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BSO Y POLÍTICA

11/02/2016 | Por: Conrado Xalabarder | 4 comentarios
DEBATE

Nuestro amigo Isaac Duro nos propone un tema para el Ágora:

Hay numerosos cineastas que han utilizado el cine para expresar su ideología, su sentir respecto a la actualidad o a la política de un momento histórico determinado. Y son conocidos y notorios que varios de esos filmes contaron con el apoyo del compositor, es decir, que cineasta y compositor, ambos de la mano y aplicando sus respectivos talentos, quisieron posicionarse, lanzar un mensaje de denuncia, reivindicación o simple retrato de un momento político concreto. Uno de los casos más conocidos es el del maestro Morricone, que con Giuliano Montaldo, Gillo Pontecorvo y Bernardo Bertolucci y sus creaciones para las rotundas y muy políticas La bataglia di Algeri, Queimada y especialmente Novecento; marcó todo un estilo inimitable y una forma de posicionarse ideológica y sentimentalmente de un lado del espectro político como nadie más lo ha hecho. Un caso parecido sería el de Mikis Theodorakis, quien aparte sería un auténtico activista y participante de la vida política de su país, cuya asociación con Costa-Gavras también produciría partituras en este sentido que serían capitales para sus películas. Incluso también los ha habido que, de alguna manera, han "opinado" políticamente desde una perspectiva histórica, como un caso reciente que he podido comprobar con el siempre enorme Georges Delerue y su monumental partitura para La revolution françaíse, cuyo himno y tema principal es toda una declaración de intenciones.

Con todo esto, ¿creéis que un compositor cuando se le puede ofrecer la posibilidad de "posicionarse" ideológica o sentimentalmente debe ser comprometido y activo, poniendo en la partitura todo lo que su sinceridad y su pensamiento le pida (más lo que el cineasta le permita, claro), o más bien debe mostrarse, si no neutral del todo, sí objetivo o equilibradamente ausente si el contenido de la película es comprometido e incluso polémico?. No todos los compositores pueden tener el talento de Morricone, Theodorakis o Delerue para ocupar un lugar preeminente en el discurso político de la película, salir indemnes e incluso reconocidos, así que puede ser un arma de doble filo, ya que su entusiasmo podría incluso traducirse en una incursión abusiva de la música en la película hasta molesta. En casos así, ¿la comunicación y entendimiento del director y el compositor deben ser clave? ¿El compositor, en tanto que "cineasta" también e incluso, por qué no, activista político si así lo siente, puede y debe tener la libertad de ayudar a la película con su propio discurso? ¿Neutralidad prudente con el compositor en un segundo plano retratista, o participación casi indispensable para que el discurso del director o guionista de turno llegue más lejos, más sutil y más recordable?

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Muchas gracias Isaac por el estupendo planteamiento. Efectivamente, la música puede ser una herramienta de manifestación ideológica de primera categoría. Ya lo es cuando tiene un componente ideológico marcado y universalmente reconocido (La Marsellesa, La Internacional, etc) o cuando a priori no lo tiene pero se le otorga. En el caso del cine y de la música original, si la película es en sí un manifiesto político o social, es probable que el compositor participe con su música de ese manifiesto. Los ejemplos que has mencionado son ya referentes, pero hay más y en todos los sentidos: por ejemplo, el cine totalitario y propagandístico (el nazi, el fascista, el comunista...) siempre fue acompañado de fastuosas partituras destinadas a ensalzar y glorificar aquello que se ensalzaba y glorificaba (me viene a la cabeza la imponente música de Manuel Parada para el filme pro-fascista Raza, de 1941). Algunas veces el compositor participaba gustosamente; en otras más le valía no poner objeciones...

