Hermosa e intensa creación que se mueve en un territorio de intensa espiritualidad, donde la voz de Gerrard funciona como un instrumento emocional en un contexto de atmósferas contemplativas, de pulsación lenta y densidad afectiva. El diálogo entre texturas vocales, cuerdas y un enfoque casi litúrgico del espacio sonoro le da al conjunto una cualidad suspendida, íntima y solemne.
