Partitura de extremo dramatismo en la que el compositor se mostró despiadado en su retrato de la locura y la megalomanía. El propio compositor, que había huido de la Alemania nazi, dijo respecto a este trabajo que: "era inevitable que, tras haber puesto música a tantas y tantas películas de terror, acabase por escribir la partitura de un horror real, el de Hitler".
