El compositor aporta energía oscura y dinámica que subraya el ascenso y caída del protagonista en del crimen organizado madrileño. Combina texturas electrónicas con elementos orquestales para construir un sonido tenso y urbano que refuerza la atmósfera de violencia, ambición y fatalismo que domina la serie. Su música funciona como un motor emocional que sostiene el ritmo narrativo, especialmente en los momentos de mayor presión dramática. Los motivos rítmicos, secos y repetitivos, evocan la lógica implacable del mundo criminal, mientras que los pasajes más melódicos introducen la fragilidad del personaje y su entorno.
