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EL GRAN VIAJE DE MORRICONE (VIII)

25/06/2017 | Por: Conrado Xalabarder | 8 comentarios
CRONICAS

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Continuamos con nuestro repaso comentado del libro editado por Malpaso Ennio Morricone. En busca de aquel sonido: Mi música, mi vida, extensa conversación de Ennio Morricone con Alessandro De Rosa.

  • CAPÍTULO 3. -Música e imágenes (continuación)

Creo que la sencillez y la funcionalidad, que estamos obligados a respetar al escribir para el cine, dependen en gran medida del hecho de que la música suele tener una importancia secundaria respecto a las imágenes y a otros sonidos de la película, como, por ejemplo, las palabras. Probablemente, el compositor experto llega a esa sencillez por reducción, casi castrándose, mientras que para el aficionado la sencillez es a menudo un punto de partida absolutamente normal (p. 194)

Disponiendo de una limitada libertad exterior, he procurado alimentar una especie de secreta libertad interior. Una libertad que respetase las exigencias del cliente y las exigencias fruto de mi idea de la música, defendiendo mi personal identidad musical (p. 202)

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Comentario: No creo que la sencillez y la funcionalidad dependan en gran medida, como afirma Morricone, de la posición secundaria de la música. La funcionalidad -lo he sostenido infinidad de veces- es lo más importante, puesto que ante todo y sobre todo la música ha de ser útil al resto de la película. Respecto a la sencillez, es un tema que deberá ser tratado con más extensión. El guion literario puede ser muy enrevesado, complejo, tener muchísimos personajes, etc. Pero el guion musical necesariamente debe ser más elemental, más reducido y más esquemático, o de lo contrario nadie podrá entender ni asimilar lo que está contando la música. Lo he ejemplificado siempre con el filme sobre Jesucristo, que puede detallar con precisión lo que le acontezca a cada uno de los personajes pero que es imposible, por colapso y saturación, que el espectador pueda seguir lo que le narren trece temas centrales (el de Jesucristo y los doce apóstoles). La única solución viable es reducir a tres o cuatro los temas narrativos (para Jesucristo, Pedro, Judas...) y al resto de apóstoles dejarles sin música individual.

No creo que Morricone se refiera a la sencillez en términos estrictamente musicales, aunque es cierto que una música excesivamente elaborada puede resultar -según la situación- contraproducente, bien porque distraiga, bien porque no aclare o confunda, o por la razón que sea. Si esa fuera su afirmación, parecería que no hay espacio en la película para músicas no sencillas, lo que obviamente no es cierto, porque lo hay.

¿Tiene la música una importancia secundaria respecto a las imágenes y las palabras?. Creo que es poco cuestionable que la música, frente a los diálogos, debe asumir una posición de retaguardia, supeditándose a ellos, porque tienen carácter protagónico: las palabras deben poder ser escuchadas porque son a lo que va a prestar atención. Al margen que la música sirva para matizar lo que se diga, obviamente. Sí se da algún caso en que se ha buscado que la música interfiera en los diálogos para callarlos, como por ejemplo en una de las escenas más importantes del filme de Ingmar Bergman Gritos y susurros (Viskningar och rop, 72), pero es la excepción que confirma la regla.

No creo que esto pueda afirmarse tan categóricamente con respecto a la relación de la música con las imágenes, puesto que aunque estas sean el elemento visible y el que llega antes al espectador, puede ser que estén completamente vacías de contenido (una mirada inexpresiva, un paisaje) y que sea la música la que aporte toda la información. Pensemos en muchos momentos de Vertigo (58), por citar un ejemplo. Finalmente, respecto a la segunda declaración del compositor, es coherente con lo expuesto y algo que ya hemos abordado en anteriores entregas de esta serie de comentarios: compatibilizar utilidad con calidad.

