Varios motivos llevan a concluir que este es el tema principal de la película. A pesar de que el Vals de Eduardo o tema inicial está íntimamente ligado a éste, no aparece en tantas ocasiones a largo del filme, erigiéndose el Tema de Eduardo como el principal a través de sus continuas repercusiones y variaciones a lo largo del filme. Es también gracias a este tema que se indican las emociones de Eduardo así como los momentos más importantes para el protagonista y para la historia en sí. Me estoy refiriendo, por ejemplo, al primer flechazo con la imagen de Kim o al primer contacto visual del espectador con Eduardo, momentos ya analizados. Pero lo más importante está aún por llegar: la escena de la Danza del Hielo, donde se cruzarán la historia de amor y la historia de la nieve, motor de arranque de la narración. Para llegar a esta escena, el espectador todavía pasa por una fase de aproximación donde irá advirtiendo el cambio de sentimientos de Kim, expresado especialmente a partir de la escena del programa de televisión donde se produce un majestuoso cruce de miradas entre los dos personajes aunque sea a través de un televisor y donde Elfman subraya la emotividad con un pequeño motivo del Tema de Eduardo, siguiendo ese estilo de ir siguiendo la tínea emotiva que trazan las miradas a través de la música. El tema volverá a aparecer cuando Kim y Eduardo se encuentran en la casa de forma melódica pero que dará un giro más dramático y más oscuro -aunque manteniendo la línea melódica- cuando Eduardo ve al novio de Kim y se marcha indignado hacia el interior de la casa rasgando las cortinas. Todo ello está preparando para la mágica escena, quizá la más importante del filme, en la que Eduardo el día de Navidad se dedica a moldear el hielo y empieza a nevar; Kim sale a su encuentro en un momento inolvidable en el que ella baila a cámara lenta entre los trozos de hielo-nieve que Eduardo desprende, ese baile con la nieve y esa confirmación del amor entre Eduardo y Kim no puede ir más que acompañada por el tema principal: el Tema de Eduardo -del corazón, del amor y de la nieve- es música absolutamente necesaria, la película no sería la misma sin esas cinco notas ascendentes embelleciendo y haciendo crecer la escena. Luego lo volveremos a encontrar en otra escena mágica ya apuntada en la que ella pretende conseguir su abrazo a pesar de ser imposible y en la que Eduardo recuerda las manos que le quería regalar el invertir y la súbita muerte del mismo; el tema de amor volverá a ser protagonista, esta vez repercutido y con otras connotaciones, el amor ya no viene de manos -nunca mejor dicho- del inventor sino de manos de Kim.

El personaje de Eduardo también tiene otro tema secundario llamado Eduardo peluquero. Este tema pone en relación el buen hacer de Eduardo y las extravagancias del pueblo de Suburbia. El motivo del tema está anunciado en una escena anterior a la que aparece, en la que vemos al hermano de Kim en una clase de Show and Tell junto con Eduardo que demostrará sus habilidades recortando un papel mientras una música rápida, al compás de sus rápidas tijeras moldean la forma para acabar con un jtachán! y los aplausos de los niños. Pues bien, pocos minutos después, Eduardo tendrá que hacer de peluquero de los canes y de las señoras de Suburbia. El compositor viste esta escena con un tema gitano que empieza con una melodía rápida mientras las vecinas traen a sus perros para pasar a convertirse en una especie de tango con castañuelas o de serenata española que se verá acelerado al compás de los frenéticos tijeretazos que acompañan a esta especie de orgasmo musical y femenino que se culmina volviendo al motivo del tango algo más pausado que la sección anterior. Personalmente, percibí una cierta inspiración en la Danza del Sable y en el Bolero de Ravel, no en vano, Elfman confiesa ser admirador de la obra del mismo junto con la de otros compositores como Prokofiev, Stravinsky, Shostakovich y Bartok. Un buen tema que encaja a medida con la escena a la que acompaña.

5.- Un final de película...

