Esta es otra joya de Christopher Young en un filme que no está a la altura. El compositor divide la presentación de esta partitura en dos bloques musicales complementarios que conforman dos mundos sonoros que se persiguen y se contaminan: la serie St. Christopher encarna la espiritualidad religiosa, con coros sacros, y la serie Passenger representa la experiencia emocional y pesadillesca de los protagonistas, así como lo diabólico, que también llega a manifestarse coralmente. Ambos bloques son precedidos de un prólogo ténebre, inquietante y amenazante.
En conjunto, es un trabajo de terror textural y emocionalmente devastador, donde Christopher Young vuelve a demostrar su maestría para convertir la música en un organismo vivo, inquietante y profundamente narrativo. Un score que no busca el impacto inmediato, sino la inmersión total en un estado de amenaza sostenida.

