A pesar del trasfondo más dramático de esta entrega, donde se abordan temas cruciales relacionados con la infancia y la socialización, pero también el dominio de las pantallas y la tecnología frente a lo genuino de los juguetes, la música de Randy Newman se decanta más por mantener el espíritu de la saga y dar énfasis de las acciones, a lo sentimental y a la comedia. El resultado es una banda sonora en buena medida mecánica, rutinaria, que incluso en los momentos más llamativos —los coros a la rusa para el ejército de Buzz Lightyears— resulta apática, sin gracia más allá de su primera aparición. Tampoco Woody sale reforzado a pesar de las citas a su tema musical original. Se trata de una creación más preocupada en cumplir con lo inmediato que en dar a esta entrega una nueva lectura personalizada, y como resultado es sosa, sin apenas alma. La canción final, interpretada por Taylor Swift, está entre las más irrelevantes de las cinco entregas.

