WAR OF THE WORLDS (2005)
Título
en castellano: La guerra de los mundos
Director: Steven Spielberg
Música: John Williams
Una masiva invasión de extraterrestres atacan y destruyen cuanto se encuentran en su camino. Un hombre intentará proteger la vida de sus dos hijos.
Por Carlos Aguilar (*)
Williams y Spielberg forman por enésima vez equipo en esta War
of the Worlds, basada en la novela de H. G. Wells, sobre el caos, la desesperación
humana y la fuerza con la que se enfrenta a una invasión de seres llegados de
no se sabe dónde, pero con el objetivo de exterminar todo lo que conocemos.
El universo musical creado por Williams
refleja fielmente el carácter apocalíptico y espeluznante que Spielberg pinta
en la pantalla. Son 112 minutos de peligro y amenaza para la Humanidad, y el
compositor decidió que en todo ese tiempo no iba a dejar, bajo ningún concepto,
que el espectador escapara del infierno.
La invasión viene acompañada por un desorden, un caos musical que desconcierta, amenaza, y persigue al espectador. No se trata de un tema musical, son melodías que se entremezclan, extrañas, diferentes, que varían y que pillan de improviso. Se trata precisamente de no escuchar siempre lo mismo, sino que la amenaza de los alienígenas muta y desorienta. Sin duda, un símbolo sonoro perfecto para los trípodes, seres extraños de los que desconoce absolutamente todo, salvo su capacidad de exterminio letal. Esta musicalidad caótica impregna la película de una amenaza constante, de un no saber qué merma absolutamente la ya de por si débil fuerza del humano (ya sea personaje o espectador). A lo largo de la película el horror frente a los gigantes se acrecenta, pues cada vez son mas terribles: primero salen de debajo de la tierra, pulverizan con rayos, destruyen todo a su paso, son muchos, atacan por todo el mundo, atrapan a los humanos con sus zarpas, se beben su sangre, los meten en jaulas para degustarlos más tarde. Poco a poco su violencia es más dura, más terrorífica y más imparable. Por eso su música es tan desconcertante, porque son enemigos contra los que es imposible luchar, son del todo desconocidos, es casi imposible saber lo que los puede eliminar. Por eso podemos afirmar que la música de los extraterrestres no se trata de un tema, sino de una batería de notas musicales que atacan desde diferentes ángulos, alturas y direcciones al tema humano, del que hablaremos más adelante. Esta música la situamos a un nivel espacial de acción: los alienígenas matan, exterminan, y punto. Por lo tanto, la música es sinónimo de persecución, amenaza, rayos desintegradotes; en definitiva, es acción. Como los trípodes, en cualquier momento puede salir de debajo de la tierra. Parece que Williams se ha inspirado en su música para Jaws en las persecuciones, pues la sensación de ataque que teníamos con el asesino del mar es muy similar a la que tenemos con estos extraterrestres: un motivo que se repite y crea la tensión constante de tener al trípode a sólo unos metros.
Debe
decirse la música viene precedida en todo momento del silencio musical, para
irrumpir con fuerza y cumplir su función: horrorizar. Este silencio se ve reforzado
por los personajes, que callan para comprobar con miedo que efectivamente les
atacan de nuevo, y por unos efectos sonoros maximizados (ya sean una explosión,
viento o incluso pájaros) que numerosas veces hace de avanzadilla de los alienígenas.
Son tres grandes secuencias las que albergan la mayoría de música de los trípodes.
La primera, al inicio, justo después de que el primer trípode salga de debajo
de la tierra. La amenaza se hace presente: el ruido que provoca es ensordecedor.
Y después del primer rayo desintegrador, a correr con la música que nos acecha.
La siguiente secuencia donde aparece es muy próxima a la primera. De vuelta
a casa, Ray Ferrier coge a los chicos. Se marchan. Para ello roban una furgoneta.
Están metidos dentro, Ferrier dicutiendo con el mecánico, cuando Rachel se gira
para advertir con terror que los edificios están quedando arrasados. Ray arranca
el coche, la amenaza vuelve a estar en marcha, y no parará hasta llegar a casa
de la madre de los chicos. De momento no ha ocurrido nada en esa zona, no hay
presencia de trípodes, y la música deja de sonar. La
familia Ferrier se encuentra en el puente para coger el ferry. Ray acaba de
encontrarse con una amiga y su hija. Rachel ve a unos pájaros dirigirse hacia
una colina justo detrás de ellos. El graznar de las aves está en primer plano
sonoro, actuando en una claramente falsa
diéresis: el volumen es mucho mayor del que debería darse en realidad. El
espectador está avisado, Rachel también, por eso le coge la mano a su padre.
