El compositor aplica una creación que desarrolla en dos niveles: por una parte músicas densas, atmosféricas e industriales para crear una idea de presión, tensión y asfixia que evoca de alguna manera la consecuencia de la acción fría y deshumanizada de poderes muy por encima de sus víctimas. En ese contexto hace surgir otras músicas que señalan —muy ahogadas, atosigadas, eso sí— la cara humana, real y orgánica de quienes sufren esas consecuencias y la catástrofe inminente. Las texturas electrónicas y capas sonoras, los drones, pulsos graves y sonidos procesados son elaborados y crueles.
