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LA LUZ EN LA OSCURIDAD

12/10/2018 | Por: Conrado Xalabarder

Cuando yo era un adolescente de 16 años comenzaron a surgirme las primeras preguntas sobre por qué había música en las películas que veía con temprano interés cinéfilo. Y no pasaba solo en las películas comerciales, también en las importantes, esas que yo etiquetaba así, con inocencia, tras saber de ellas en revistas o programas de la Filmoteca, y que eran filmes que literalmente devoraba: Fellini, Kurosawa, Hitchcock, Truffaut. Mis padres fueron estímulos para mi formación como cinéfilo: ellos mismos fueron unos cinéfilos de primera, iban a menudo a las salas de arte y ensayo y tertuliaban en casa con sus amigos sobre cine. Me compraban libros y revistas (entre ellas, Fotogramas, ¡quien podía imaginar que acabaría formando parte de ella!!) y cada fin de semana me daban dinero para ir a descubrir nuevos horizontes en las salas de reposición, de sesiones dobles, o en la propia Filmoteca.

Pero yo volvía a casa de esos cines y le preguntaba invariablemente a mis padres ¿por qué hay música en la película? Ellos, también invariablemente, me daban respuestas vagas o que al menos a mi no me satisfacían: las emociones, acompañar la película, etc... no era suficiente para mi, porque además percibía (en realidad sabía, lo tenía claro) que la música intentaba comunicarme algo. Y lo más desesperante (para la mentalidad de un adolescente) es que no encontraba nada interesante sobre ello en las revistas o en los libros. Un día mi madre me llevó a recorrer varias librerías de cine en Barcelona a la búsqueda de esa información y no encontramos nada: los libros que luego supe que existían, norteamericanos, no llegaban a nuestro país a  finales de los setenta.

Mi madre me sugirió ir a la Universidad a preguntar a algún profesor sobre este tema, así que cogí un autobús y me acerqué. No recuerdo con qué profesor (o ayudante) hablé, pero sí que me recibió amablemente, me sentó en una mesa y escuchó las demandas de ese muchacho de dieciséis años, nervioso, que a trompicones intentaba explicar sus descubrimientos y, seguramente, seducir con ellos a quien me estaba escuchando. Pero no me hizo ni caso. Bien al contrario, me interrumpió para decirme que me olvidara del tema, que no había ningún interés en él, que la música era irrelevante en el cine... y que por el contrario comprara su libro de cine, infinitamente más interesante.

No tenía capacidad ni personal ni intelectual para discutir con esa persona y me sentí muy humillado. Llegué a casa abatido, llorando, sintiéndome un idiota y decidido a olvidarme -por fracaso- del tema, pero mi madre, viéndome, me abrió los ojos y me cambió la vida: "Conrado, nunca jamás te rindas. Si lo que buscas existe, entonces tendrás que encontrarlo por tu cuenta. Búscalo en los cines". Y desde ese día bendito en que mi madre me estimuló no he parado de buscar respuestas a infinitas preguntas.

Mi madre falleció hoy hace una semana. Ha sobrevivido a mi padre en algo más de un año, y seguramente algo en ella no ha querido esperar más. El lunes la había llevado al cine -su último filme- a ver Todos lo saben, de Asghar Farhadi, que le gustó aunque con reparos. Al día siguiente la tuvimos que ingresar pensando que era por un asunto menor desconociendo que la causa real -un infarto de estómago- la iba a llevar a la muerte. Desde entonces yo estoy devastado, como se corresponde a cualquier hijo que haya amado a su madre, y no tengo la concentración ni la estabilidad necesaria para sacar adelante MundoBSO al ritmo usual. La próxima semana estaré en Israel y la siguiente en Londres, para asistir a los conciertos de Brian Tyler y John Williams, de los que ya daré cuenta. Eran viajes programados desde tiempo atrás y tenía previsto preparar los artículos y vídeos mensuales entre la pasada y esta semana, para lanzarlos en sus fechas. Pero las circunstancias me lo han imposibilitado, así que este octubre será un mes con muy poca actividad en la web. Actualizaremos con una banda sonora al día, pero por mantener activa la web bajo mínimos. Intentaré, eso sí, no faltar al editorial de la próxima semana.

Explico esto porque hay una mujer, una brava y enérgica mujer gallega, que hizo posible MundoBSO, no solo dándome luz como ser humano sino especialmente dándome luz en un día donde estuve en la oscuridad a punto de abandonar la que es hoy la mayor de mis pasiones. Por ese y por todos y cada uno de mis días, mi agradecimiento y mi amor eterno a Alicia Aulet Vérez (1937-2018), hasta nuestro reencuentro.

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