UN ANIVERSARIO DESANGELADO
MOSMA ha anunciado el programa de su X edición y más que una merecida celebración parece un lamentable ocaso: solo hay dos compositores invitados y solo dos son los conciertos sinfónicos, cuando en años anteriores acudían bastantes compositores y se ofrecían cuatro conciertos. Además, la página web (www.mosma.es) ha sido eliminada y el contenido del festival se aloja ahora en una pequeña entrada en un blog dentro de la web del exitoso Festival de Málaga. ¿Es una señal de alarma? Espero que no, pero esto parece más propio de una primera edición que de la décima. Lo cierto es que años pasados fueron mejores para este festival malagueño (también para Fimucité, hay que decir). Roque Baños de invitado parece más ser un comodín para tener algo de sustancia en el festival, pues es de la familia desde los tiempos de Úbeda y siempre ha sido leal y colaborativo. Como he venido denunciando desde hace tiempo (en el editorial de hace dos semanas, sin ir más lejos), Baños está casi desaparecido del cine español, lo que es una vergüenza para nuestro cine, y que MOSMA le tribute este año no es solo un recurso, que lo es, sino una decisión acertadísima. Por su parte, la presencia de Eric Demarsan es asombrosa y admirable (¡trabajó nada menos que con Jean-Pierre Melville!), pero lamentablemente casi nadie le conoce y salvo los muy cinéfilos pocos habrán visto sus películas, pese a que dos de ellas son absolutas referencias no solo en el cine polar sino en el cine en general: L'armée des ombres (69) y Le cercle rouge (70).
Los premios Jerry Goldsmith regresan al festival. Habían formado parte de su programación pero salieron (coincidentemente, al menos) tras el editorial Mosma se pone en el mapa (14 de julio de 2017), donde denuncié las más que evidentes prácticas engañosas que comprometían al mismo Festival de Málaga como entidad organizadora. Ahora se reincorporan pero con la apariencia de estar para llenar vacíos de contenido, tener sin coste más compositores en el festival e insuflar algo de alegría: es más que evidente que visibilizar a compositores emergentes que son completamente invisibles garantiza photocalls llenos de gente feliz. Es mucho mejor eso -sea con organización de premios transparente o sea opaca- que tener los photocalls vacíos.
Sergio de la Puente dará un concierto pupurri con una pequeña formación durante la gala de esos premios, y Arturo Díez Boscovich y Oscar Senen participarán con sus propias músicas y dirigiendo las de otros en el concierto del sábado, lleno de nostalgia y de músicas de compositores que han pasado por el festival, que se presenciarán con vídeo. El del domingo será también variado, con temas de Baños y Demarsan, Joan Martorell, De la Puente, Luc Suárez y un homenaje a Lalo Schifrin. A nadie se le escapa que la participación con sus músicas de Boscovich, Senen, Martorell, De la Puente y Suárez son para rellenar de contenido los dos conciertos, y esto que comento no lo hago desde el desprecio (imposible hacia algunos de esos compositores) sino desde el puro pragmatismo, con el que creo que coincidirán todos los que lean esto.
Esta décima edición de MOSMA tiene más de crepúsculo que de efeméride, y es razonable comprender la apatía y decepción que pueda generar. Que hayan suprimido su web es un indicativo de que algo no va bien, como lo es tanto relleno para completar algo que se parezca al programa de un festival internacionalmente conocido pero realmente nunca proyectado a nivel internacional. Sea por falta de recursos económicos o por menor interés de quienes lo organizan, la llama que MOSMA encendió hace diez años debe permanecer encendida y hay que hacer lo que sea -reinventarse sería una buena idea- para que la vela no se apague. Porque si el festival no remonta nadie saldrá ganado y todos, Málaga especialmente, perderán algo muy valioso, últil, y necesario.