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Editoriales

19/09/2025
Conrado Xalabarder

EL DUELO MÁS NECESARIO

Entre John Williams y Jerry Goldsmith hubo una suerte de duelo de titanes por algunas similitudes que hicieron las comparaciones inevitables: el Superman (78) de uno y el Supergirl (84) del otro; el Raiders of the Lost Ark (81) frente a King Solomon's Mines (85), etc. Fue una rivalidad creada artificialmente por los aficionados, pero lo cierto es que desde durante varios de los años que abarcan desde finales de los setenta hasta la muerte de Goldsmith los dos compositores subían el listón del Séptimo Arte con creaciones de igual genialidad y talento: el año 1982 con E.T. The Extraterrestrial y Poltergeist fue especialmente emblemático, pero hubo más. Lo cierto es que como evidencian Supergirl y King Solomon's Mines a Goldsmith le tocó lidiar con una carrera completamente desigual a la de Williams, este siempre en los filmes mayores y Goldsmith condenado, especialmente en bastantes de los últimos años de su vida y con estupendas excepciones, a los filmes peores.

En 2007, con El orfanato y Las 13 Rosas comenzó una suerte de duelo de titanes entre dos compositores excepcionales: Fernando Velázquez y Roque Baños. No hubo paralelismos tipo Superman/Supergirl entre ellos, pero sí la coincidencia de ser autores de músicas sinfónicas hermosas y vigorosas y con ellas subieron el listón del Séptimo Arte español con creaciones de igual genialidad y talento. Ese año Baños ganó en los Goya pero por ejemplo en 2010 uno daba El mal ajeno y el otro Balada triste de trompeta, y así durante varios años ambos trabajaron mucho, en buenos filmes, dando lo mejor de sí mismos. Alberto Iglesias o Pascal Gaigne se movían por otras constelaciones y el resto de compositores no volaban a su altura, al menos profesionalmente.

Pero como sucedió con Goldsmith la carrera profesional de Roque Baños ha caído en picado: Velázquez sigue estando en los mejores proyectos, como la muy viva Las muertas (25) a la vez que Baños estrena hoy una película de serie Z, Afterburn, que se está llevando varapalos de crítica y público: un filme alimenticio indigno para un compositor como él. Pero esto no viene de ahora: Baños lleva demasiado tiempo en zona gris, trabajando en películas muy por debajo de su talento, y de su filmografía reciente solo se destaca -pero más como salvavidas- la exitosa saga de comedia iniciada en Padre no hay más que uno (19), de Santiago Segura, de la que solo la primera de las cinco ha sido editada comercialmente.

Lo he dicho otras veces y aquí lo reitero: Roque Baños es uno de los mejores compositores de su generación, a nivel mundial, las mejores producciones deberían estar peleándose por beneficiarse de su talento. Merece volver a los mejores filmes y a volar a la altura que le corresponde por su categoría. La música de cine y el cine español ganarían mucho con ello. Luego, como he hecho siempre y seguiré haciendo celebraré o criticaré argumentadamente sus bandas sonoras, tenga el coste que tenga, como sigo haciendo con Velázquez tenga el coste que tenga. Pero recuperar ese duelo de titanes artificioso a la vez que real entre Velázquez y Baños es una absoluta necesidad porque si con Velázquez el cine español es mejor, sin Baños es desde luego peor.

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