La compositora firma una extensa e intensa creación que se imbrica e implica en el resto del filme en distintos niveles, tanto orgánicos como poéticos. Hay una base ruda, arcaica y primaria que ayuda no solo a enclavar al protagonista en su entorno, haciendo que forme parte de él, sino que sirve también para que el espectador sienta una contradictoria impresión de belleza e incomodidad, de calidez y soledad. En ese contexto surgen las otras músicas, dramáticas y sentimentales, que son refinadas y elegantes, y que exponen muchos matices (dolor, anhelo, redención, inquietud) que contribuyen de modo determinante a exponer al personaje en su complejidad, a hacerlo mucho más elocuente y a unirlo a la mujer, que de alguna manera trae consigo la música más humanizada. De alguna manera también el protagonista hace suya la música y es la expresión de lo que siente y calla, aunque no es así en todos los aspectos ni momentos pues es también de mirada exterior, que es el enfoque en realidad menos intersante.