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Explica una anécdota sobre su única experiencia con Roberto Faenza, en el filme Marianna Ucrìa (97). Cuando terminó de escribir la música, el director le dijo: ¿Y si cuando vayamos a la sala de grabación no me gusta? Morricone le respondió: Roberto, que otro te haga la música: yo lo dejo. Y del proyecto se encargó, por recomendación del compositor, Franco Piersanti. Cuando se llega a la sala de grabación -comenta- no queda tiempo para muchas reconsideraciones: hay que pagar a la orquesta y yo soy responsable ante el que paga. Si un director demuestra esa desconfianza significa que no está convencido y que tiene muchas dudas, dudas que yo no puedo afrontar, porque estoy gastando un dinero que no es mío (p. 212)

Añade: Cuando un director habla con tiempo, puedo saber qué dirección debo seguir y a veces incluso he rechazado la propuesta. En cambio, otras veces, llegas a la sala de grabación y el compositor se encuentra con expectativas que desconoce, que el director no ha explicado, por pudor. Y lo que pasa entonces es que el compositor ha ido en otra dirección y decepcionado esas expectativas (p. 216) El dolor que se siente cuando un director rechaza la música en la sala de grabación es enorme: te entran ganas de morir (p. 214)

Explica que en parte el problema viene por la actitud de algunos directores, demasiado ansiosos por conocer y por supervisar la música, hasta el punto de confiar poco en el compositor. Recuerda de Roland Joffé, por ejemplo, que Siempre parecía que no se fiaba del músico, pero con el tiempo comencé a sospechar que, en primer lugar, no se fiaba de sí mismo (p. 224) Tampoco le fue fácil con los hermanos Taviani, durante la grabación de Il prato (79): en el estudio me discutían la presencia de una nota. Querían que la cambiara. Es una manera legítima de actuar, pero yo siento que me quitan la espontaneidad (...) ¡El compositor no es un ejecutante! (...) ¡Vale pedir, pero no exigir! (p. 226). No volvió a trabajar con ellos, aunque afirma mantener amistad.

Y remata: Nunca me peleo con los directores. Antes los abandono (p. 225)

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Comentario: Hans Zimmer habla también respecto a este punto, aunque desde otra perspectiva, en el capítulo 7 de mis comentarios sobre la serie de vídeos que conforman su Master Class. Explica que grabar con una orquesta es muy caro, por lo que hay que saber economizar medios y evitar que en plena grabación se vayan a pedir cambios, aunque también hay que saber reaccionar ante ellos. La creación de maquetas es una ayuda muy útil. Sobre los problemas que ocasionan los directores no hay mucho que comentar salvo que sería bueno, irónicamente hablando, educarlos ya desde pequeñitos en el respeto al compositor y sobre todo en aprender a hablar con ellos sin avasallarles.

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Usuario: Ángel González
Fecha de publicación: 27.06.2017
Gran experiencia este libro, sobre todo por la reflexión que Morricone hace sobre la música: en concreto, sobre su manera de entender la música,muy meditada, razonada y nunca buscando teorías o filosofías absolutas, sino personales y que hablan sobre su propio camino como artista. No imaginaba encontrar esto. Sus opiniones sobre música y la comunicación de esa música me han encantado. Para quien no haya tenido la oportunidad de leerlo, decir que Morricone habla de música absoluta y música aplicada (las bandas sonoras, como ejemplo paradigmático). A partir de ahí habla sobre lo que denomina "doble estética", como manera de ligar música más accesible con música más experimental, buscando así satisfacer a director@s y público, pero también sus propias inquietudes más investigadoras y experimentales.

Demuestra ser alguien que presta una impresionante atención a todo lo que tenga que ver con el sonido: timbres, interpretaciones, intensidad del sonido, espacio que ocupa dicho sonido ... aparte de sus virtudes melódicas tonales y atonales (sus favoritas, aunque la mayoría lo conozcan por su vertiente tonal más o menos pura).

