El compositor aplica una banda sonora oscura en la que resalta más las sombras que las luces del protagonista, con una música que contribuye también a ambientar un entorno decadente, violento, con interesantes inserciones de música nipona, para el contexto. Hay también temas dedicados a aderezar la acción, más convencionales, y en su conjunto se trata de una obra que, aunque algo dispersa, otorga entidad a la película y aporta un tono moderadamente gótico.

