Banda sonora sencilla y poco elaborada, enfocándose más en generar atmósferas sombrías y en llenar espacios que en desarrollar adecuadamente el tema principal. La voz de Carolina Shaw ofrece un cierto desarrollo que, sin embargo, se ve traicionado en los momentos finales, dado que la música representa a las dos mujeres del relato, Nina y Millie, a lo largo de la historia. Su propósito es reflejar la lucha de ambas por liberarse de las garras del malvado Andrew y recuperar su dignidad. Sin embargo, en la escena final, la música pierde completamente su rumbo debido a la ausencia de otros temas que sirvan de contraste. En esos instantes, Millie se entrega al mal, aceptando continuar el ciclo de abusos domésticos al llegar a un nuevo hogar, trabajar como empleada doméstica y reemplazar a la esposa actual de la familia, tal como hizo con Nina al principio. Una opción hubiera sido dejar la secuencia sin música; en cambio, Shapiro opta por una pieza ambiental que busca un impacto simple, sin transmitir un mensaje más profundo al espectador. Por otro lado, la abundancia de canciones comerciales debilita cualquier tipo de inventiva cinematográfica, haciendo que varias escenas se sientan fuera del tono general planteado por la película.