Sin embargo (y si mi reflexión es equivocada confío que algún musicólogo me corrija) hay que considerar que la música aislada y sin explicación previa -esto es, que el compositor no haya declarado sus intenciones- no tiene carga ideológica reconocible, salvo que incluya elementos ideológicos conocidos (un himno, etc). ¿Podría funcionar la música pro-fascista en un filme pro-comunista?. ¿Podríamos intercambiar a Parada por Shostakovich (parte de su labor en el cine estuvo vinculada al enzalsamiento forzado del estalinismo) sin que el público notara la diferencia en los respectivos éxtasis?. Probablemente podría hacerse, especialmente si en esas músicas no se incluyeran referencias conocidas.

En un filme de componente religioso, político, social, sindical, etc., la música suma. Pero si la película no se posiciona, simplemente relata, la música (que es la película) tampoco se posicionará y se limitará a relatar o sería un sinsentido, pues la propia película estaría navegando en distintas direcciones, lo que generaría confusión. Recientemente, por ejemplo, la película vasca Lasa eta Zabala, con música de Pascal Gaigne, denunció el secuestro, tortura y ejecución secreta de dos terroristas a manos de los GAL, a principios de los ochenta. El compositor aplicó una música comprometida pero no a favor de la banda terrorista sino en lo concerniente al sentido de justicia como valor universal, porque era exactamente de lo que trataba la película. Es cierto que esa misma música podría apoyar una mirada pro-terrorista en el supuesto que el filme tuviera esa perspectiva. Pero no fue el caso.

Si hay una actitud reivindicativa (la que sea) por parte del director es probable que la música del compositor sea su propia voz, la del director, que también se explica a través de la música. Mencionabas a Theodorakis y algo muy parecido es lo que hizo James Horner en Los 33 (eso sí, el filme, a mi juicio malísimo, no le llega ni a la suela de los zapatos a aquellas maravillosas películas de Miguel Littín y otros directores). Su música es una declaración de principios, y en este sentido creo que cuando la música deja de ser una emoción para convertirse en postura, actitud y compromiso, su mensaje llega al espectador incluso con más fuerza que aquello que se relata desde el resto del filme, porque la música es un lenguaje universal e inmediato y juega, claro, con las cartas de la implicación emocional: ¡no escucharemos música antipática para ensalzar nada!. Es lo que sucede por ejemplo con la bellísima música de Alberto Iglesias para También la lluvia, quien asume un papel ideológico de apoyo y empatía con la lucha de los desfavorecidos, que es la mirada de la directora, Icíar Bollaín, a través del compositor.

Nadie carece de ideología y en un mundo libre todos tienen el derecho de expresarla. Incluidos los compositores. Algunos de ellos -como tantos otros creadores- llegaron a sufrir persecución por tener pensamiento propio (la caza de brujas de McCarthy, por ejemplo, también acosó a compositores de cine, de lo que podremos hablar en otro momento). Pero al margen de intolerancias, si hay cine de compromiso político, social, laboral, religioso o en cualquier caso ideológico, bienvenido será el compositor que haga mejor y más claro el discurso de ese cine de compromiso político, social, laboral, religioso o en cualquier caso ideológico.

Aristóteles definía al hombre como Zoon politikón (animal político) pues consideraba que aunque humanos y animales por naturaleza son sociales, solo el ser humano es político, pues necesita serlo para vivir en comunidad. Aristóteles incluía, aunque no los mentara, a los compositores de cine.