Miran atrás y de nuevo un trípode. El tema los persigue hasta que salen del
agua, y caminan perdidos en mitad de la noche. Los ataques han ido siguiendo
una línea de extorsión concéntrica de los personajes: de una ciudad entera al
ferry en el río, y del río al ataque a Rachel y Ray. A continuación de la escena
del sótano con Tim Robbins, padre e hija son descubiertos por un trípode. Ella
sale corriendo, y un trípode la atrapa. Su padre, en un desesperado ataque para
salvarla, va en busca del trípode y lo ataca. Éste lo captura, y lo mete en
una especie de jaulas donde conserva a sus víctimas. La amenaza es ahora mayor
que nunca, pues no hay escapatoria posible: están prácticamente dentro del alienígena.
A pesar del final dulce y benevolente con los personajes, Williams y Spielberg no han querido redimir a la humanidad y dejarla tranquila. Después del tema final (que ya descubriremos más adelante), y sobre los créditos, suena de nuevo la música de los trípodes alienígenas. En realidad, el happy end es una tregua momentánea para director y compositor. El hecho de que los extraterrestres estén presentes de nuevo a nivel sonoro advierte que la Humanidad sigue amenazada, y de que el horror, en realidad, no ha acabado. La empatía de la música con la imagen es total: en todo momento el universo sonoro acompaña perfectamente el apartado visual. Si miedo dan las imágenes, podemos asegurar que más miedo da lo que escuchamos. Porque si bien los trípodes no están siempre en pantalla, sí lo están en el plano sonoro. Por lo menos, el espectador está más perseguido a través del oído que a través de la vista.
Si
bien los protagonistas son la familia Ferrier, con Cruise a la cabeza, lo que
Spielberg quiere mostrar a la Humanidad en su conjunto. Lo que podríamos llamar
una muestra representativa, en este caso (como en tantos otros), americana.
Si decíamos antes todo lo que refiere a los alienígenas, podríamos explicar
lo contrario de la musicalidad que se ha dotado a la raza humana. En este caso
sí que este personaje (global, representado por los Ferrier) está dotado de
un tema musical que lo caracteriza. Es un tema débil, que tiene una presencia
menor que la música de los alienígenas, y que se ve continuamente atacado por
esta. El tema es la desesperanza, la soledad, la indefensión ante el horror
en mayúsculas. Lo escuchamos siempre cuando no están presentes los trípodes,
que con su fuerza acaparan todo el plano sonoro. Este tema de la Humanidad es
para los momentos posteriores al ataque, para cuando después de la acción, llega
la reflexión: hemos sobrevivido a este, pero, ¿y el siguiente?
Esta puesta en escena es constante, pues los ataques son mortíferos de necesidad, y no hay ningún atisbo de luz, ni de salvación. Es en los pocos momentos de respiro (entendiendo como respiro los momentos en que no hay alienígenas persiguiéndonos), el tema humano hace hincapié en ese exilio hacia la muerte a la que se dirigen las miles de personas que por mucho que intenten escapar de los trípodes, indefectiblemente se dirigen hacia ellos: están por todas partes, no hay escapatoria. Una huída lenta y dolorosa que la música de Williams transmite a la perfección. Es un tema central necesariamente presente en todas las escenas en que el horror toma cuerpo, esto es, en aquellos planos donde los protagonistas pueden darse cuenta de hasta dónde llega la destrucción. Por esta razón la situamos en nivel espacial de las emociones: indica cómo se sienten los personajes, cuál es su estado anímico. Apela directamente a la emoción, el espectador logra sentir y hacer suya la situación de los personajes. La primera vez que suena llega con Ray Ferrier. Vuelve a su casa cubierto de polvo (que en realidad son restos de personas pulverizadas), y se sienta. Sus hijos le hablan, pero él no escucha, está en shock. Al mirarse en el espejo, es consciente de lo que ocurre: ha llegado el horror, y hay que hacer algo. A partir de aquí, el tema suena en bastantes ocasiones realmente duras. La familia va en coche y los chicos necesitan una parada para ir al baño. Rachel, la niña, se aleja demasiado del coche y llega a un río. Cuerpos sin vida bajan por él, primero uno, a continuación decenas. La música sigue un ritmo in crescendo que explica perfectamente como crece exponencialmente el horror en la pequeña. Acaba de golpe, cuando su padre le tapa los ojos. Se trata de una música situada a nivel dramático de los personajes (pues son en conjunto, la familia, y por tanto la Humanidad, la que trae esta música). En la pantalla vemos, por ejemplo, cómo la familia pierde su coche ante un alarde de locura y desesperación humana: les han quitado el coche a punta de pistola, y han perdido la ventaja que tenían al ir en un vehículo. Entran en el bar. Se escuchan unos disparos: la gente se está literalmente matando por conseguir el coche. El horror vuelve a estar en pantalla. Ray se desmorona, está perdido y no sabe qué hacer. La música los lleva a caminar con todos hacia el ferry, en lo que es un exilio en toda regla.
