Para esta tercera y última temporada, expuesta en un solo episodio, David Arnold firma una creación que mantiene la identidad musical establecida en las entregas anteriores, pero con un enfoque algo más íntimo y emocional pero igualmente cómico y barroco. Los temas asociados a Aziraphale y Crowley se desarrollan con más matices, y en el resto la música enfatiza el humor con notable empleo de coros y voces para cerrar la historia de un modo digno.
