Anthony González (único miembro del grupo M83) ha compuesto una música pensada para favorecer la experiencia inmersiva en una película críptica y desafiante para el espectador, un filme experimental y alejado de las formas narrativas convencionales. La banda sonora tampoco tiene un cometido narrativo o explicativo de lo que estamos viendo, sino que contribuye a la fascinación y la magia de una cinta que ofrece una propuesta visual sobrecogedora y apabullante. Gran parte de la partitura posee el característico estilo de música electrónica envolvente del compositor francés, pero mezclada con detalles de música tradicional china y también algunos temas corales, creando atmósferas estimulantes y atractivos paisajes sonoros.
El primer capítulo, homenaje mudo a los inicios del cine, sobresale a nivel musical por encima del resto. En él, González se aleja de la electrónica y ofrece una bellísima música inspirada en la época, con destacado uso del piano. En el resto de episodios, la música no abraza tan explícitamente los cambios de época y se queda algo más estática, sin sufrir una transformación clara a lo largo del viaje. En el segundo capítulo, de homenaje al cine negro de los años 30 y 40, una partitura musical de Bach y un theremin son el centro de una investigación policial. Es curioso que en este episodio, donde la música es tan importante y el sentido del oído posee gran carga simbólica, se opta por el silencio y casi ausencia de música incidental, consiguiendo potenciar y dar mayor relevancia al momento final en el cual el theremin es interpretado en diégesis.