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Usuario: Rolando Naranjo Campos
Fecha de publicación: 22.02.2016
Me ha parecido muy interesante lo aquí expuesto. Está claro que los compositores como el resto de los mortales tendrán sus inclinaciones ideológicas más o menos definidas. Y que hay momentos históricos en los que las ideologías se exacerban dando pié a posicionamientos mucho más enfáticos por parte de los seguidores de los distintos bandos,en donde las artes juegan un papel bastante importante en todas sus variantes.
Pero hay un film que me viene ene estos momentos a la cabeza... y una canción "Tomorrow Belongs To Me" de John Kander. No creo que ni compositor ni director quisieran que Cabaret se convirtiera en una oda al nazismo, pero aun así tanto uno como el otro logran una memorable escena y ser bastante asertivos. No es que estén de acuerdo con lo que allí pasa, pero recoge perfectamente un sentir de una parte del pueblo alemán en momento determinado de su historia. Y Kander mostrando una profesionalidad exquisita compone este formidable himno que, como bien dice ignus, podríamos situar en cualquier otro lugar o momento histórico similar, sin necesidad de que el compositor se sienta identificado con el espíritu ideológico que allí se describe.
Lo que está claro es que un compositor, ya que es el caso que aquí nos trae, se sentirá más cómodo a la hora de exaltar algo con lo que se sienta identificado que con aquello que no le resulte de su agrado, por muy profesional que sea.
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Usuario: (Feisal) Isaac Duro Sánchez
Fecha de publicación: 17.02.2016
Perfectamente expuesto todo, Conrado, y aclaradas mis cuestiones. Lo principal es un poco la conclusión a la que llegas: un director que valore verdaderamente el papel del compositor en su película y le deje terreno libre y allanado para que tenga protagonismo y haga también cine desde los compases, verá cómo su mensaje ideológico llega mejor y más lejos que solo con las imágenes y el guión. Y si el compositor en cuestión posee el talento de Iglesias, Morricone y tantos otros, la música podría hasta convertirse en un icono mismo de aquello que está buscando, denunciando o elogiando.
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Usuario: (ignus) Ignacio Marqués Cuadra
Fecha de publicación: 11.02.2016
Muy interesante lo que planteas, Isaac. La verdad es que no me lo había preguntado nunca y no tengo nada que aportar. Como dice Conrado, cuando una película toma partido sobre algún tema tiene sentido que el compositor lo apoye y suscriba con su música, lo contrario sería obviamente contraproducente para la película. No he visto muchas de las que habéis comentado pero me viene a la memoria algunas que también se podrían nombrar y son magistrales. Por ejemplo, la extraordinaria música de “Alexander Nevsky” (38) de Prokofiev, filme que fue hecho con fines propagandísticos para ensalzar a la URSS frente a la Alemania Nazi, y que además la película de Eisenstein relataba oportunamente para los rusos la victoria que obtuvieron los novgoridianos sobre los teutones, teniendo éstos que retirarse de sus tierras y renunciar a las conquistas. Es uno de los pocos casos que recuerdo haber visto, donde la música tiene importante carga ideológica (importante esos cánticos en ruso como si fueran cantados por el pueblo, que es a quien debía llegar el mensaje).

Del bando Nazi recuerdo la música del fastuoso documental propagandístico “El triunfo de la voluntad” (35), a cargo del compositor Herbert Windt (uno de los compositores de cine más prolíficos del III Reich). También el uso que se hacía de la música de Wagner que, en relación a lo que comenta Conrado de que la música por sí sola no tiene carga ideológica, sí conseguía que dicha música sirviera para esos fines propagandísticos y de ensalzamiento, como igualmente podría haberle servido la música que Prokofiev escribió para “Alexander Nevsky”. De hecho he llegado a leer en algún sitio que esta obra de Prokofiev se podría considerar como la respuesta al “Carmina Burana” (36) de Carl Orff (una de mis obras de música clásica favoritas) donde desconozco si realmente había intención de propaganda en la música, pero al igual que en Alexander Nevsky había cantos populares en alemán, pero también en latín y, ciertamente, ambas obras tienen mucho en común, como también lo tienen bandos contrarios cuando son tan extremos.
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RESPUESTAS A ESTE COMENTARIO
Usuario: (Feisal) Isaac Duro Sánchez
Fecha de publicación: 17.02.2016
Estupendos ejemplos, ignus, de los que ni había caído (quizá centrándome demasiado en las décadas de los 60 y 70), pero son las muestras perfectas de composiciones destinadas casi exclusivamente al lanzamiento del mensaje ideológico. Claramente no hay color entre un tótem como Prokofiev y Herbert Windt.
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