Los compositores mantienen la línea musical de la anterior entrega con otra notable creación que evoca las músicas de los westerns italianos y las películas de Tarantino -entre otras referencias- con visceral música lapona, con instrumentos étnicos y voces guturales. Es nuevamente virulenta, original y salvaje. El hecho de que el filme sea prácticamente sin diálogos posiciona a la música a un protagonismo absoluto, y su rol protagónico lo mantiene firme hasta su emotivo final.
