El compositor aporta una dimensión emocional que contrasta con la crudeza del conflicto retratado en la película. Recurre a su característico lirismo melódico para subrayar la humanidad de los personajes atrapados en la guerra de los Balcanes, evocando pérdida y desorientación. La música evita el heroísmo y se inclina hacia un tono elegíaco, casi íntimo, que acompaña la deriva moral del relato.