...y de música. La parte final supone el enfrentamiento entre la parte más oscura de Suburbia y el inocente Eduardo, que se ve acusado por una sociedad que le rechaza. Recoge las escenas de mayor nivel de acción y, asimismo, la música también empieza a tomar un carácter más dramático y de mayor tensión que se expresa a través de diferentes temas secundarios. Me estoy refiriendo, por ejemplo, a la música que enmarca la larga secuencia del robo en casa de Bill o los encuentros interrumpidos entre Eduardo y Kim por el novio de ella que rompe un tema melódico convirtiéndolo en un tema más tenso y oscuro que acompaña el fragmento en que se muestra el lado también más oscuro de Eduardo cuando lleno de ira rasga las cortinas y las paredes de la casa; algo parecido pasa cuando Eduardo decide fugarse de casa, apareciendo un tema tenso y coreográfico a los movimientos y los tijeretazos del enojado Eduardo. Pero lo más interesante de todos estos pasajes es observar cómo, poco a poco, el Tema de Eduardo va cogiendo peso y flote en la película ya que sirve para defender la inocencia de Eduardo y para mostrars su amor. El Tema de Eduardo se enfrenta contra estos temas más tensos y oscuros -y secundarios- y eso lo vemos especialmente cuando Eduardo llega a su Castillo -en unas escenas que remiten al molino de Frankenstein y al final de La Bella y la Bestia- con música muy tensa y vocal que será sustituida de modo radical cuando Kim le descubre escondido por el Tema de Eduardo, en este caso tema de amor. Pero todavía queda película y volverá la música tensa que se dispara con la aparición del novio que intenta matar a Eduardo, la melodía recuerda a las composiciones de Herrmann. El protagonista matará a Bill, siguiendo el tema oscuro que será finiquitado con cinco campanadas que suenan como cántico de muerte y que será cerrado con un violín sólo, casi litúrgico. Finalmente, el final de este segmento musical tan largo se acaba con una evolución hacia una nueva repercusión del Tema de Eduardo que comprendemos más triste ya que Kim deberá abandonarle, hasta una campanada final de cierre.

Por si a alguien se le había olvidado, todo esto es un relato explicado por una abuela a su nieta. Volvemos a ver la escena de la habitación de la nieta, pero ahora no escuchamos el Tema del Cuento, porque el espectador y la niña comprenden que no es un cuento sino que la abuela es de hecho Kim, el amor de Eduardo y es por eso que lo que se escucha es una repercusión del tema principal, ahora más que nunca Tema de Eduardo, Tema del Amor y Tema de la Nieve a la vez -siempre hablamos de la misma composición repercutida y con valores semánticos diferenciados-, mientras las imágenes nos muestran a Eduardo en su Castillo mirando al exterior, como lo hacia al principio del filme. Un cierre magistral donde la música cumple su papel a la perfección, evolucionando narrativamente y conectando directamente con el espectador transmitiendo información narrativa y, lo más importante, emocional. Por último, los títulos de crédito finales aparecen como los iniciales, con el tema inicial, ahora también tema final.

6.-Conclusión

Definitivamente, la banda sonora está a la altura de la magistral película. Ambas evolucionan a la par a nivel narrativo, siempre en conexión con el espectador. Pero la banda sonora sabe transferir algo más y es el mostrarnos el lado más emotivo de los personajes, concretamente la evolución emotiva y los sentimientos de Eduardo. De esta manera se transforma en un componente esencial de la película gracias al tema principal y al siempre correcto uso del tema central. Resulta interesante los matices que es capaz de transmitir el tema principal en función del momento en que se interpreta y la forma en que se hace. Elfman realiza un trabajo espléndido, sabiendo trabajar con el significado de la película y en este sentido se nota la perfecta sintonía entre compositor y director. Eso se nota, por ejemplo, en el diferente tratamiento a escala dramática de los espacios de la película: el Castillo y Suburbia. Esos dos tratamientos y, lo más interesante, la confrontación de los temas de los diferentes espacios nos remarcan esa diferencia entre Eduardo y los vecinos, de los que se nos muestran sus miserias y su mediocridad no sólo a través de las imágenes y los diálogos sino también a través de la banda sonora. Elfman sabe tratar a la perfección las emociones y sentimientos de Eduardo respecto al resto de los protagonistas -en espacial en su relación con el inventor y con Kim- e incluso sabe dejar trabajar al protagonista en algunas secuencias que prefiere desnudar de música en pos de un refuerzo de la interpretación de Depp. En conclusión, creo que es una banda sonora que encaja a la perfección con el resto de la película y que tiene la capacidad de emocionar y transmitir al espectador, sabiendo perfectamente que es lo que puede conseguir a través de la música y a través del silencio o la contraposición de músicas. Salvo algunos aspectos comentados a lo largo del estudio, el filme presenta unos temas muy bellos y significativos, con melodías sencillas y que quedan en la mente del espectador, como las cinco inolvidables notas ascendentes que configuran el motivo del tema principal, vencedor en al jerarquía de temas. Viendo el resultado, no resulta difícil entender cómo es que Burton y Elfman siguen trabajando hoy en día juntos y a un nivel tan alto.

(Carles Moreno, 2005)
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