No son pocos quienes anhelan poder dedicarse a la composición para el medio audiovisual, y no son pocos los que creen que basta una buena formación musical para que les sea abierta la puerta de entrada y profesionalizarse. No es necesariamente así, pues un compositor estupendo pero ineficiente no tiene futuro si es lento en la creación, no sabe trasladar a la música lo que se le demanda, o no conoce el lugar en el que ha entrado (que no es el concertista sino el audiovisual), entre otras razones.
Obviamente la mejor formación musical posible es lo deseable, así como disponer del equipo y las herramientas de trabajo (software, etc) para una creación y producción rápida que permita cumplimentar con las demandas —por lo general muy apretadas de tiempo— de entrega de música, de cambios en la música, de rehacer músicas... el audiovisual es un medio con muchas premuras y presiones, donde lo expeditivo (cumpliendo unos mínimos) se valora muchas veces más que lo creativo y lo artístico. Por ello hay que asumir que hay que trabajar rápido y eficiente, muchas horas en momentos de efervescencia, y tener amplia capacidad de reacción: es fundamental no olvidar que se compone música para una obra en la que hay mucha otra gente implicada, quizás mucho dinero invertido y donde la música forma parte de una cadena de producción que debe funcionar con el resto de las piezas sin hacer esperar más allá de lo esperado.
Este gráfico muestra la gran cantidad de gente que puede llegar estar involucrada en la creación de una película:

Fuente: Onassemble
Por tanto, es esencial entender y asumir que se crea para otros, no para uno mismo o misma, y hay que estar a la altura de lo que se espera. Esa creación ajena acaba siendo, eso sí, también propia: la película será la consecuencia del ADN que le sea inyectado a través de la música y, por tanto, el compositor o compositora es co-autor del filme, en mayor o menor grado. Esto conduce a lo que es de suma importancia:
CONOCER EL CINE, AMAR EL CINE, COMPRENDER EL CINE (o la televisión, los videojuegos, la publicidad...)
El compositor que no propone es el compositor que obedece. Esta es una máxima mía desde hace muchísimos años, y bien cierta. Es verdad que el compositor que propone puede que también tenga que obedecer, pero lo que es evidente es que quien no propone con absoluta seguridad obedecerá. Y las órdenes —de directores, de productores, de los a veces temibles montadores— puede que sean erróneas, perjudiciales, inconsistentes... ¿cómo hacer frente a ellas?: con conocimiento.
Pero no un conocimiento de lo musical —aunque pueda ser también así— sino de lo audiovisual: la dramaturgia, la narración, la arquitectura, el ajedrez, las tácticas y las estrategias que puedan ayudar a crear personajes, aliviar de peso los filmes, y un etcétera larguísimo. Es bueno tener ese tipo de conocimiento, que incluye también ver y estudiar lo que se ha hecho y se hace en el cine —el uso de la música pero también los demás apartados—, así como escuchar y estudiar lo que se ha hecho y se hace a un nivel musical. Es de absoluto sentido común.
¿Te puede ser útil saber qué se ha hecho en otras películas o cómo han enfocado y resuelto las dinámicas narrativas y dramatúrgicas en filmes similares al que puede que vayas a trabajar o que ya estés trabajando? Si te ofrecen un filme de terror ¿vas a obviar ejemplos magistrales de uso de música en este tipo de filmes? No se trata de copiar, en absoluto, sino de aplicar fórmulas y métodos que funcionan. En estos últimos años he visto dos películas españolas de suspense/thriller, completos desastres en el uso musical tanto por el evidente desconocimiento de sus directores pero también de sus compositores, incompetentes por desconocedores del cine de género existente y del que tanto podían haber aprendido. Sus músicas malograron las películas y las redujeron a la irrelevancia. Había modelos buenos a seguir —el de De Palma/Donaggio especialmente—, en cuanto a uso de temas, tempos, arco dramático, etc. Si algún compositor con conocimiento de cine lo hubiera propuesto, ni el crítico más avezado repararía que se estaba aplicando la plantilla De Palma/Donaggio y las películas se habrían disparado hacia arriba. Por no hacerlo, se dispararon hacia abajo.
Cuanto mejor se conozca el medio, más contrapropuestas pueden hacerse ante decisiones erróneas de los directores. Conocer bien el medio es saber lo que funciona y también lo que por la razón que sea no funciona. Por ello, cuanto más sepas de cine (o de televisión, videojuegos, publicidad), más competitivo vas a poder ser. Ese conocimiento te posiciona en la misma tabla de juego que los directores o los temibles montadores, y si estos saben mucho de cine, con referencias y bagaje (que es lo esperable), entonces será mucho mejor que puedas hablar con ellos en su mismo lenguaje.
