Último filme en el que el director incluyó música pre-existente del compositor. La música fue el solemne y dramático "Concert flamand" (38), cuyo aire funerario resultó adecuado. Como curiosidad, uno de los retratos que cuelgan en la pared de la capilla de la película es el del compositor. Se incluye, junto con otras bandas sonoras, en el recopilatorio Bandes Originales des films de François Truffaut. Vol. 3 (93).
