EL TITULAR Y LA CONSECUENCIA
El titular de The Guardian del pasado 24 de agosto con una cita de John Williams se ha hecho viral, ha sido reproducido por muchos diarios de papel y digitales de todo el mundo y puede generar un daño de difícil reparación a la música de cine. Composer John Williams says he never liked film music very much surge de unas entrevistas concedidas para el libro de Tim Grieving John Williams. A Composer's Life, y el propio autor se ha visto impelido a matizar lo publicado en la cabecera británica en un artículo en The Hollywood Reporter, con un titular más acertado: Does John Williams Really Dislike Film Music? It’s More Complicated Than That. Porque si, efectivamente todo es mucho más complejo pues este asunto contiene mútiples aspectos y perspectivas imposibles de abordar en un solo editorial. Algunas hacen perfectamente entendibles las palabras de Williams; otras, como he indicado, me parecen dolorosamente devastadoras. Lo que voy a exponer a continuación es una simplificación de consideraciones que darían para largos editoriales o artículos.
Son muchos los compositores -generalmente los mejores- que sienten frustración porque su obra no cinematográfica queda eclipsada por la que lo es o porque su propia obra de cine es denostada desde los ámbitos de la musicología o de la música concertista. No solo Williams, también Morricone, Herrmann (que le llevó a un grado extremo de amargura), Rota, Goldsmith, y no pocos más compositores, entre ellos españoles. A eso hay que añadir que en la creación cinematográfica no pocas veces, aunque no siempre, se sufren imposiciones y presiones que merman el potencial creativo, cuando no humillaciones. Se podrá debatir si esa obra no cinematográfica es mejor o peor, pero la composición de la llamada música absoluta es el anhelo de cualquier compositor que lo sea realmente, allá donde tantos que componen para el cine -lugar donde esconder no pocas carencias- ni se plantean exponerse en una sala de concierto. Entre ellos también españoles.
Williams declara que Film music, however good it can be – and it usually isn’t, other than maybe an eight-minute stretch here and there … I just think the music isn’t there. Esto es, por rotundamente falso, demoledoramente perjudicial. No hablaré de su propia obra -seguramente por humildad no quiere reconocer su genialidad- pero a falta de conocer el contexto en que lo dice y la interlocución que haya tenido Grieving con él (algo que es de importancia capital), yo le hablaría de Alexander Nevsky (38), de Ben-Hur (59), de In Cold Blood (67), de Ran (86), de partituras de Rota, Theodorakis, Goldsmith, Mancini, de tantos, ¡pero tantos!!!, que no han hecho ocho minutos buenos por aquí y por allá sino auténticas obras maestras musicales para el cine. ¿Desconocimiento, olvido? Sea lo que sea, el mensaje que transmite es espantoso. Soy el creador de MundoBSO y todas y cada una de las más de 38.500 bandas sonoras que tenemos a bordo tienen algún comentario, por tanto han sido conocidas en mayor o menor grado. Con esa autoridad -y naturalmente defendiendo solo una opinión- digo que Williams es injusto y desconocedor de la realidad: sí, es enorme el número de bandas sonoras mediocres, malas o auténtica basura (como en literatura o en la propia música), pero también hay la suficiente cantidad para defender que merece tener un espacio de reconocimiento en el mundo de la música que Williams, con esta declaración, cercena.
Hace 20 años, John Williams en la Filarmónica de Viena sería un sacrilegio, encabezó muy adecuadamente The Objetive en una entrevista a Arturo Cardelús, en un titular de gran ayuda que mostraba cómo la música de cine comenzaba a encontrar su espacio en los templos sagrados de la música. Y eso es porque el público lo demandaba (y sigue demandando) y si, naturalmente buena parte de esa música hay que remodelarla, arreglarla, desfragmentarla y unificarla para darle forma y cohesión para ser apta para concierto. ¿Es eso un problema? ¿Hace indigna la música que no ha sido creada para un concierto sino para crear (repito: crear) una película?