Cuando hace su reflexión sobre el papel secundario de la música, incluso indicando que en el cine se podría prescindir de ella, no parece que quiera decir que no la vea útil: es obvio que ha sido uno de los mayores activadores del papel narrativo de las bandas sonoras. Pensemos en los elementos que dan lugar al cine como arte: de la imagen no podemos prescindir; él considera que del sonido tampoco. Yo creo que el sonido está pegado a la realidad (otra cosa son los efectos sonoros, o la manipulación del sonido original), y podría compartir esa op9inión suya. A partir de ahí se incorporan elementos que, si se prescindiera de ellos, seguiría habiendo cine. Eso sí, lo que aporta la película variará. Para Morricone la música diegética está pegada a la realidad y forma parte del sonido de esa realidad. Creo que en su opinión de que la música es prescindible en el cine, está hablando desde la consideración de que lo audiovisualmente puro es imagen y sonido: parece coherente (aunque habrá quien no lo comparta). Por eso no me parece una barbaridad, como decía Conrado en el capítulo 7, lo que dice Morricone. Está muy meditado y, lamento decir que el comentario al capítulo 7 pues me resulta plenamente equivocado (solo es mi opinión, no pretendo sentar cátedra).

Imaginemos una película sin música. Ahora incorporémosle música. Los resultados son diferentes, pero la esencia del cine permanece perfectamente sin música. A eso parece referirse. El papel secundario es evidente siguiendo ese razonamiento, pero sabemos que puede ser un secundario activo, que trastoque cosas, que aporte información nueva, que añada subtexto, que explique, etc, etc. Y no creo que haya nadie (y menos, tras leer el libro, que piense que las decisiones de Morricone son al azar).

Saludos.
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RESPUESTAS A ESTE COMENTARIO
Usuario: Conrado Xalabarder
Fecha de publicación: 29.06.2017
Estupendo aporte, Ángel.

Nadie pretende sentar cátedra, tampoco yo. Sólo reflexionar a partir de consideraciones de Morricone que son TAN interesantes.

Pero, ¿en qué te basas para afirmar que lo audiovisualmente puro es imagen y sonido?
Responder
Usuario: Ángel González
Fecha de publicación: 01.07.2017
Hola, Conrado.

Lo de sentar cátedra no iba por alusiones, sino solamente por acentuar que era mi opinión, que me gusta razonarla, pero nada más que eso. Soy de los que prefiere decir "cómo me gusta esto" y no tanto "qué bueno es esto".

Lo de la imagen y sonido como la esencia del cine y lo audiovisual, también es solo una opinión. Entiendo perfectamente que la comunicación audiovisual se nutre de más elementos (efectos sonoros, efectos visuales, banda sonora, montaje, fotografía) que, según la manera de utilizarlos, enriquecen a la imagen y el sonido de partida. Yo pienso, y creo que Morricone tambien lo hace, que aquello pegado completamente a la realidad, tal y como lo vivimos en nuestras vidas cotidianas, es la imagen y el sonido. Si yo camino por la calle, existe imagen y sonido en ese hecho. Si grabo eso mismo y alguien lo proyecta exactamente así a 5000 kilómetros de distancia, seguirá existiendo imagen y sonido y se percibirá como una vivencia normal y desprovista de artificio. Si le añado un montaje con distintos planos, le añado un efecto sonoro, o le incorporo una banda sonora, el mensaje cambia; por supuesto que sigue siendo cine, y seguramente pueda aportar más mensaje o subtexto a la situación. Pero en realidad, esa vivencia puedo plasmarla sin esos añadidos, pero no si elimino la imagen (pues no sería algo explícito, sino simplemente sugestivo, y podrían imaginarse muchas vivencias distintas a partir de ese sonido) o el sonido (pues no sabríamos que estaba sonando una sirena de policía, o que alguien estaba paseando al perro cerca de mí, pero sin que lo pudidera ver, etc.)

Jaja. Gracias por la pregunta. Espero haber explicado con más y mejor profundidad mi visión. Saludos.
Responder
Usuario: Conrado Xalabarder
Fecha de publicación: 01.07.2017
Pero Ángel, con esa definición tú (y Morricone) le quitáis al cine la esencia de lo que es. "aquello pegado completamente a la realidad"... ¿desde cuándo el cine es eso???

