Los compositores firman una banda sonora para la comedia que acaba por ser poco cómica, con pretensiones que se malogran por su dispersión y falta de solidez temática y estructural que deriva que esta sea una creación de parcheo que no levanta el filme ni lo lleva a nada más allá de lo que se ve. Cuenta con música sinfónica que se aplica para funcionar por contraste y aportar un tono serio y solemne, deliberdamente exagerado, y esa es la parte que mejor se resuelve. En lo que no es eso, una sucesión ecléctica de temas ochenteros y de otros estilos que no van más allá de lo ambiental.