Si el titular de The Guardian hubiera sido: Williams declara que películas como Psycho, Vertigo, The Godfather o The Planet of the Apes no habrían sido lo que son o lo que los directores querían que fueran sin la contribución de la música (algo así espero fervorosamente encontrar en el libro) entonces el efecto positivo sería extraordinario, porque absolutamente nadie podría cuestionar esa verdad. ¿Por qué no es esto lo que se transmite al público general, a la musicología, a los aficionados al cine y a la música clásica?. A través de mis vídeos he explicado, mostrado y demostrado, y en ocasiones con excelencia, la abrumadora aportación de la música al cine, a su dramaturgia y narración. Obviamente está sujeta a la arquitectura cinematográfica, compartiendo espacio con diálogos y sonidos, fragmentada, simplificada... pero también dando como resultado una película quizás maravillosa, y eso es lo que sobre todo y ante todo debe defenderse. ¡Necesitamos cine en nuestras vidas! ¡Es un arte! Y ese cine que amamos y que seguramente aman los detractores de la música de cine... ¡necesita música!. Toda una contradicción allá donde debería haber admiración.
¿Es música menor cuando hace una película mayor? Y aunque sea menor llevada al terreno concertista, la música mayor de ese terreno concertista probablemente haría menor la película. Es El Plan B que tantas veces he comentado: ¿hay plan B para mejorar al personaje de Rocky en lugar de esa música discotequera que ni la compares con Mozart? ¡Nadie entendería a Rocky con Mozart! La música de Bill Conti sí entendió a Rocky! Si, hay Plan B para incontables bandas sonoras que podían ser mucho mejores con mejores músicas, eso es obvio, pero hay suficientes músicas de primera categoría que han sido fundamentales para hacer obras maestras del cine, y esta razón es suficiente para respetar, admirar, defender y no cuestionar el valor de la música en el cine.
Sí, a los conciertos de música de cine hay que llevar la excelencia, no la deficiencia ni malos espectáculos de mala feria. Sí, hay que saber diferenciar lo que es una aportación musical para el entretenimiento (Tintin, The Towering Inferno o los Indiana Jones) de lo que son compromisos musicales (Schindler's List). Sí, hay que defender la música de cine como aportación artística cuando lo es: ¿acaso no es arte la canción Over the Rainbow? ¿qué es, entonces? ¿Y la música de The Mission (86)? ¿es acaso lo de Morricone esa imbecilidad de música para imágenes o para acompañar la película? ¡Si precisamente lo que logra es elevarla a una dimensión espiritual e ideológica que sin ella sencillamente no tendría! (quien lo dude, que vea este vídeo).
Sí, hay que decir basta ya a tanto aficionado que ama mucho la música de cine pero bien poco sabe de ella bien porque le interesa solo el CD pero no la película para la que el compositor se ha desvivido (salvo casos puntuales cuando la película no tiene realmente ningún valor o interés) o bien porque exige a Williams melodías bonitas y protesta y desprecia obras auténticamente autorales, complejas, imbricadas en lo mas profundo de la esencia del lenguaje musical como Nixon (95) o Lincoln (12). Esto último causa tanto daño a un compositor como las falsas acusaciones de plagio o las innecesarias insistencias en buscar referencias (¡que levante la mano el compositor cuya música no sea consecuencia directa o indirecta, mayor o menor, de sus maestros!).
La música de cine (que siempre será música pero cuando hace cine es también cine) nos permite que existan películas en toda su grandeza. No es servilismo aunque esté al servicio, sufre incontables presiones e interferencias (falta de tiempo, opiniones transformadas en decisiones por cretinos ignorantes pero con poder) y mil pesadillas más... pero a lo largo de sus mucho más de cien años han surgido muchos filmes que son geniales gracias también a la genialidad en la música y/o en su empleo. La música en el cine consigue algo mágico, único, emocionante, absolutamente artístico que ninguna otra música hace: unirse a la imagen, al diálogo, al sonido, al montaje, al intérprete para, juntos todos ellos, crear algo que ya no es solo imagen, diálogo, sonido, montaje, interpretación y ni siquiera música: es cine. Y en muchísimas ocasiones cine con mayúsculas. Y por esta razón yo y los que me acompañan en MundoBSO vamos a seguir peleando para explicar, mostrar y demostrar que la música de cine es digna del mayor de los reconocimientos. Sobre todo en el contexto del cine, pero también cuando salta -en las condiciones mínimas exigibles- a las salas de concierto. Titulares como el The Guardian, y su reproducción en decenas de medios más, tienen consecuencias fatales, pero la realidad de la grandeza de la música de cine es tan palpable, evidente y demostrable que estoy seguro que más pronto que tarde el daño será reparado. En ello estaremos y en ello, estoy seguro, estará muchísima más gente.
P.D.: como hice con el libro de Morricone, al que dediqué diez artículos (el primero, aquí) haré lo propio con el de Williams. Lo desglosaré, comentaré y si creo necesario rebatiré. Será apasionante.