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LA MÚSICA, EN LOS CINES

16/04/2021 | Por: Conrado Xalabarder

Más de un año de pandemia después y con la esperanza puesta en el catálogo de vacunas que pueden conseguir que recuperemos cierta normalidad en nuestras vidas, habrá que comprobar qué daño irreparable ha sufrido la exhibición cinematográfica como negocio y como opción cultural. ¿Cuántas salas de cine podrán reabrir? Probablemente sean pocas, o muy pocas. A la catástrofe económica se suma un cambio radical de modo de ver cine y que va a hacer muy difícil que el espectador medio quiera regresar a las salas de cine, salvo títulos muy llamativos. La explicación es sencilla, y por ello dramática para el negocio: por el precio de una sola entrada de cine una familia tiene un mes completo con muchísimas películas para ver las que quiera y cuando quiera en cualquiera de las plataformas que ofertan cine y series televisivas. ¿Qué exhibidor va a poder competir con eso? Tiene su lógica abrumadora: una familia de cuatro miembros pagaría casi 40 euros por ver una sola película en una sala de cine. Ahora, por ese coste, tiene cuatro meses en una plataforma o un mes en cuatro plataformas. Por otra parte, este año de pandemia ha sido boyante para las plataformas, que han aumentado de modo exponencial el negocio. ¿Cómo van a querer renunciar a él? Batallarán duro para tener en sus catálogos los títulos más atractivos. El negocio de la exhibición cinematográfica no se sustenta en el romanticismo de la pantalla grande ni en la lealtad de los que somos cinéfilos, puesto que la inmensa, abrumadora mayoría de los que iban al cine ni eran románticos ni cinéfilos, simplemente gentes que iban al cine. Ahora esas gentes tienen alternativas muchísimo más baratas.

Ya en los cuatro años antes de la pandemia en España se habían cerrado alrededor de 500 cines, a la vez que el público tenía más oferta legal y de la mejor calidad en la red. Un cambio que ahora se ha agudizado dramáticamente en perjuicio de las salas. Pero creo que la música de cine también pierde si se cierran las salas de exhibición. Ver cine en salas va mucho más allá del tamaño de la pantalla, del acto social, incluso del ritual: es una experiencia inmersiva que el espectador no va a poder pararla para ir al baño, cenar o mirar el móvil, ni siquiera hablar, y donde no podrá encender la luz. En una sala de cine, la película controla al espectador, mientras que en casa es el espectador quien controla a la película. Y ni siquiera aunque en casa se reproduzcan de modo parecido las condiciones de una sala de cine (oscuridad, no interrupción, etc) la experiencia es igual. Hablo, eso sí, de la experiencia, no de las condiciones a veces nefastas en que se produce esa experiencia (mala proyección, público maleducado, etc) Lo que defiendo es el principio básico de lo que es ver cine en una sala de cine.

Es gracias a poder tener al espectador bajo control que la música en el cine ha ido escalando posiciones dramáticas y narrativas, hasta llegar a ser tan determinante y poderosa, tan capacitada de hacer que el espectador mire a un lado u otro de la pantalla, que se crea (o no) lo que dice un personaje, que reciba información directa o subliminal y tantas y tantas cosas más. Es imposible y me resulta imposible creer que la música pueda mantener ese mismo control sobre el espectador si este se puede distraer, interrumpir la película, hablar. Es evidente que vista en televisión o en ordenador la música de una película no ha dejado de ser una herramienta de primera importancia, pero no es menos evidente que mientras que el entendimiento de un argumento puede mantenerse a pesar de parar el filme para ir al baño, el argumento musical sí puede perderse fácilmente, y especialmente con músicas narrativas. Que las músicas escritas para telefilmes, por ejemplo, sean de efecto más inmediato, más llamativas y menos sutiles tiene mucho que ver con el medio para el que están hechas y con llegar al espectador de una forma más directa. En las salas de cine no hay prisa alguna para manipular y manejar al espectador. Y es por eso que temo que la desparición de las salas de cine afecte mucho al modo de entender y asimilar la música de cine y ponga en peligro algunos de sus máximos logros y acabe siendo más para acompañar que para explicar. Ojalá no sea así, pero parece que puede ser así.

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