El compositor construye la identidad musical de esta serie a partir de un diálogo constante y notable entre su música original y el intimidante legado de la banda sonora de Bernard Herrmann de 1961, integrado su tema principal como parte esencial del ADN de la serie. Russo teje los icónicos motivos orquestales en una atmósfera moderna, oscura y psicológica, logrando que funcionen cohesioandos en el relato, con un enfoque que combina tensión sostenida, orquestación sombría y un uso estratégico de los aumentos repentinos e intensos del volumen y la densidad sonora para subrayar momentos dramáticos, aunque algunos resulten algo melodramáticos. La mezcla de música original con los temas históricos aporta continuidad entre las distintas adaptaciones del material, reforzando además la conexión con las versiones de 1962 y la de Scorsese de 1991. Los temas originales —en particular un insistente y temible leitmotif— son también brillantes.
