Esta banda sonora construye un universo sonoro oscuro y sugestivo, donde el shakuhachi actúa como eje expresivo del tema principal, aportando un color melancólico y casi ritual. Se combina este instrumento con elementos electrónicos discretos, utilizados para generar tensión y suspense, creando una atmósfera inquietante que subraya el tono sombrío del filme. La música se mueve entre lo introspectivo y lo perturbador, con piezas que evocan soledad, peligro y fragilidad emocional. Incluye también momentos de carácter más narrativo, como el uso del piano en los fragmentos asociados a Veronica, que aportan un respiro íntimo dentro del clima opresivo general.
