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MÚSICAS QUE ENVEJECEN MAL

31/08/2017 | Por: Conrado Xalabarder | 1 comentario
DEBATE

Andrés Moret nos plantea el siguiente tema:

Muchas veces me pregunto si una banda sonora estupendamente bien considerada en el momento en que se estrenó con su película puede, al cabo del tiempo, perder esa buena consideración o incluso convertirse en una mala banda sonora. ¿Qué opinión tenéis al respecto?

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En principio estas valoraciones suelen producirse -y me refiero a la música aplicada- cuando vemos una obra del pasado con la mentalidad y las costumbres del presente, pero no creo que sea del todo justo. El ya no se hacen las cosas así no debe ni puede ir en detrimento de creaciones que, en su época, funcionaron bien y sirvieron para construir la película. Además, envejecer no significa envejecer mal: hoy ya no se hacen bandas sonoras con los códigos y modos de Casablanca (43) y no por ello ha envejecido mal. Recordemos los homenajes vintage que hicieron de aquella gloriosa época tanto Miklós Rózsa autoreferenciándose en Dead Men Don't Wear Plaid (82) o más recientemente Thomas Newman en The Good German (06). En ambos títulos se ponía creaciones de un contexto concreto (los años cuarenta) en otro muy diferente (los ochenta y ya entrado el Siglo XXI), y fueron llamativos por el contraste con las nuevas realidades. Y fueron espléndidas creaciones.

Pero, claro, en filmes-homenaje. ¿Podría funcionar hoy en día una banda sonora como estas que hemos citado en películas sin vocación de mirar al pasado de la Historia del Cine? Con seguridad no: el cine ha cambiado y el público para el que se hace también. Pero siendo esto así, no significa que aquellas partituras hayan envejecido mal. Simplemente, son de otra época. En 1969, por ejemplo, se estrenaron tres westerns, y de alguna manera cada uno de ellos se correspondía musicalmente a una época diferente: la mirada a la tradición del pasado de John Williams en The Reivers; el presente pop de Burt Bacharach en Butch Cassidy and the Sundance Kid, y la vigorosa creación adelantada a su tiempo de Jerry Fielding en The Wild Buch. Las tres, en sus peculiaridades, fueron estupendas, aunque ciertamente la de Bacharach es la que se nota hoy más añeja. Pero, una vez más, no por ello ha envejecido mal.

Creo que hemos de tratar separadamente las consideraciones que puedan tener quienes por su corta edad y la falta de conocimiento y/o sensibilidad consideren que Alex North es un peñazo anticuado. Esto sucede ciertamente y está muy extendido especialmente entre quienes no saben ni quienes eran Hugo Friedhofer o Armando Trovajoli, ni conocen casi nada de la música de cine del Siglo XX. Pero es un problema de conocimiento y cultural, que se resuelve con conocimiento y cultura. Pero, como he indicado, es un asunto a tratar separadamente porque tiene muchas derivadas que aquí y ahora no corresponde comentar.

Yo creo que puede atribuirse haber envejecido mal a aquello que ya estaba viejo en su momento, que por la razón que fuera funcionaba deficientemente de partida, aunque entonces no se vieran sus limitaciones pero que el paso del tiempo y los muchos avances sobre el entendimiento de la narrativa musical se han encargado de evidenciar aun más las torpezas de origen.

Este agosto, por ejemplo, he revisado Mary, Queen of Scots (71), con música de John Barry, que hacía muchísimos años que no veía. Pero tras leer el libro John Barry. De James Bond a la eternidad (sobre el que publiqué un extenso comentario, John Barry al descubierto), quise ver si había algo relevante en el filme, dado que los autores nada interesante han expuesto sobre ella, más allá de significar la belleza de la música. Una vez vista la película, mi decepción con el trabajo de Barry fue monumental, tal y como he detallado en las nuevas consideraciones puestas en su ficha en MundoBSO, a la que me remito. Claramente, ya era una banda sonora oxidada en su momento, porque lo que era esperable que cumplimentara, narrativa y dramáticamente, no lo cumplimentó mientras otras muchísimas películas, incluso anteriores, sí lo hacían. Y por esta razón el paso del tiempo acentúa su mal envejecimiento.

En su conjunto, de todos modos, Mary, Queen of Scots se deja ver bastante bien, especialmente gracias al electrizante duelo actoral entre Vanessa Redgrave y Glenda Jackson. Si hubiera tenido una mejor creación en lo musical, sería otro cantar. Y así creo, finalmente, que la clave para determinar si ha envejecido mal es observar el buen estado de la botella (el resto de la película) y pensar cómo sería con un mejor vino dentro de ella. Lo que no sucede con los clásicos que, aunque viejos, son pura exquisitez al gusto.

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Usuario: Ángel González
Fecha de publicación: 03.09.2017
Yo haría 3 reflexiones sobre esto: la primera, sobre el papel de las tendencias; la segunda, sobre lo anticuado y lo retro; y la tercera sobre lo anticuado y el cine y la música de cine. Necesito partir de las dos primeras para llegar a la tercera.

1. Cuando se hace una valoración de que algo es “anticuado”, entiendo que ha de existir un referente de lo no anticuado. Normalmente se apela a una serie de tendencias. ¿Y quién o qué determina que algo sea tendencia? Hay quien opina que es tendencia aquello que tiene un respaldo actual importante cuantitivamente. ¿Pero ese resultado objetivo está contaminado? Yo creo que sí. No confío en sea objetivo algo tan macro como una tendencia (que no se apoya en un acto único, sino en un conjunto continuado de actos); pienso que depende de demasiados factores manipulables. Intentaré explicarme:
Imaginemos que una gran cantidad de personas creen que alguna música suena bien actualmente: ¿en qué medida han sido libres para recibir otro tipo de música? Si solo nos dan a elegir de desayuno café con leche o bollería, una mayoría acabaría pensando que realmente solo hay esas opciones o, que si no hay otras, es porque no están bien. Casi recurriendo al conductismo, podría haber un día en que –de tanto tomar siempre lo mismo- aparece una manzana como tercera opción, y tal vez much@s pensarán que la manzana es mala idea para el desayuno.