El
tema varía en la colina, justo después
de sobrevivir al ataque en el ferry. Robbie ya ha demostrado inquietudes por
ir a luchar junto a los soldados anteriormente, y en este caso vuelve hacerlo.
Volvemos a la situación en que la humanidad vagabundea en una sola dirección,
y el chico sale corriendo. Se está librando una batalla. El tema
central varía, puesto que esta vez el horror no es escaparse de los trípodes,
sino correr hacia ellos. No es gratuito que el tema se vea interrumpido por
un tema secundario que enfatiza la
guerra de dimensiones épicas que se libra contra los alienígenas. Cañonazos,
tanques, etc. Esta música de guerra roba por unos segundos la presencia de la
música de la Humanidad, hasta que ésta vuelve a aparecer. La familia
se separa, Robbie se va con los soldados y Ray debe llevarse a Rachel lejos.
En su huída, Ray y su hija topan con Harlan Ogilvy, un Tim Robbins realmente
demencial. Ha perdido a su familia, y acoger a los Ferrier no es un gesto gratuito:
los ha llevado para luchar con él, que claro está (dadas las condiciones), supone
una muerte segura. Suenan algunas notas musicales de horror cuando Ray impide
a Harlan disparar contra los alienígenas que han bajado a investigar. El espectador
ve y escucha el desastre al que puede llevar la situación. Finalmente, Ferrier
decide matar a Harlan pues ha perdido totalmente la cabeza. Es aquí cuando vuelven
a escucharse unas pocas notas del tema central, pero solo unas pocas. Para proteger
a la niña, le pone una benda en los ojos, y le pide que cante una canción de
cuna. No se puede infringir más sufrimiento a la pequeña, escuchando como su
padre mata a golpes a otro hombre. Las pocas notas que hemos escuchado dejan
paso a la voz de Rachel, que cantando con los oídos tapados intenta lo imposible,
que matar a alguien no sea una acción brutal. La última vez que suena es justo
después de ser descubiertos por un alienígena, Rachel sale disparada del sótano.
Es mientras Ray la busca que suena el tema, con el paisaje cubierto de tentáculos
rojos. La tragedia se vive por momentos, ya que la pequeña no da señales de
vida.
Williams abre y cierra la película con este tema y la narración de Morgan Freeman. Su naturaleza musical es circular, o quizás más bien infinita. Esta introducción habla, por decirlo de forma muy general, de las criaturas del Universo. Empieza con lo que parecen ser unas cadenas de ADN para irse a alejando hasta llegar a una célula, una hoja, el mundo y el Universo. Está por lo tanto justificado que el tema de apertura tenga este carácter de continuación ilimitada, que podría estar sonando eternamente, como el Universo. Igualmente ocurre en el speech final: nos situamos en el mundo, para ir adentrándonos poco a poco en una hoja, una célula, una cadena de ADN y volver de nuevo al Universo. En definitiva, una estructura en espiral donde la imagen puede pasar tanto de la célula más pequeña al Universo infinito como viceversa, tejiendo esa sonoridad que puede girar y girar indefinidamente.
Williams
adereza la película, además de con la música ya descrita , con una serie de
temas secundarios que pueden ser
diferenciados por su menor importancia a nivel
dramático, pero que hilvanan, cosen la historia. El primero de ellos es
un tema preexistente que suena en
falsa diégesis. Robbie baja del coche
escuchando el IPod sin prestar atención. El tema rockero da una definición del
personaje: un joven americano adolescente, rebelde, etc. Es imposible que escuchemos
esa canción a ese volumen, pero el mecanismo funciona perfectamente como esbozo
de la personalidad de Robbie. El segundo lo escuchamos justo después de que
Rachel descubra una gran cantidad de cuerpos bajando por el río. Han parado,
y los vehículos militares se dirigen a la batalla. Robbie, pretende pararlos
y irse con ellos. Rachel, que muestra auténtica devoción por su hermano, se
lo reprocha diciéndole que si se marcha, quien la va a cuidar a ella. En este
caso suena un tema de desunión: Rachel y Robbie no tienen una buena relación
con su padre, y mientras se abrazan a la izquierda de la pantalla, Ray se queda
en la derecha. La música de esta secuencia refuerza la separación que existe
entre ellos. Justo antes de subir al ferry, a través de unos megáfonos suena
un tema diegético preexistente. Es un tema triste, que aunque por su letra haga
un discurso del tipo cada día será un nuevo día, cantaremos…, tiene un
carácter melancólico que le hace empatizar
absolutamente con la imagen. Después del ataque al ferry, e introducido como
subtema dentro del tema
central de la Humanidad, suena una melodía apocalíptica ya mencionada. En
pantalla hay fuego, tanques, cañonazos que se reflejan en la cara de los personajes.
