Este es un ejercicio de apatía sonora que nunca llega a comprometerse con la gravedad del relato y que revela falta de imaginación, innovación y riesgo. El compositor se refugia en códigos habituales del drama más genérico, construyendo una partitura rutinaria y desinspirada que parece escrita en piloto automático. La ausencia de una solidez estructural convierte la música en una sucesión de músicas previsibles, incapaces de sostener tensión dramática alguna. Incluso en los momentos que deberían cargar con el peso moral de la historia, la música se limita a un subrayado superficial, sin profundidad ni intención. Cuando finalmente intenta alcanzar un clímax emocional, el resultado es frío, desangelado y completamente ineficaz. Son fórmulas desgastadas, sin evolución, sin contraste y sin una sola idea que permita distinguirla dentro del género.
