Esta es una película audaz que reinterpreta el clásico con altas dosis eróticas, un diseño de producción atractivo, muy vistosa, pero más preocupada por lo estético, casi de postal, que por el trasfondo dramático. Las canciones funcionan más como escaparate para la audiencia que orgánicamente para los personajes, aunque los textos buscan y logran sinergia con lo que acontece. Son doce canciones originales que combinan sintetizadores, cuerdas y producción electrónica oscura, creando atmósferas intensas y emocionalmente cargadas. Temas como Chains of Love, House y Wall of Sound exploran la obsesión, el dolor y la pasión de los protagonistas.