Robbie quiere ir con los soldados, y su padre no lo quiere dejar, mientras Rachel
espera junto a un árbol. Los soldados, pese a luchar con todas sus armas, no
consiguen infringir ningún daño a los trípodes, y la música así lo expresa.
Volvamos al tema mencionado de la separación o falta de unión en la familia. Tras el apocalipsis sonoro de la batalla, Robbie consigue su objetivo: las circunstancias superan a Ray y lo deja ir. La familia finalmente se ha roto, recuperando el tema que ya habíamos escuchado cuando Robbie se quería ir con los soldados. El grupo ha perdido finalmente a un miembro. Finalmente, y para alegría de toda la Humanidad, los trípodes caen por sí solos. Se mueven en círculos, y los tentáculos se están secando y deshaciendo. Ray y Rachel ya están en Boston, y van a asistir a la destrucción de un trípode que ha perdido su escudo. Ante este cambio de papeles, Williams decide no apostar por fortalecer el débil tema central de la Humanidad, sino que deleita al espectador con un tema secundario que muestra optimismo frente a la batalla. Se ha descubierto la falta de escudo, y las armas humanas acaban destruyendo el alienígena. La música de los extraterrestres está ligeramente presente mientras el trípode en cuestión se mueve en círculos, como mareado, pero muere a medida que los impactos del cañón hacen diana en su cuerpo. A pesar de otorgar un tono épico a la batalla, la música no engrandece nada a los humanos, no los convierte en héroes: no se impone la música de los humanos sobre la de los alienígenas. Simplemente la música de los alienígenas, mermada por cuestiones naturales (la atmósfera terráquea los ha intoxicado) desaparece en la batalla, por esa fortuna de que los invasores se estén eliminando prácticamente solos.
La
brutalidad humana puede llegar a límites insospechados, y algunas escenas de
esta película así lo demuestran. Ante el infierno, los humanos se comportan
como animales y con tal de sobrevivir, pueden hacer lo que sea. Hay dos momentos
clave en que el silencio musical que se produce es decididamente oportuno y
sobrecogedor. El primero, justo después de que los Ferrier se vean forzados
a abandonar el coche. Entran en un bar, y asisten horrorizados al asesinato
del nuevo conductor. Con absoluta sangre fría, uno de los hombres que deseaba
hacerse con el automóvil, coge la pistola y lo mata. Reproducir esa sensación,
el miedo que produce lo que uno es capaz de hacer en una situación así, de forma,
por endulzarlo de alguna manera, tan incivilizada, es imposible con música.
Por eso se opta por el silencio. El otro caso lo encontramos en el sótano, con
Harlan Ogilvy. Como ya hemos comentado, la música la pone Rachel cantando. Estamos
hablando de que al otro lado de la puerta, su padre está matando a un hombre
a favor de su supervivencia. No debe haber música extradiegética,
pues un hombre está matando a golpes a otro, y ese hecho no podemos saltarlo
como si nada. Sin embargo, tampoco se puede permitir uno, que la niña lo escuche,
que suficiente horror lleva acumulado durante la película. Y dos, Ray Ferrier
es el protagonista. Mata por necesidad, y en este caso esto tiene que quedar
muy claro. La canción de cuna enmascara el asesinato, aunque solo sea superficialmente.
© Carlos Aguilar, 2006
Temas del disco
1.
Prologue (02:52) Dialogue Performed by Morgan Freeman 2. The Ferry Scene (05:49)
3. Reaction the Country (03:24) 4. The Intersection Scene (04:13) 5. Ray and
Rachel (02:41) 6. Escape from the City (03:49) 7. Probing the Basement (04:12)
8. Refugee Status (03:50) 9. The Attack on the Car (02:44) 10. The Seperation
of the Family (02:36) 11. The Confrontation With Ogilvy (04:34) 12. The Return
to Boston (04:29) 13. Escape from the Basket (09:21) 14. The Reunion (03:16)
Dialogue Performed by Morgan Freeman 15. Epilogue (03:11)
(*) Carlos Aguilar fue alumno de Conrado Xalabarder en la Universidad Pompeu Fabra y por el presente trabajo obtuvo Sobresaliente. Ha sido publicado en Mundobso con su consentimiento.