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ZIMMER DEJA LOS SUPERHÉROES

01/04/2016 | Por: Conrado Xalabarder

El anuncio hecho esta semana por Hans Zimmer de que no volverá a trabajar en filmes de superhéroes ha sido recibido entre los aficionados con opiniones encontradas, como suele ser habitual en buena parte de lo que hace el compositor alemán. Algunos aplauden sus logros en este género del que ahora se retira y otros los rechazan, pero es un debate abierto que es sano y que tiene de bueno que demuestra lo viva que está la música de cine y las pasiones que despierta.

Hans Zimmer es un compositor que puede permitirse económicamente darle carpetazo a un género, si así lo estima mejor para su proyecto profesional y creativo. Afortunadamente para él no habrá de sufrir las penurias filmográficas de un compositor de la talla de Jerry Goldsmith, genio relegado en la recta final de su carrera a trabajar en filmes muchos de ellos mediocres o abominables, donde dio lo mejor de sí mismo pero que obviamente no estaban al nivel de su nombre. Pero ciertamente su nombre poco o nada le importó a la industria del vales lo que vale tu última película porque Goldsmith fue un artesano fagocitado de alguna manera -como otros compositores- por los nuevos tiempos; en cambio, Zimmer se ha constituido en sí mismo en industria, lo que le garantiza la supervivencia.

Su decisión merece el máximo respeto, incluso aunque pueda tener algo de postureo o alguna pequeña trampa escondida en esta determinación, como enseguida explicaré. No es el primero en hacerlo: Elmer Bernstein y Ennio Morricone abandonaron el western, para el que tanto eran reclamados, por un cansancio o hartazgo que podía estar justificado. Aunque ambos acabarían volviendo si bien con diferente suerte: un fracaso monumental en el norteamericano (Wild Wild West) y la culminación con Oscar incluido en el maestro italiano.

Zimmer comenta, a propósito de Batman v Superman: Dawn of Justice, que le fue muy difícil hacerla por lo que tenía de complicación encontrar un lenguaje nuevo (This one was very hard for me to do, to try to find new language, son sus palabras exactas). Esta explicación creo que es honesta y debería ser enmarcada, porque pone en evidencia que sus modos y formas tienen límites allá donde la música tradicional sinfónica no los tiene. El modus operandi de un John Williams y su Superman, por citar uno de tantos ejemplos clásicos o contemporáneos, es ciertamente conservador pero absolutamente eficiente: un tema principal claro, tema central de amor, contratema para el villano, temas secundarios para las acciones, etc. En definitiva, el guion musical diáfano que permite (es lo más importante) meter al espectador dentro de la pantalla... no imponer la pantalla al espectador de modo a veces poco respetuoso.

Algunos de los trabajos que Zimmer ha hecho en el género han sido en mi opinión brillantes, innovadores y valientes (Batman Begins, The Dark Knight o incluso partes de The Amazing Spider-Man 2) por lo que tenían de buscar desconcertar al espectador para meterle y ahogarle en una vorágine gótica, excesiva, extravagante e intensa, en la forma de un desenfreno musical y sonoro -especialmente sonoro- sin fin, con unas producciones musicales apabullantes. Que nada tienen que ver con la música básica, pulcra y ordenada de Superman, donde el espectador se siente cómodo.

Sucede que, a diferencia del modelo Superman (no es de Superman, ¡es solo una referencia!) este modelo vanguardista ha acabado por ser más de lo mismo, una y otra vez: música y sonido a todo volumen, poco margen de participación del espectador y finalmente poco explicado realmente desde la música. Y es tal su sobresaturación que al final resulta indiferente realmente la música que se ponga, mientra sea en esas condiciones excesivas. No sucede así con el modelo Superman, y son numerosas las bandas sonoras que han seguido la estructura tema principal+tema central de amor+contratema del villano+temas secundarios de acción, por ejemplo, y casi todas ellas han mantenido su propia personalidad diferenciada de las otras películas, gracias a una música clara y bien estructurada, pero sobre todo clara y fácilmente entendible por la audiencia. ¿Sabría el espectador -no aficionado a la música de cine- distinguir a qué película de superhéroe pertenecen muchas de las bandas sonoras del modelo vanguardista? A buen seguro no. Hay algo probablemente peor: que ni entienda o asimile lo que teóricamente intenta explicar un temario musical sobresaturado entre ruidos y excesos. Y sin embargo, estoy convencido que el modelo Superman sigue en plena vigencia y se volverá a él: solo hace falta ser un compositor que pueda exponerse en sus virtudes sin disimulos de posproducción. Y Zimmer es también uno de estos.

Lo cierto es que estas películas triunfan en taquilla, y en estas circunstancias ningún ejecutivo va a apostar por volver a la antigualla de las músicas tradicionales de compositores tradicionales. Por tanto, todo parece indicar que estas bandas sonoras van a seguir haciéndose. Pero Zimmer, a diferencia de Goldsmith, se ha hecho a si mismo industria. Y como tal alguien más las hará siguiendo el modelo-cada-vez-menos-vanguardista, provechoso en lo económico y despersonalizado en lo artístico. Y Zimmer podrá dedicarse a la artesanía, que en eso también es muy bueno. Hasta que recuerde lo divertidos que son los excesos y vuelva. Y volverá.

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