¡Conoce el cine, ama el cine, comprende el cine! Sé cineasta, no solo compositor, entiende de montaje, de sonido, de etalonaje, cita escenas, películas, ejemplos, trucos, aprende de los mejores sobre todo por aquello que han hecho y que han contribuido a hacer, y de ese aprendizaje forjarás también tu ADN.
Las ganas de atravesar la puerta para entrar en el medio audiovisual las tienen también intérpretes, directores de fotografía, montadores, sonidistas, escritores con vocación de guionistas, directores, etc. Dado que no hay cástings para compositores, estos lo tienen más complicado que los actores, y la mayor parte de directores de fotografía, montadores o sonidistas salen de las canteras de las escuelas de cine o del meritoriaje, lo que tampoco se aplica para compositores. Un guionista puede vender su historia, pero es complicadísimo que alguien quiera comprar una música, pues la inmensa mayoría de las enviadas a productoras ni siquiera son escuchadas. Para no pocos productores la sinopsis de un aspirante a guionista de cine es un punto de partida pero la música que manda un aspirante a compositor de cine —si la llegan a escuchar— es un punto de destino, por lo que si no les convence ni se plantearán pedir revisiones.
En los muchos años que llevo en esta profesión he visto a compositores que han logrado encontrar la puerta de entrada y atravesarla, a compositores que la han encontrado y llamado pero aún no se la han abierto y a compositores que ni siquiera han encontrado la puerta donde llamar. No tiene que ver con el talento, aunque también, sino principalmente con la suerte, con el saber moverse y venderse y sobre todo con el saber ofertar algo que los haga necesarios. No hay un método sino un conjunto de factores. La inmensa mayoría de compositores que se dedican al cine tienen complicado mantenerse laboral y económicamente con su trabajo en el cine, desde luego en España.
Estos son algunos consejos:
- Tener una página web. Lo de mandar audios a productoras no funciona, salvo obviamente que te lo pidan. Una página web es un escaparate al mundo, donde puedes colocar tu música y puedes venderte. Una página web personal, no una ficha en una web general (tipo MundoBSO, donde eres uno entre miles). Súbitamente, y nunca llegas a saber cómo, alguien en Japón ha entrado, le ha gustado lo que ha visto y leído (porque la web TAMBIÉN está en inglés!) y se pone en contacto contigo. Una página web es más atractiva que un montón de CD enviados a alguien. Por supuesto, en la página web ha de haber material que exhibir, no solo pretensiones y buenas intenciones!
- Practica: mientras no tengas proyectos, créalos tú, para poder mostrarlos si llega el momento. Lo de poner música a escenas está bien, pero no es serio, salvo que quieras practicar solo el oficio de empapelador. Si quieres entrenar, hazlo a lo grande: con una película completa, donde tendrás que sortear mil dificultades y donde aprenderás lo que ni te imaginas. La película The Narrow Margin (1952) no tiene un solo segundo de música y es ideal para practicar: misterio, acción, romance, drama... ¡consíguela y sé su compositor! Si te da pereza ponerte a trabajar duro con una película entera, ¡no hace falta que sigas leyendo este artículo!
- Muévete: aunque tengas la web (que es un buen escaparate) ve a los sitios donde se preparan los proyectos o futuros proyectos, a eventos, festivales, etc. Es sin duda lo más complicado, pero hay escuelas de cine y estudiantes a los que acercarse, redes sociales, foros... cualquier sitio donde poder conocer a gente que haga o vaya a hacer cine. Ganarás muchos enteros si eres capaz de ofrecer algo más que música. No te ofrezcas para poner música a la película. Eso lo hace cualquiera. Convence que lo que puedes hacer con la música es poner cine a la película. Que se te vea como cineasta, no como músico. Si te ven como músico, eres perfectamente reemplazable, pero si demuestras que eres un solucionador de problemas (de esto va este oficio también) es bastante más probable que te quieran tener bien cerca.
Por enésima vez comparto lo que me sucedió con parte de una promoción de licenciados de Berkley, muy bien formados en lo musical y en lo técnico, pero de los que enseguida descubrí que no tenían ni idea (pero ni idea) de cine. Y lo que es peor: no tenían interés alguno, solo querían ver cuanto antes sus nombres en grande en los créditos de las películas. Hasta donde yo sé, aún están buscando la puerta...
Estudia a Zimmer pero también a Nolan; a Iglesias y a Almodóvar, a Sorogoyen, a Bayona y Amenábar, fórmate en música pero fórmate en cine. Y sobre todo no te rindas, no desistas, no tires la toalla, no renuncies. Claudicar no es una opción. Nada garantiza el éxito y el fracaso siempre está presto a acompañarnos en la vida. Pero no te abraces al fracaso mientras creas en ti como cineasta.
Repito: como cineasta.
