Lejos de seguir la línea habitual en la música del género del western, el compositor aplicó una partitura sombría, intensamente dramática y desesperanzada, sin concesión a lo enfático o heroico. Lo hizo con solvencia temaria, instrumental y estructural, y en la que también incluyó cánticos religiosos casi mortuorios. Se acompaña de Savage Pampas (66).
