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LO UNIVERSAL EN LA MÚSICA

18/12/2018 | Por: Conrado Xalabarder
DEBATE

Nuestro amigo y también compositor Joseba Beristain nos ha hecho saber de un interesante artículo de NPR: National Public Radio titulado Why Pygmies Aren't Scared By The 'Psycho' Theme y que fue publicado hace unos tres años. En el mismo se explica que científicos de una Universidad de Montreal han deducido que la música no es un lenguaje universal. Llegaron a esa conclusión tras experimentar con una tribu pigmea en la República Democrática de Congo que desconocía la música de Brahms o la de Beyoncé. Les hicieron escuchar algunas músicas y sus reacciones ante el Tristán e Isolda de Wagner o el tema de la ducha de Psycho (60) fue la indiferencia.

El artículo se extiende en otras consideraciones, que aquí no son de nuestro interés. Pero me hubiera encantado que los científicos hubieran hecho una prueba, básica y creo que muy significativa: enseñarles a las gentes de esa tribu la escena de la ducha y luego hacerles escuchar la música. Creo, ¡no soy antropólogo! que la respuesta no habría sido la indiferencia. Creo, y no quiero pecar de soberbia, que es más que evidente que la música no es un lenguaje universal, pero el cine ha ayudado mucho a hacerla universal. Todo reside en su capacidad o incapacidad de generar algún tipo de impacto en el público, ya sea emocional o también intelectual. Y eso se consigue asociando música a acción, explicación o simplemente a la imagen.

Son pocos los occidentales que sintonizan con la ópera china o con los musicales Bollywood, por ejemplo, pero a nadie se le ocurriría dudar que los hay estupendos y que los chinos y los indios los disfrutan al máximo. Y sucederá a la inversa, con nuestras óperas en China y nuestros musicales en la India... Y sin embargo, todas estas músicas pueden resultar profundamente conmovedoras si se aplican en una película, bien sea por lo estético, por lo dramático o por lo narrativo. El cine sí puede universalizar la música porque la transforma en algo perceptible y la hace, por visual, también visible. Es decir: que si los pigmeos vinculan la música de Herrmann a un crimen atroz y violento, difícilmente podrán ser indiferentes a ella.

La música cinematográfica está llena de códigos que han acabado siendo asumidos universalmente, tipo los violines encantadores en el amor o la música tóxica en el terror: si se avanza a los acontecimientos, el espectador sabe, antes que haga aparición el enamorado o el asesino, lo que va a suceder. Y esto es muy interesante porque el buen uso de estos códigos permite acelerar mucho la narración de los filmes, facilitar explorar otros terrenos dado que la música consigue un impacto en el espectador que ahorra explicaciones.

Korngold decía que el cine es una gran autopista hacia los oídos del espectador y él mismo sacó provecho de ello, llevando a la gran pantalla el tipo de música -aproximada, eso sí- que estaba reservada para las salas de conciertos, y de este modo al universalizarla y por tanto significarla en tanto los filmes de aventuras siguieron el camino abierto. ¿Pero qué pasa con la música que ya está significada? Precisamente con la música que ya tiene una significación se cometen errores en el cine: es pausible entender que si en un filme suena La Internacional algo tiene que ver con la lucha obrera; que si suena La Marsellesa Francia va a estar presente de algún modo, si aparece una ranchera aparece México y si escuchamos un buzuki seguramente algo de Grecia habrá en el filme. Todo ello porque esas músicas e instrumentos están localizados y ubicados y además el cine se ha encargado en infinidad de veces de hacerlo saber al público.

Sin embargo, puede ser que haya músicas no tan significadas universalmente y que por creer que lo son aquello que quieran explicar no se explique: es posible que por querer destacar la unión inseparable de un asturiano o de un catalán con sus tierras se crea que basta para reforzarlo con integrar una variación del Asturias, patria querida, de Els segadors o incluso de la bellísima El noi de la mare. Pero es harto posible que esa música no signifique absolutamente nada en Finlandia, en Sudáfrica o en Nueva Zelanda. Y es por eso que en estos casos se ha de pensar si realmente conviene hacer uso de ellas, más allá de lo emocional o lo artístico, dado que pueden flaquear en lo narrativo. La música no es un lenguaje universal, pero desde luego el cine ha hecho mucho para que lo sea. Y entonces toca preguntarse si la música de cine es la más universal de todas las músicas.

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