Lo que quiero decir es que productores/as, personal asesor, medios de comunicación, o todas las estrategias visibles o invisibles de marketing, interfieren o pueden interferir en la decisión libre del consumidor final.

Por tanto, ya que creo que las tendencias están muy “subjetivadas”, igualmente creo que el concepto de anticuado no obedece esencialmente a bases objetivas sino subjetivas.

2. Echando un vistazo al presente, y en lo relacionado con música, surge un fenómeno curioso. Pondré el ejemplo de Eurovisión: no me gusta la mayoría de lo que suena, pero por defecto profesional me interesa ver cómo de estandarizados son los temas que compiten cada año. Tod@s podemos comprobar que hay una música predominante, que sigue determinados clichés o patrones muy similares (eso que se llama –creo que erróneamente- música comercial, pero no me meto en este lío ahora). Y llega el 2017 y Salvador Sobral vence rotundamente con "Amor pelos dois", que es una patada en la espinilla a esa música predominante. Más claro aún es el ejemplo de Lordi, un grupo de rock duro, con una canción sencilla pero efectiva que arrasó en el 2006, creo recordar. Podría considerarse algo anticuado un tema con sabor claro a mediados de los 80. Pero tras la victoria y, por tanto, tras el éxito, nadie lo llamaba anticuado o desfasado, sino que hasta hacía gracia su carácter retro. ¿Calificar a algo de anticuado depende entonces de no tener la aceptación en el presente? Pienso que sí.

Paradójicamente el marketing, que cuando es solo ansia por vender se convierte en un problema, provee también de una posible solución: vendámoslo como retro y así no envejecerá.

3. Dicho lo anterior, voy al meollo: la música de cine no envejece sola, envejece con su película (otra cosa serán las ediciones discográficas de bandas sonoras, pero cuando se juzga una banda sonora solo por escucharla en CD o mp3, ya no hablamos de música de cine o aplicada (que así cubre TV, videojuegos, teatro …).

¿Están anticuadas “The ghost and Mrs. Muir”, “The Alamo” o “Papillon”? Son antiguas, eso está claro. Unas más que otras. De algunas han pasado muchísimos años desde su estreno. Eso puede provocar desapego en mucha gente y verlas como algo del pasado y, peyorativamente, anticuadas. ¿Y si se resstrenasen? ¿Eso solucionaría el problema? Si se reestrenasen tendrían muy probablemente un éxito escaso.

Hay otros factores que influyen: los avances técnicos permiten ahora tener mejor calidad de sonido, hay más efectos sonoros, ya no están las cosas filmadas en Panavision (p.ej.) … Y hay que añadirle el plus del marketing promocional que genera expectativa ante lo nuevo, ante el futuro inmediato. En estas condiciones, todo ayuda a crear la ilusión (no a todo el mundo, claro está) de que lo que no es actual tiene un mercado secundario, casi de segunda mano y, por tanto, no es tendencia: o sea, que está “anticuado”.

Quien considere anticuadas esas películas citadas, entiendo que –por extensión- considerará anticuada su música.

Tampoco ayuda la sobresaturación musical actual y la sensación de que hacer música, interpretarla o versionarla está al alcance de cualquiera. No solo eso, sino que una gran parte de esa sobresaturada oferta musical se basa en instrumentos como sintetizadores, guitarras, batería, cajas de ritmos, mezclas … ¿Cómo va a ser respaldada masivamente una partitura como la de Herrmann para The ghost and Mrs. Muir? Es más fácil aislarla.

En conclusión, yo no creo en lo “anticuado”, pero muchas personas sí, y hay que respetarlo y seguramente ofrecer argumentos para que no lo menosprecien. En mi opinión las cosas del pasado vienen con su contexto y así pienso que se deben valorar. No hay por qué menospreciarlas, pero ojo, tampoco nos tiene que gustar todo.

La música va a ir evolucionando y, con suerte, retomará cosas del pasado (y ya lo llamarán retro, quizás). Ver al pasado no significa anclarse en él: para mí eso sería aburridísimo. No hay por qué anular nuevas posibilidades creativas que puedan ir surgiendo, algunas reinterpretarán conceptos musicales añejos. No hay que pensar que todo está perdido, sino que siempre está todo por hacer. Si nos hubiésemos quedado 500 años seguidos con conciertos y más conciertos de cuerda al estilo Vivaldi ¿habría sido bueno para la música? Yo creo rotundamente que no. ¿Por qué se me habría de privar de conocer a Muse, por ejemplo? Puedo adorar Las 4 estaciones, pero también Origin of simetry, y jazz, y música electrónica, y “The ghost and Mrs. Muir” …

El cine tiene una gran ventaja y es que puede dar cabida a todos estos estilos, creando guiones musicales adecuados, con independencia del estilo.

Está en la mano de tod@s, pero especialmente en quienes “manipulan” lo que debe ser entendido como tendencia, apostar por la calidad (sea de productos pasados, presentes o futuros), sin tener por qué renunciar a las ventas. Como esto último es poco probable, sería bueno crear un mercado “ecológico” de música. No pretende ser ofensiva la metáfora, sino todo lo contrario: la alimentación buscó una alternativa de calidad en lo “ecológico”; tal vez habría que comenzar un camino abrumadoramente difícil, pero necesario, con la música de calidad. Saludos.
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