Al igual que en la anterior temporada, el compositor despliega una suntuosa y pletórica creación sinfónica y coral que combina épica orquestal, texturas orientales estilizadas y un uso muy preciso del leitmotiv, reforzando la evolución emocional de Aang y la creciente oscuridad del relato. La música se vuelve más expansiva y dramática, y los momentos íntimos son de exquisito lirismo. En las secuencias de acción, la partitura despliega una energía más agresiva que en la primera temporada, para intensificar el conflicto. El resultado es una música cohesionada, muy emocional y ambiciosa, que fortalece el crecimiento de los personajes y la narrativa de la serie.
