Pemberton plantea una banda sonora de gran energía, en la que combina épica sinfónica y coral, rock y sintetizadores, y un evidente aroma ochentero que conecta muy bien con la mitología de He-Man. En ese sentido, la presencia de Brian May en los solos de guitarra resulta especialmente acertada, pues sus intervenciones aportan un brillo reconocible sin convertirse en simple reclamo nostálgico. También ayuda a que las inclusiones de canciones preexistentes se integren con mayor naturalidad, ya que la propia banda sonora parte de una base sonora similar.
Uno de los grandes aciertos de la partitura está en la forma en que Pemberton organiza sus temas, de manera sencilla pero muy efectiva. Recupera el tema clásico de la serie original, pero lo reserva para el tramo final, de modo que su aparición funciona como un guiño emocional para los fans y no como un recurso gratuito. Antes de llegar a ese momento, el compositor desarrolla dos ideas principales asociadas a Adam / He-Man. Primero tenemos un motivo directo y sencillo que se vincula a la Espada de Poder, usado en muy diversas variaciones desde el principio de la cinta asociándose al viaje de Adam de aceptar su papel como protector de Eternia. Por otro lado, encontramos un tema triunfal y heroico, aparentemente influido por el tema clásico, que representa los momentos en los que Adam asume ese rol de héroe y que se introduce en la cinta cuando hace uso de sus poderes como He-Man por primera vez. Durante buena parte del metraje ambas ideas aparecen separadas, como reflejo de una identidad todavía incompleta, hasta que terminan fusionándose en la batalla final, cuando Adam acepta plenamente quién es y se lanza a la batalla contra Skeletor.
Aparte de estos dos temas centrales, hay diversos temas secundarios entre los que destacan los dedicados al reino de Eternia, Man-At-Arms y el villano Skeletor. Este último es quizá el elemento más flojo de la partitura, ya que no tiene toda la presencia ni el desarrollo que cabría esperar, aunque quizás el compositor se reserva ese desarrollo para una posible secuela.
La música triunfa cuando abraza sin reservas esa condición de aventura fantástica grande y luminosa. Pemberton no teme sonar excesivo cuando la película lo reclama, y ahí es precisamente donde la banda sonora encuentra su mayor personalidad. Es una partitura nostálgica, temática y muy disfrutable, que actualiza el universo de Masters of the Universe sin renunciar a su ADN original.
