Reseña de Javier González:
Los creadores, Seth Rogen y Evan Goldberg, utilizaron música de Birdman como temp tracks durante los primeros montajes de la serie, así que era natural que acabaran llamando al baterista y compositor de jazz Antonio Sánchez para hacer la música original. Siguiendo su estilo característico con la batería y las percusiones como herramientas principales, la música de Sánchez imprime nervio y desenfreno a los enredos y situaciones caóticas que vive el protagonista, Matt Remick, y sus compañeros de estudio, siendo la partitura un elemento básico de la comedia y del ritmo frenético de la serie. En otro nivel, y con formas muy alejadas a la batería que monopoliza la música incidental, Sánchez también ha compuesto varias músicas diegéticas para trailers y anuncios de las películas que se están produciendo y rodando en la serie, así como la sintonía de la propia productora Continental Studios. Es destacable la aportación de Sánchez en el cuarto capítulo, contado a la manera del cine negro clásico, donde el protagonista investiga la desaparición de un rollo de película durante un rodaje. La música, al igual que otros elementos como fotografía o vestuario, asume un papel de homenaje al cine de detectives en equilibrio con un divertido tono naif y paródico.
La locura que aporta la batería en el apartado cómico es compensada con un inteligente uso de canciones y músicas preexistentes para las escenas más calmadas e incluso sentimentales de las tramas. Hay abundantes temas de jazz y swing, músicas que sirven para evocar el espíritu romántico y glamuroso del Hollywood clásico. Resultan brillantes las músicas preexistentes cuando son utilizadas para redondear un chiste o con canciones cuyas letras sirven para hacer referencia a aspectos de las tramas. Por ejemplo, al final del primer capítulo, donde Martin Scorsese hace un maravilloso cameo haciendo de sí mismo, Matt y su amigo Sal acaban viendo Goodfellas (90) y los créditos finales son musicados con Then He Kissed Me, canción de The Crystals del mítico plano secuencia del restaurante en la película del maestro neoyorquino. También en créditos se remata musicalmente una trama del tercer episodio con la directora Sarah Polley haciendo la pelota a Matt para que pague los derechos de la canción You Can't Always Get All you Want de los Rolling Stones y que pueda sonar en su película. El título de la canción hace además referencia al arco dramático del personaje de Matt. El cuarto episodio tiene doble homenaje musical al cine negro: primero con una versión instrumental de The Long Goodbye (73) de John Williams durante una fiesta y finalmente con el tema principal de Chinatown (74). Precisamente el filme de Polanski es nombrado expresamente por los personajes durante la trama, donde se hace reflexión y sátira acerca de la conveniencia de copiar/homenajear a clásicos del cine, consumando con Goldsmith un colofón musical redondo a uno de los mejores capítulos de la serie.
Por último, otro gran acierto es la elección de la canción que cierra la temporada de The Studio: There's a Great Big Beautiful Tomorrow, compuesta originalmente por los hermanos Richard y Robert Sherman para una atracción de un parque de Disney. Es posiblemente la canción más representativa del optimismo y la visión de futuro de Walt Disney, encajando a la perfección con el clímax final de la temporada, donde vemos a un Matt Remick triunfador y esperanzado, como un distorsionado y alucinado trasunto de un Walt Disney del Siglo XXI.