El cine es manipulación (la interpretación es un engaño, el montaje una alteración del espacio/tiempo, la fotografía una irrealidad...). Naturalmente puede no serlo (ponemos una cámara delante de una pecera y que los peces llenen película)

¿Significa con ello que lo que hagamos en la pecera (y mostremos a 5000 km) es lo puro???

La afirmación de Morricone se basa en hacer de la excepción una regla. El cine no es "Obreros saliendo de una fábrica", que lo es también, sino "Llegada a la Luna" de Meliès y todo lo que ha venido a continuación.

Te diré más: incluso el poner la cámara y el micro mientras tú caminas por la calle puede (con seguridad tiene) manipulación: ¿Dónde posicionas la cámara? ¿cuál va a ser el tono de luz y el grado de color? ¿Hacia dónde vas a estar enfocando el micro? Y lo más importante: ¿por qué no me has mostrado lo que pasaba antes de que aparezcas o lo que sucede después?

Lo único que necesita el cine para existir es la cámara. Sin ella no hay cine. Pero una cámara no hace en sí cine. Hace falta más, y cine puro es todo aquellos ingredientes que emplees para hacer la película. Es, insisto, hasta ofensivo (no hablo de ti!!). ¿Es que acaso Ford o Kurosawa no hicieron cine puro?
Responder
Usuario: Ángel González
Fecha de publicación: 01.07.2017
omo cualquier concepto, el uso que se hace de algo va moldeando su significado. Es evidente que el concepto de cine ha evolucionado, se ha convertido en algo multidisciplinar, poliédrico, y con infinitas posibilidades de seguir evolucionando.

Por supuesto que Ford, Kurosawa, Welles, Weir o muchos/as otras/os cineastas son cine con letras grandes, especialmente quien ha experimentado (no me gusta Godard, sí me gusta más Guerin, y su labor es admirable desde el punto de vista investigador). Han ayudado a moldear lo que hoy se puede entender como cine, y son cine en estado puro.

No me refiero a eso, me refiero a la esencia más básica pegada a la realidad. Y sí estoy de acuerdo en que el cine es manipulación (el ejemplo que indicas sobre donde posicionas la cámara es muy bueno; me encanta y me lo apunto, jaja). Pero sigo pensando en los elementos prescindibles y, por reducción, me sigue quedando lo mismo. Eso sí, qué gran suerte que no se quede en eso.
Responder
Usuario: Conrado Xalabarder
Fecha de publicación: 02.07.2017
Lo único imprescindible es la cámara... ni siquiera el sonido es imprescindible. O el color
Responder
Usuario: Ángel González
Fecha de publicación: 02.07.2017
Es otra manera de verlo, pero por eso me refería al audiovisual, como sonido e imagen. Entiendo tu argumento: dentro de imagen y sonido aún podríamos hacer más descomposición del concepto.

Yo creo que Morricone, una vez leído el libro, es un devoto del sonido, casi un alquimista "en busca de aquel sonido" (y eso que pensé que el título del libro iba a ser de esos fruto del puro marketing, y gratamente me encuentro que es una de las dos o tres ideas centrales del libro). Por eso su referencia explícita del sonido emparejado en importancia a la imagen. Seguro que si le hubieran seguido preguntado sobre esto, habrían salido reflexiones muy jugosas al respecto.

En fin. Una grata experiencia la obra, y este hilo de conversación.
Responder
Usuario: Conrado Xalabarder
Fecha de publicación: 03.07.2017
Si no creo que estemos en desacuerdo. Creo que la frase de Morricone, si no viene acompañada de una explicación, es malentendida y se interpreta como adscrita a ese dogma (estúpido, absurdo) de que el cine puro "no lleva música".

Espero que todo lo que vaya comentando te inspire reflexiones como las que has hecho!.
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