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NUEVOS TIEMPOS (V): LA HISTORIA DE MIKLÓS RÓZSA

03/07/2018 | Por: Conrado Xalabarder
HISTORIA

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Aunque 20Th Century-Fox realizara también superproducciones, parte de las más importantes corrieron a cargo de Metro Goldwyn Mayer, que primó películas coloridas y fastuosas, frente a las producciones sobrias de United Artists, Warner Bros. o la propia Fox. Para ello, el estudio del león dispuso de departamentos artísticos equipados con los decoradores, diseñadores de vestuario y directores de fotografía más capacitados para poner en práctica una concepción del cine más luminosa y extravagante, que encontraron sus mejores exponentes en los musicales y en las películas de corte histórico que aprovecharon todos los avances técnicos. Miklós Rózsa, tras su etapa con el cine negro, cambió de registro a su llegada a la MGM, donde desarrolló una vasta obra dedicada a filmes ambientados en la vieja Roma y en la Edad Media. En el caso de los primeros, al no existir mucha información sobre cómo empleaban los instrumentos, se intentó acercar lo máximo al período, escribiendo unas partituras que, aunque no correspondiesen a esos tiempos, sí aparentasen serlo. Su sistema de trabajo, tal y como relató en su autobiografía Double Life, fue acercarse a la antigua Grecia:

No es fácil saber con exactitud qué música interpretaban los romanos con sus instrumentos, ya que no ha sobrevivido ningún texto escrito al respecto. Pero algunos estudiosos lograron descifrar diversas muestras obtenidas en monumentos y lápidas griegas, y ya que la civilización griega dominó Roma en los campos de la religión, arquitectura y literatura, parecía razonable emplear esas fuentes helénicas como base de mi música (...) En ocasiones, un pequeño fragmento era suficiente como punto de partida (Rózsa, M.: Op.cit. p. 181.)

El primero de los filmes en los que pudo ponerlo en práctica fue Quo Vadis (51), para la que se llegaron a reconstruir viejos instrumentos empleados como figuración en la película y añadió buenas dosis de espectacularidad para remarcar los aspectos más épicos.  Su siguiente filme ambientado en la antigua Roma fue la adaptación del texto de Shakespeare Julius Caesar (53). Contrariamente a Quo Vadis, prefirió recurrir solo esporádicamente a la música de época, dado que entendió la obra como un drama contemporáneo al que ese tipo de música podía perjudicar:

Si Julio César no hubiera sido más que un filme histórico sobre César, hubiera empleado música de época. Sin embargo, era mucho más que eso. Era una tragedia de Shakespeare y su soberbio lenguaje es el espejo del momento en que fue escrito, los tiempos de la reina Isabel. Y el lenguaje es el que impone el estilo (...) Si hubiera compuesto de forma romana hubiera perjudicado a Shakespeare, pero si hubiera empleado música de la época isabelina, hubiera sido anacrónico desde un punto de vista histórico. Decidí entenderlo como un drama universal sobre los eternos problemas del hombre y su tiempo (...) Escribí la misma música que hubiera hecho para una representación teatral moderna, expresando mi propio lenguaje musical para una audiencia moderna, tal y como Shakespeare expresó su propio lenguaje para su propia audiencia (CD «Julius Caesar. Intrada)

La película se sustentaba esencialmente en el poder y la fuerza de los diálogos, por lo que Rózsa apoyó con su creación el protagonismo que estos tenían, realzándolos. Su tercer viaje a la antigua Roma fue el más espectacular y resultó en la creación de una de las partituras más esenciales de cuantas jamás se han compuesto para el cine: Ben-Hur (59), en la que excepcionalmente dispuso de 18 meses para escribirla. Sin premuras de tiempo tuvo garantías necesarias para realizar un trabajo lleno de fuerza y variedad, con elevado número de temas y sentido de la espectacularidad, dramatismo, romanticismo y misticismo, componentes de una banda sonora que marcó un hito en la Historia del Cine. Para encontrar la inspiración necesaria viajó a Roma, su ciudad favorita:

Pasee largas tardes por el Foro Romano, el Capitolio y las Palatinas, imaginando el antiguo esplendor de los edificios que ahora están en ruinas, la excitación de las multitudes con sus togas en el Circus Maximus que, por cierto, me inspiraron para escribir las músicas que se emplean en las secuencias del Circo y desfiles militares. Fui lo suficientemente afortunado para conectar de inmediato con esa atmósfera (Palmer, C.: Op. cit. P. 218-219)

En cierto modo, el impacto de Ben-Hur repercutió negativamente en King of Kings (61), donde se distanció en concepto y forma respecto al filme anterior, pues entre ambos habían demasiadas similitudes. Lo resolvió no incidiendo tanto en lo épico y sí en los aspectos místicos de la vida de Jesucristo, con la construcción de un poderoso tema con coros. Fue su despedida del breve pero intenso paso por las películas situadas en Roma.

También se mostró idóneo para poner música a filmes ambientados en la Edad Media. Prueba de ello fue Ivanhoe (52) donde, como ya hiciera en Quo Vadis, prosiguió con sus investigaciones:

Con Ivanhoe retrocedí a las fuentes del siglo XII. Quería de nuevo crear una partitura que sonase estilísticamente auténtica (...) Los sajones fueron muy influidos por los Normandos, que tenían mucha más cultura. Las fuentes de la música sajona son poquísimas, pero hay una gran cantidad de música de ese siglo en los trovadores franceses, que trajeron su música con la invasión de los Normandos a Inglaterra. Los diversos temas de Ivanhoe están parcialmente influidos por estos (...) El tema de amor es una libre adaptación de un canto popular del norte de Francia. El manuscrito en el que estaba lo encontré en una colección de canciones de la Biblioteca Real de Bruselas. Es una bellísima melodía, que expira la inocente atmósfera romántica de la Edad Media (CD «Ivanhoe». Intrada)

Luego vendrían Young Bess (53), situada en la Inglaterra de Isabel I, y Knights of the Round Table (53), con la leyenda del Santo Grial. En ambos casos siguió en la misma línea de ambientación histórica, creando temas románticos. Rózsa viajó al Siglo XVII: Plymouth Adventure (52) versa sobre el viaje del Mayflower al Nuevo Mundo. En sus indagaciones, averiguó que los expedicionarios llevaron un libro con diversos salmos, uno de los cuales fue el que empleó para abrir y cerrar la película, insertándolo en una gran música sinfónica con coros, que resaltaba la espectacularidad de la aventura y la exorbitancia del océano.

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