Banda sonora de género con música orgánica y perturbadora, aplicada para subrayar la lenta descomposición emocional del protagonista. El compositor construye un paisaje sonoro áspero, donde se imponen los ruidos procesados, las texturas granuladas y los motivos mínimos, creando una sensación constante de inquietud. La partitura funciona como una presencia invisible que respira con la casa, con la tierra y con el trauma de los personajes, y su fuerza radica en cómo sugiere lo sobrenatural sin recurrir a clichés del terror. Hay momentos de una belleza extraña, casi ritual, que contrastan con pasajes de tensión seca y silencios cargados, reforzando la idea de que algo oscuro está germinando bajo la superficie. El resultado es una obra hipnótica, incómoda.
