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MORRICONE EN PERFIL BAJO

06/05/2016 | Por: Conrado Xalabarder

Hoy se estrena en España la película francesa En mai, fais ce qu'il te plaît, con el título Mayo de 1940, y no puede ser obviado que si llega a nuestro país -donde vemos tan pocos filmes galos- es en buena medida gracias a la participación de Ennio Morricone, como oportunamente además se destaca en el cartel publicitario español.

Como sucede con todas las películas de Morricone esta llega como agua de mayo, si me permiten usar un recurso fácil, al menos para quienes le consideramos el mejor compositor de la Historia del Cine, el que más ha beneficiado al Séptimo Arte desde muchas perspectivas y quien es un cineasta en toda regla. No pretendo en absoluto pontificar al respecto ni imponer esta opinión, pero se me permitirá expresar que es esto lo que realmente pienso. Y como sucede con la totalidad de los compositores cinematográficos, hay una doble vertiente en su obra: la estrictamente musical y aquella que es la cinematográfica, la que más importancia tiene puesto que para eso ha sido creada, como vengo insistiendo en editoriales y ágoras diversos.

Muchas veces pienso en cómo debían sentirse los admiradores (y conocedores) de Picasso, de Rodin, de Chaikovski o de Oscar Wilde ante el anuncio de la inminente presentación de sus nuevas creaciones. La expectación y casi vértigo al acercarse a conocerla. Y el impacto ante la obra maestra o la rabia -contenida o no- ante la decepción, si la hubiera. Muchas veces lo pienso porque a mi me sucede con Ennio Morricone. Tengo máximo respeto por cualquier compositor que respete al cine, pero Morricone ha sido y es para mi el Picasso, Rodin, Chaikovski y Oscar Wilde de la música cinematográfica. De nadie he aprendido tanto y a nadie le debo tanto.

Es por esta razón y consideración que hago uso del editorial de MundoBSO para elevar una crítica desde la desolación. Yo no voy a ver una película para caer en la trampa de dejarme emocionar por la música, al menos procuro evitarlo, porque para satisfacer emociones ya tengo el disco. Y en el caso de la banda sonora de En mai, fais ce qu'il te plaît (editada por Quartet Records), la emoción lo es a raudales, porque la música es puro caviar, exquisita, elegante, intensa, propia de un maestro como el compositor romano. Pero es en la película donde se debe (y solo se puede) ver qué lo ha hecho el compositor-cineasta y en este caso el tránsito del CD a la película ha sido una caída en picado de lo celestial a lo mundando.

Como comento en la crítica expuesta en su ficha, "aplicada en el filme, sin embargo, pierde mucho de su sentido: apenas aparece en las primeras dos horas, y además cuando lo hace es de modo reiterado, sin evolución ni crecimiento dramático. De este modo, queda relegada a un papel secundario, y el compositor no toma en ningún momento el control sobre el filme. Sólo en créditos finales, cuando el filme ha terminado, sí aplica un tema principal radiante, exquisito pero tardío".

Teniendo en cuenta todo lo que Morricone ha hecho en el pasado, su legado cinematográfico, tengo la sensación que no ha tenido demasiado interés en hacer esta película y que la ha tomado como un entretenimiento personal pero de modo apático o cuando menos falto de capacidad de reacción. Es cierto que el filme le fue entregado montado y que no había margen para que la música pudiera tomar control sobre el resto del filme. Es una de esas actitudes de directores que piensan en la música una vez terminada la película y no la contemplan hasta el último momento -demasiado tarde, las más de las veces- como factor narrativo. Pero esto, que valdría como excusa aceptable para muchos compositores, no lo es para Morricone en ningún caso: no solo porque en The Mission (86), por ejemplo, sucedió lo mismo, sino porque Morricone es un cineasta de máxima categoría y podía haber tomado decisiones sobre el montaje, no conformarse con rellenar los huecos que le dejaban. Sé que esto es un modus operandi imposible... ¡pero estamos hablando de Ennio Morricone!.

Sus inserciones musicales empiezan algo que no puede ser siquiera desarrollado por cambio de escena, de modo que se nota a mil leguas que la música ha llegado en el último momento, que quiere explicar algo pero no lo consigue, y que finalmente acaba por ser impostada y, lo que es peor, innecesaria. En la película hay distintos momentos en que aparece la marcha de la gente en caravana. Bastaba con que se hubiera pensado antes en alargar uno de ellos para ceder el espacio narrativo a la música, ya que aunque ver marchar a gente no explique mucho puede ser muy definitorio dejando explicarse al guion musical. Algo por otra parte de lo más común. Finalmente, es una pena y es inaceptable que sea en créditos finales cuando aparezca el Morricone que era esperado pero no presenciado en todo el desarrollo de la película.

Decía Edgar Allan Poe que "En la crítica seré valiente, severo y absolutamente justo con amigos y enemigos. Nada cambiará este propósito". Pienso en los valientes, severos y absolutamente justos que elogiaron o denostaron las obras de Picasso, de Rodin, de Chaikovski o de Oscar Wilde, y pretendo con este editorial (que trasciende la mera crítica en una ficha) emular ese espíritu, desde la máxima humildad pero con toda la firmeza. Porque sabemos que en The Hateful Eight Morricone no podía hacer mucho más, ni se esperaba de él más, ni la película necesitaba más. Pero en este En mai, fais ce qu'il te plaît sí había sitio para mucho más y aunque la responsabilidad máxima haya sido de un director poco previsor, este mal ejemplo de música cinematográfica lo firma Ennio Morricone y porque le considero como a Picasso, Rodin, Chaikovski o Wilde es a él, a quien tanto admiro y al que tanto debe el cine, a quien señalo y repruebo.

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